Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes (Tomo I): Libro Segundo. Capitulo VII

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Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes (Tomo I) de Roselly de Lorgues
Libro Segundo. Capitulo VII



CAPITULO VII.


I.


En esto habian llegado á Castilla los nobles prófugos, cuya justificacion no era posible sino presentando bajo el aspecto mas horrible y con los colores mas negros los actos administrativos del almirante. Pedro Margarit y el P. Boil encontraron un eco estrepitoso de sus exageraciones y calumnias en las oficinas de marina. El arcediano Fonseca y el veedor Juan de Soria apoyaron sus quejas. Los hidalgos fujitivos no hablaban sino con amargura de la Española, la tierra de los desastres y desengaños, y se presentaban como escapados de una muerte inevitable en aquella isla, cuyas verdes y frondosas florestas exhalaban miasmas fatales para los europeos, en la que el hambre amenazaba á los que no hacia víctimas la fiebre, y en donde el peor de todos los males y desazones era la bárbara tirania del almirante, y en particular, de sus hermanos.

Tomaron los desertores la actitud de víctimas salvadas del despotismo de Colon que venian á refujiarse bajo el poder paternal de los reyes, y á pedirles amparo contra las arbitrariedades del gobernador de las Indias. Mostraban cartas dictadas por la malevolencia, en las cuales, infelices demasiado enfermos para embarcarse, pintaban su deplorable situacion. Ademas añadian que el metal aurífero no se hallaba allí sino en lentejuelas Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/481 Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/482 Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/483 Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/484 Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/485 Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/486 Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/487 Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/488 salud do sus vasallos de la Española y muestran implícitamente que las acusaciones fulminadas contra el almirante habían producido efecto. Mas de un mes después de conocer la justificación traída por don Diego, escribieron al almirante para que concediera permiso para volver á España á los que tuvieran necesidad de ello para sus asuntos; y se le ordenó distribuyera las raciones á los españoles cada cinco días sin suprimírselas nunca en castigo, por cualquier delito que fuese, salvo el que mereciera pena de muerte.

 Aguado había recibido por el testo de su credencial, concebida en términos vagos y breves, poderes discrecionales, pero que limitaban, sin duda alguna, la instrucción verbal que acompañó á su remisión. La reyna lo elijió creyendo dulcificar con su persona lo que tendría de desagradable su oficio á los ojos del almirante, En efecto, Aguado, cuya intelijencia y actividad elojió Colon, era de un talento sutil y estaba muy al corriente de sus intereses. Durante sus indispensables relaciones con el ordenador jeneral de la marina reconoció la influencia de Fonseca con el monarca, las disposiciones de este hacia el almirante, y comprendió de qué lado debía inclinarse para medrar. Desde entonces quedó como si hubiera recibido instrucciones opuestas á las de la reyna, y puede afirmarse, que al desembarcar, en vez de averiguar los hechos pusiera en práctica un sistema diametralmente contrario á sus antecedentes y á sus buenas relaciones con el almirante, y demasiado repugnante para que hubiera sido inspirado por otro que Fonseca.

 Dirijida por pilotos que había formado Colon, la flotilla llegó con felicidad durante el mes de Octubre al

. Carta escrita en Arévalo el 1. de Junio de 1495... — "E otrosi que no consintáis que á ninguno se quiten ni dejen de dar los dichos mantenimientos, habiéndolos los, por delito alguno que cometan, ni por otra causa, salvo si los tales delitos fueren tales porque merecen pena de muerte, que es igual el quitar de los mantenimientos," — Rejistrada en el archivo de Indias en Sevilla. Documentos Diplomáticos, n. XCVII. Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/490 Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/491 Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/492 la esploracion del mar de Cuba, al descubrimiento de Jamaica, del archipiélago de los Jardines de la Reyna, de donde volvia en estremo averiada, y que, amenazando zozobrar, parecia condenada á quedar para siempre destruida.