Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes (Tomo I): Libro Primero. Capitulo I

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Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes (Tomo I) de Roselly de Lorgues
Libro Primero. Capitulo I




Libro Primero.





HISTORIA
DE
CRISTÓBAL COLON,
Y
DE SUS VIAJES.



CAPITULO I.


I.


 Dónde nació Cristóbal Colon? Cuándo? Quienes fueron sus antepasados?

 Hé aquí tres preguntas que dieron y continúan dando pábulo á disputas, que llevan trazas de ser interminables, sin que al fin y al cabo de ninguna de ellas haya salido una ráfaga de luz para guiar por buen camino la opinion.

 Los primeros dias del revelador del nuevo mundo, son otros tantos misterios escondidos en la noche de los tiempos. Washington Irving, autor de la obra mas popular que se ha publicado acerca del almirante, empieza así: "No hay ninguna noticia cierta sobre la infancia de Cristóbal Colon, ni sobre su familia, ni sobre el tiempo y lugar en que vino al mundo; porque de tal modo enmarañaron los hechos sus comentadores, que es casi imposible descubrir la verdad." Y en vez de buscar á sus lectores un hilo histórico que los sacára de este laberinto de dudas, los estravía mas y mas con su incertidumbre.

 Pero á nosotros no nos parece insondable la oscuridad, que infinitas causas, han ido estendiendo misteriosamente sobre la cuna del heraldo de la cruz, porque revistiéndonos de imparcialidad, y prescindiendo de las rivalidades de familia, y de las exijencias de los pueblos y provincias, que se disputaron la honra de haber sido su patria, lograremos descubrir el oríjen de aquel, cuyo destino fué sin igual en la tierra.

 Por la fecha de su muerte venimos á la de su nacimiento, porque habiendo ocurrido aquella por los años de 1506, de setenta de edad, tuvo lugar este, en 1435. Están conformes en ello, el verídico cronista de los reyes católicos, Andrés Bernaldez,[1] que en varias ocasiones le hospedó en su casa, y vió sus notas y sus planos; el ilustrado canónigo Pietro Maria Campi,[2] Navarrete y el conde Galeani Napione, y con poca diferencia monseñor Luigi Colombo,[3] último descendiente de los Colones de Cuccaro. Si guarda relacion exacta con los principales acontecimientos que mencionan sus historiadores, y ningun hecho ni documento la contradice, sino que por el contrario todas las circunstancias la confirman, nos parece lójico tomarla por punto de partida de nuestras investigaciones.

 En cuanto á la forma ambigua que se ha empleado hasta hoy, para decir cual sea la patria de Colon, objeto de tantas y tan acaloradas discusiones, (cosa que en verdad nos sorprende) probaremos, que debe sustituirse con esta clara y terminante afirmacion:

 Cristóbal Colon nació en Jénova.

 ¿Qué importan las pretensiones de Cuccaro en Monferrato, de Pradello en Plasencia, de Oneglia, de Finale, de Boggiasco, de Quinto y de Nérvi en la rivera de Jénova? ¿Ni que la aldea de Cogoletto ostente á los ojos de los viajeros la inscripcion que le concede el título de patria de Colon? ¿Ni las defensas mas ó menos llenas de erudicion , con que Savona reclamó tambien para sí esta gloria? No tan solo no se ha probado en ninguna de estas contiendas, que Colon naciera en otra parte que en Jénova, sino que muchos de los documentos aducidos hacen ver que era de allí. No hay que dudarlo, porque abundan y son terminantes los testimonios que lo prueban de un modo innegable.

 Sus amigos, el cura de los Palacios, el obispo de la Española, Alessandro Geraldini, sus contemporáneos ó compatriotas Agostino Giustiniani, obispo de Nebbio en Córcega, Antonio Gallo, Huberto Foglieta y despues Casoni, los historiadores Giovanni Battista Ramusio, Girolamo Benzoni, Giulio Salinero, Tiraboschi, Luigi Bossi, Spotomo, Herrera, de exactitud reconocida, el erudíto y juicioso Muñoz, y hasta el portugués Joam de Barros, á quien puede llamarse su enemigo póstumo, están acordes en declararlo de Jénova. Nos bastaria añadir á esto, que el anciano Domingo Colon su padre, espone ser jenovés en cuatro escrituras otorgadas en Savona, desde el año de 1470 al de 1491,[4] y que en el contrato de aprendizaje, hecho en el mismo pueblo ante el escribano Ansaldo Basso, consta, que Giacomo, hermano menor de Cristóbal, no obstante estar domiciliado en Savona desde muy jóven,[5] era ciudadano de Jénova. Pero queremos, para disipar hasta el mas leve escrúpulo en el asunto, presentar otra prueba, cuya autoridad no puede nadie poner en tela de juicio, porque proviene del mismo Cristóbal Colon.

