Historia XIII:La sucesión protestante

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Todos los partidos se reconciliaron para tomar medidas contra un peligro que amenazaba a todos. La reina María había muerto sin sucesión (1694), después de Guillermo la corona debía ir a parar a la hermana de María, Ana, casada con un príncipe de Dinamarca, y después de ella a su hijo. Aquel hijo acababa de morir, y ya no quedaba ningún heredero protestante. Después de Ana, la corona habría vuelto a su hermano, el hijo de Jacobo II, que era católico.

Para que no hubiera rey católico, el Parlamento aprobó una ley denominada «acta de establecimiento» (1701). El acta exigía que todo rey de Inglaterra profesase en la Iglesia anglicana. La corona, después de Ana, había de pasar al más próximo heredero protestante, Sofía, descendiente de Jacobo I, casada con el príncipe de Hanover. La familia de Hanover debía sustituir a la de los Estuardos. Así se estableció en Inglaterra la regla de sucesión protestante, que subsiste todavía.

Habiendo muerto Guillermo de pronto (1702), el trono pasó a la reina Ana, que era muy afecta a la Iglesia anglicana y estaba empeñada en elegir los ministros a su gusto. No quería a los disidentes ni a los whigs, prefería a los tories, y empezó eligiendo ministros en este partido.

Pero Ana tenía por íntima amiga a su dama de honor, Sara, casada con un general, Marlborough, y se dejaba guiar por ella. Marlborough quería sobre todo la guerra. Se puso de acuerdo con los whigs, que consentían en votar dinero para el ejército, y su mujer convenció poco a poco a la reina para que tomase ministros whigs. Los de este partido gobernaron hasta el momento en que Ana se incomodó con su amiga Sara.


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