 En la fundacion de su mayorazgo (22 de Febrero 1498) dice: "Siendo yo nacido en Jénova": mas adelante encarga á sus herederos que protejan, siempre que no cause perjuicio á la corona de España, todo cuanto redunde en honra y provecho de Jénova, "ciudad noble y poderosa por la mar," y esplica su predilección, añadiendo: "Della salí, y en ella nací."[6] Palabras tan francas y esplícitas concluyen con la incertidumbre; pero á mayor abundamiento vamos á reproducir una frase que, al par que confunda la terquedad de ciertos escritores, sea un motivo de orgullo para los jenoveses, porque les confirma el derecho esclusivamente suyo de llamarse conciudadanos del revelador del nuevo mundo.[7]

 Don Fernando, á quien Spotorno acusa de haber intentado estraviar la opinion, y encubrir el verdadero lugar donde nació su padre, se llama en su testamento "Hijo de don Cristóbal Colon, Ginovés."[8] Ademas, como tambien era jenovesa la mayor parte de su familia por línea masculina, se tenia por jenovés de oríjen, gustaba de la lengua italiana, única que habló jeneralmente, cuando no estuvo en España, y se prevalia de todo esto para exijir la cooperacion de los jenoveses honrados en las compras de libros impresos ó manuscristos, que hacia en el estranjero para formar su magnífica biblioteca, que se conserva en Sevilla. En pago de la gloria que su padre habia legado á Jénova, con nacer dentro de sus muros, contaba con el afecto de todos sus habitantes, los consideraba en cualquier parte del mundo á que los llevasen asuntos mercantiles, como sus corresponsales de hecho, y hasta para dar cumplimiento á sus mandas piadosas en Roma, donde habia como es consiguiente relijiosos españoles, designaba la intervencion oficiosa de algun comerciante jenovés. Y como su predileccion, por los compatriotas de aquel, fué siempre tan manifiesta, su albacea el licenciado don Marcos Felipe se creyó en la obligacion de invitar á su funeral, que con pompa réjia se celebró en la catedral de Sevilla, á todos los señores jenoveses en su calidad de compatriotas del noble difunto.[9]

 De modo, que durante sesenta y ocho años, tres jeneraciones de la familia de Colon, atestiguan que nació en Jénova.

 A cuanto va espuesto, que descansa en documentos respetabilísimos, ¿cómo se ha argüido hasta hoy? Con pretensiones infundadas y despreciables, y negativas sin prueba, en que por satisfacer á la vanidad de ciertas localidades y familias se desfiguran los hechos de un modo ruin y bajo. No contentos aun sin reconocer mas autoridad que la propia, dudan, discuten y se atreven á calificar de apócrifos los datos mas justificados, empleando para conseguirlo un tono majistral, que solo sirve para poner de relieve su inconcebible presuncion. Pero, como no hemos tomado la pluma para discutir lo absurdo, ni luchar con lo imposible, repetiremos sin temor de ser desmentidos que:

 Cristóbal Colon nació en Jénova.

 Habia casado su padre con una aldeana de Bisagno llamada Susana, hija de Santiago Fontanarossa, que la dió un corto dote, consistente en bienes raices y metálico. Fué luego la jóven pareja á establecerse en Jénova, en una casa[10] de la propiedad del novio, situada extramuros hácia la puerta de San Andrés, en el camino de la tierra de su mujer. Poseia Domingo ademas, algunos bienes en el valle de Nura y los alrededores de Quinto;[11] pero como no le alcanzaba para proveer á sus necesidades su pequeña renta, se dedicó á los oficios de cardador y tejedor de paños, ayudado por un jornalero y un aprendiz.

 En aquella morada vino al mundo Cristóbal Colon,[12] que fué bautizado en la antigua iglesia de San Estéban,[13] servida por frailes benedictinos.[14]

 Años despues creyó Domingo, cuya familia se habia aumentado, que le convendria alquilar su finca á uno de esos hosteleros, que buscan apostarse á la entrada de los pueblos y pasar al barrio en que mas abundaban los fabricantes de gorros, tintoreros y cardadores. Al efecto, tomó en la calle de Mulcento una casita señalada con el número 166, en cuyo primer piso habia junto á la puerta principal, una sala con una ventana, defendida por gruesos barrotes de hierro, y que podia servir de almacen.[15] Pertenecia á los benedictinos y en varios libros de cuentas de esta comunidad salvados de los desastres de las revolucionas, y que existen todavía, se hace mencion de los pagos sucesivos de Domingo.[16] El último que se encuentra en su nombre, lleva la fecha de 1489,[17] y desde esa época, su yerno Santiago Bavarello lo reemplazó en el inquilinato, en virtud de un convenio firmado el 20 de Julio de 1489 ante el notario Lorenzo Costa.

 La estrecha y desigual calleja de Mulcento conserva hoy en el silencio de su soledad, con algunos nichos de imájenes incrustados aquí y allá por las paredes, los vestijios de la piedad de sus antiguos vecinos, y un aspecto tranquilo y grave, que trae á la memoria la fé cándida y robusta de la edad media.

 Tuvo Domingo cuatro hijos,[18] Cristóbal, Bartolomé, Pelegrin y Santiago, y una hija, que no pudiendo esperar mejor suerte, contrajo matrimonio con un chacinero del barrio, al que lo oscuro de su condicion esconde aun en vida suya, de la vista del historiador. Pelegrin, que trabajaba al lado de su padre, murió de mas de veinticinco años de edad, ignorado ú olvidado de la mayor parte de los escritores.

 El apellido Colon, segun su etimolojía, es en latin Colombus, y en italiano Colombo. Sus antepasados pertenecian á la nobleza, pues descendia de una ilustre familia de militares orijinaria de Lombardia, cuyas ramas colaterales se estendieron por el Piamonte, el Plasenciano y la Liguria, viéndose precisados los que formaban esta última, á dedicarse á la marina y al comercio. Sin duda en la primera mitad del siglo XV, existian en Jénova muchos Colombos, unidos por antiguos vínculos de parentesco; pero como sus posiciones eran diferentes, pues unos ocupaban altos puestos en la sociedad, y otros muy secundarios y hasta ignorados, pasaban estos desapercibidos de aquellos. Tales eran los ascendientes de Juan Antonio Colon, que sirvió en las Indias en calidad de capitan, bajo las órdenes del virey, y los que vivian en pueblecillos de la Liguria, dedicados á cultivar sus modestos patrimonios. De aquí dimanaron las pretensiones que hubo cuando se trató de averiguar la verdadera patria del almirante.

 Los Colones tenian en su escudo tres palomas blancas en campo azul, con una celada, y encima la justicia, y una letra que dice: "Fé, Esperanza y Caridad"[19] Salvo insignificantes alteraciones, estas armas eran comunes á los diferentes brazos del tronco lombardo, y las llevaban los Colones de Plasencia como los del Monferrato y la Liguria.

 Varios autores han dicho que en Jénova el oficio de cardador no rebajaba á la nobleza; pero nosotros no trataremos de profundizar esta cuestion, porque cualquiera que fuese el aprecio en que estuviera el gremio de cardadores en la Liguria, dudamos que ningun hidalgo tuviese el capricho de incorporarse á él.

 Lo cierto, lo positivo es que bajo el techo de Domingo habitaban la rectitud, la lealtad y el honor, y que conservara ó nó los blasones de sus abuelos, parecia tenerlos siempre presentes en su conducta; pues se comportó en su esfera como hombre á quien obliga la nobleza. El respeto, la piedad filial, el amor paternal, la modestia en la elevacion, el valor en la adversidad, la magnanimidad, la pureza cristiana, he aquí los ejemplos que dió á su prole este artesano, en la cual plugó al cielo bendecirle; pues si bien por su pobreza dejó casar á su hija con un chacinero, supo antes de morir que su primojénito habia descubierto un nuevo mundo y que era virey, viendo así al fin de su larga peregrinacion sobre la tierra, que despues de haber contado cual otro Jacob dias buenos y malos, pero estos en mayor número, resucitaba en Cristóbal lleno de gloria y magnificencia.

 Al comenzar esta historia, saludamos la imájen venerable del cardador de la calle de Mulcento; porque sirvió humildemente á Dios y á su patria; porque fué laborioso; porque dio á sus hijos la mejor enseñanza que sus haberes le permitian, y porque no los quiso egoista para sí, sino que se supo privar de ellos en su vejez. Nunca ha merecido Domingo una palabra de consideracion por parte de los biógrafos del almirante. Se han contentado con decir que los padres de Colon eran pobres; pero honrados,[20] y en verdad, que tal certificado de buenas costumbres, espedido por la escuela protestante, seria ofensivo sino fuera ridículo. ¿Es creíble que la sola honradez pudiera producir un modelo tan perfecto como el de los hijos de Domingo, respetuosos y agradecidos, acariciando sus canas á porfia, unidos entre sí, deferentes por su hermano mayor, y siempre á la altura de las mas difíciles empresas, como de los puestos mas encumbrados, resistiendo á los halagos lo mismo que á los reveses de la fortuna, sin envanecerse, sin abatirse, sin vacilar nunca? ¿No hay en esto algo superior á la moralidad? ¿No se percibe aquí la esencia de la nobleza, la virtud? Si nó fuese cosa cierta la buena estirpe de Domingo, bastaria con lo dicho para dar testimonio de su esclarecido linaje, que se perpetuaba en sus descendientes, y ponia de manifiesto la pureza de la sangre, luchando y venciendo de las necesidades de la vida, de la monotonía y del cansancio de los trabajos cuotidianos. De esta suerte sacó de un taller el todopoderoso, el móvil del acontecimiento mas grande que haya sobrevenido á la humanidad.

 A pesar de que los viese destinados á ganar su pan con el sudor de su frente, el buen artesano se esforzó en proporcionarles la educacion mas esmerada; sobre todo á Cristóbal, cuya intelijencia le admiraba, y lo envió á Pavía donde sin duda estaria protejido por alguno de su familia, que como dijimos antes, era orijinaria de Lombardía. Contaba entónces este mancebo diez años apenas, y era una edad demasiado tierna para estudios tan graves como son la filosofía natural, la astrolojía y la filosofía estraordinaria, con los cuales se hizo célebre su universidad. Muchas investigaciones se han hecho para descubrir con qué maestros estudió los elementos de las ciencias, sin tener presente que la ciencia de sus maestros de nada pudo aprovecharle, puesto que no estuvo á su lado sino desde poco mas de nueve años hasta los doce. A los catorce ya se habia embarcado, y sabemos que el tiempo que medió entre su salida de las aulas y su enrolamiento, lo pasó trabajando como aprendiz con su padre. No discutiremos el mérito de sus profesores, ni trataremos de investigar cual fuera la influencia que ejercieron sobre él, como se ha tenido la candidez de hacerlo, cuando tiempos atrás á instancias del historiador Luigi Bossi, los archiveros de la Universidad de Pavía formaron la lista de aquellos, que tal vez dieron lecciones á Colon. Este apunte comienza en 1460, y concluye en 1480. Entonces tenia él veinticuatro años cumplidos, y once de navegar; y de nada pudo servirle la ilustración de Antonius de Bernadigio, ni de Antonius de Terzago, que subieron á la cátedra para esplicar la astronomía, mientras el célebre matemático Franciscus Pellacanus con Albertus de Crispís, teniendo por auxiliares á Guido de Crema y Joannes de Marliano, cursaban la filosofía natural. A mayor abundamiento, tampoco siguió el curso de filosofía estraordinaria de Enrique de Sicilia, Francisco de Salo, Olino Bosenasi y Agustín Carugo, cuya instalación no se verificó sino en 1463.[21]

 De lo que no hay duda es que se aplicó con maestros anteriores a los citados, cuyos nombres se ignoran, y que sacó el fruto de su constancia para utilizarse luego.

 Muchos no quieren persuadirse de que, apurados los recursos de su padre, volvió á Jénova antes de tiempo, para trabajar en su primer oficio con él y su hermano Bartolomé, pero la historia está terminante sin embargo, y todos los autores conformes en lo poco que sacó de su estancia en Pavía. Humboldt lo demuestra, su compatriota Gallo dice, que Cristóbal y Bartolomé tenian poca instrucción (Intra pueriles amos parvis litterulis imbuti),[22] y Giustiniani lo confirma con estas palabras: Hic puerili bus annis vix prima elementa edoctus.[23] A tan corta enseñanza sucedieron las faenas del taller, sobre lo cual estableció Gallo que fueron trabajadores durante su mocedad (Textor pater, carminatores filii aliquando fuerunt). Senarega insistió en lo mismo; pero al querernos esplicar lo que entendia por carminatores lo hizo con un barbarismo,[24] y Cassoni aludió al aprendizaje, hablando de que pasaron algún espacio en la casa paterna, antes de salir de viaje.[25] A nosotros nos parece muy natural el pensar que desde que vino de la universidad, hasta que abrazó una profesion de su grado, tomara parte en los quehaceres de su familia.


II.


 Al salir de las angostas y sombrias calles de Jénova, si se sube á sus murallas, ó á las severas montañas que la circundan por todos lados, sin dejarla libre mas que por el Mediterráneo, como para obligarla á tomar aquel camino, queda el observador deslumbrado con la trasparencia de su atmósfera serena y perfumada. Las azuladas ondas lamiendo sus risueñas orillas, y la pura lontananza del golfo liguriano, elevan su alma, y transportan su pensamiento á los siglos pasados, siente que á pesar de su magnificencia, no pueden bastar los límites de la ciudad de mármol á la imajinacion de sus hijos, comprende que las aguas son su vida, su savia y su fuerza, y que una inclinación jeneral debia predisponerlos á lanzarse á los peligros y á las aventuras, de que el mar es tan fecundo. Cristóbal Colon, á quien su amor á la naturaleza inclinaba á la contemplación de las cosas divinas, y al que un instinto secreto impelia al estudio de la jeografía, quiso mejor luchar con las olas, que con los monótonos y sedentarios trabajos del taller. Una consideración particular pudo haber contribuido también en su decisión, pues desde la pérdida de sus bienes en Lombardía, casi todos sus antepasados buscaron fortuna por igual camino, haciéndose célebres algunos de ellos en la marina de guerra.

Entonces era el arte de navegar de rudo y penoso aprendizaje; aparte de que los buques carecían de comodidad, pues el terreno se aprovechaba con gran economía, sobre todo en los mercantes, á causa de tener que ir armados por temor á los piratas, y siempre prevenidos á rechazar sus ataques, y hasta á tomar la revancha. A pesar de haber cursado en Pavía, debió el joven escolar, siguiendo la costumbre establecida, dar principio á la carrera en calidad de mozo de cámara, y así olvidado en los rangos subalternos, fué como la esperiencia, la práctica y la observación le dieron la teoría, lo familiarizaron con las maniobras, los huracanes y los combates, y le adquirieron la serenidad, el aplomo, la pronta resolución, la firmeza y el tino que son tan indispensables en un buen marino.

Sabemos que recorrió todo el Mediterráneo, á la sazón infestado de corsarios griegos, turcos y berberiscos, y que en un encarnizado combate, que la crónica no ha consignado, recibió una herida profunda, cuya cicatriz por muchos años olvidada se abrió en los últimos de su vida, poniéndola en grave riesgo.[26] Espuesto á los trances mas peligrosos, estuvo largo espacio surcando los mares; pero no hay ninguna luz que aclare aquella época tan penosa de su existencia. La primera vez que damos con él en un documento histórico, lo hallamos bajo el pabellón francés; pero ya como uno de los oficiales del célebre Colombo, tio de su padre, que comandaba una flota del rey René, contra Nápoles en 1459, y á quien llama Sabellicus "el ilustre archipirata." Luego le tenemos á bordo de otro capitán, sobrino del anterior, verdadero Duguay-Troniu de la Liguria, y que por diferenciarlo de él lo apellidaban il mozo.

Entonces, el discípulo de estos dos nobles lobos marinos era maestro, y así el rey René le confió la dirección de una empresa, que requería una audacia y habilidad poco comunes. Era nada menos que para ir á Túnez á rescatar la Fernandine, galera de primera clase. Llegados á las aguas de San Pietro en Cerdeña, como supiesen que la Fernandine estaba guardada por dos navios y una carraca, tal desproporción de fuerzas turbó en gran manera á la tripulación, que se amotinó, negándose á pasar mas adelante, y pidiendo volver á Marsella. Ni pudo Colon con su persuasiva tranquilizar el pánico, ni tampoco hacerse obedecer, pues no tenia ningún medio material para conseguirlo, y como no queria retroceder, apeló á una estratajema. Entrada la noche volvió la aguja, hizo dar las velas al viento, y los marineros creyeron que iban en demanda de Marsella; mas no era así, pues al romper el alba al dia siguiente estaban á la altura de Cartajena, sin que ninguno lo sospechara siquiera.[27] Este rasgo de su juventud, referido por él cuando era grande almirante del Océano, retrata bien su intrepidez, su resolución, su tino, y cuan poco le detenian los obstáculos que le oponían los hombres, porque sí no los dominaba con la fuerza, los vencía con la habilidad.

No hay duda que luego continuara Colon al servicio de Rene, durante los cuatro años que estuvo pretendiendo á Nápoles con las armas; pues fué principalmente en la mar donde obtuvo las mayores ventajas, y peleó mas tiempo.[28] Después prosiguió navegando, bien solo, bien con algunos de sus parientes, hasta la última campaña de su vida militar, que se señaló con una circunstancia dramática, cuyos detalles nos inclinan á creer, que no tuvo lugar sino. por voluntad de la divina providencia, en favor de aquel que iba á ser mas adelante su fiel y pacífico servidor.

Sí Colombo el viejo gozaba de gran celebridad, no era menos afamado Colombo il mozo en el Mediterráneo; pues había conducido una escuadra contra los musulmanes. Tal vez induciría esto á Cristóbal á ponerse á su lado, porque en medio de los azares y trabajos de su vida, conservaba intacta la fe que hizo jerminar en su pecho su buen padre. Ademas el odio á los turcos estaba escrito por las paredes de Jénova, y aun se vé junto á la puerta de San Andrés, cerca de la calle de Mulcento en que vivía el cardador, una baldosa que dice: Via de matamoros.

Dejando las aguas de levante se embarcó en calidad de oficial en un crucero, destinado á esperar cerca de las costas de Portugal á barcos venecianos, que venian con ricos cargamentos. Consigue Colon darles caza, y les embiste al salir el Sol, entre Lisboa y el cabo de San Vicente. Llegan al abordaje, se defienden los de Venecia con intrepidez, y el combate se prolonga hasta la tarde; mas al venir la noche se incendia el casco enemigo, y como estaba tan fuertemente aferrado con el jenovés, fué en vano quererse desasir y poner en juego las bombas, porque bien presto los dos se trasforman en una inmensa hoguera. Entonces todos se arrojan al mar, consiguiendo así no mas que trocar la forma del peligro, pues se hallaban á diez leguas de la tierra mas vecina.

Después de un dia entero de lucha, el cansancio estaba en su colmo, y por buen nadador que fuese Colon hubiera perecido; pero la providencia, que velaba por él, le acercó uno de esos anchos remos, con que en aquel tiempo se auxiliaban los buques en las calmas, lo asió, repuso sus fuerzas, y ganó la playa, dando gracias al soberano autor de su salvación. Socorrido por la caridad pública llegó á Lisboa, donde pensaba encontrar muchos compatriotas, y entre ellos tuvo la grata satisfacción de ver á su hermano Bartolomé.

¡De qué medios tan maravillosos se vale la divina providencia! Una calamidad, un desastre los convierte en un beneficio, en una gracia, en favor de los que aparecen ser sus víctimas. Cuan grande ejemplo nos ofrece Colon, arrastrado contra si voluntad al centro de las ideas, que debían recibir en su mente nuevo ensanche; al único pueblo que se dedicaba á los descubrimientos, y adquiría nociones cada vez mayores acerca del Océano y de los países del mediodía.

  1. Andrés Bernaldez, Historia de los reyes católicos. Ms.cap. 118
  2. Campi. Discorso histórico circa la patria é la nascita di Cristoforo Colombo &c. En el tercer tomo de la historia eclesiástica de Plasencia.
  3. Patria é biografia del grande ammiraglio don Cristoforo Colombo &c.
  4. Escritura del 12 de Febrero de 1473, ante Tomás del Zocco. Ibid, del 4 de Junio de 1473, ante Pietro Corsaro. Ibid, del 17 de agosto de 1484, ante Ansaldo Basso. Ibid, del 17 de Noviembre 1491, ante el mismo.
  5. Anno Domini MCCCCDLXXXIV, die decimo septembris, "Jacobus de Colombo, Dominici civis Januæ, sponte et dedit et locavit se, pro famulo et discipulo cum Luchino Cadamartori præsenti, et per menses vigintiduos ad addiscendum, etc."—Ansaldo Basso, notaro in Savona.
  6. Institucion del mayorazgo. Coleccion diplomática, docum. núm. CXXVI.
  7. El tribunal de S. Jorje respondiendo el dia 8 de Diciembre de 1502 á una carta suya lo llama amantissimus concivis. Cantú. Hist. universal, t. IV. p. 625. N. del T.
  8. Testamento otorgado en 12 de Julio de 1539.
  9. "Y á esta misma, fueron convocados los señores y caballeros de esta ciudad y todos los señores genoveses de la nacion del señor don Hernando." — Declaraciones del testamento de D. Hernando Colon, que hizo su albacea y amigo el licenciado Marcos Felipe, relator de la audiencia real de grados de Sevilla.— Coleccion de documentos inéditos para la historia de España, tomo XVI, p. 459.
  10. Una casa con bottega, pozzo é giardino. Convenzione pubblicata dá sig. academ.
  11. Filippo Casoni. Annali della república di Génova, lib. I. fól. 26.
  12. Y no como tantas veces se ha dicho sin fundamento alguno, y contra lo que rezan las fechas, en la casa di vicolo di Mulcento, en la cual Domingo Colon no entró sino muchos años después.
  13. Cevasco. Estadística de la ciudad de Jénova, t. I. p. 119.
  14. Esta iglesia, llamada vulgarmente en Jénova, San Estéban del Arco, es la que designaba la tradicion popular desde hace tres siglos, como la en que fué bautizado Cristóbal Colon, y que ha quedado en nuestros dias completamente justificada.
  15. Il pubblico catasto compilato l'anno 1797, lett. C, núm. 166. Per l'addietro le casse non erano accastate. Ragionamento, &c., dagli accademici Serra, Carrega é Piaggio, fól. 49.
  16. Cuando la supresion de las órdenes relijiosas, durante la ocupacion francesa, los archivos del convento de S. Estéban se transportaron al palacio, y se pusieron bajo la custodia del ministerio público. La comision de la Academia de Jénova, acompañada de un antiguo benedictino, examinó los rejistros de la comunidad. No se pudo encontrar el de bautismos, y muchos libros se habian estraviado; pero en la mayor parte de los de cuentas desde 1456 hasta 1489 se halló el nombre de Domingo Colon, y los pagos que hizo de los alquileres de la casa que ocupaba á cénso enfitéutico.
  17. Nell' último pagamento di Dominico Colombo, si legge che Jacopo Bavarello suo genero avea conseguito estimo della sua casa.
  18. "Ignoto é il nome della sorella maritata, col Pizzicagnolo Guiacomo Bavarello." Spotorno. Introduzione, Códice Colombo-Americano, fól. XI.
  19. Memoria dirijida á la reyna, por don Pedro Colon de Portugal.
  20. Washington Irving. Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colon, lib. I. cap. I. p. 7.
  21. La lista comunicada por los archiveros de Pavía comienza con el maestro Stephanus de Faventia y termina con Laceras de Sigleriis (astrólogo).
  22. Antonii Galli. De navigatione Columbi per inaccessum antea Oceanum comentariolus. En la colección de Muratori, tom. XXIII.
  23. Augustinus Justinianus. Genuensis prædicatorii ordinis Episcopus &c. Al márjen del salmo XVIII, en el Salterio poliglota dedicado al papa Leon X en 1516.
  24. Bartholomei Senaregae. Genuensis, de rebus genuensibus commentaria. "Carminatores ii sumt cuos vulgus Scarzatores appelat." Pero jeneralmente se llama un cardador Scardassiere y no Scarzatore que es un verdadero barbarismo.
  25. "Si trattenero per cualche tempo nella casa paterna." Annali della repub, di Génova.
  26. "Allí se me refrescó del mal la llaga." Cristóbal Colon. Carta del 7 de Julio de 1503 á los reyes católicos.
  27. Fernando Colon. Historia del almirante, cap. IV.
  28. Nos complacemos en pensar, que cuando el último de nuestros abuelos de Italia tuvo que refujiarse en la flota francesa, que estaba en la rada de Nápoles, lo hiciera en el mismo buque de Cristóbal Colon, habiendo conocido por esta causa uno de nuestros antepasados al revelador del globo, cuya primera historia francesa habia de escribir uno de sus descendientes.