Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes (Tomo I): Prefacio del traductor

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Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes (Tomo I) de Roselly de Lorgues
Prefacio del traductor


A

DON JUAN SALOMON,

BRIGADIER DE LA ARMADA

Y

MINISTRO SUPLENTE DEL TRIBUNAL SUPREMO

DE

GUERRA Y MARINA,


EN PRUEBA DE LA AMISTAD QUE LE PROFESA


EL TRADUCTOR.


No es ya un mortal, es un ánjel,
de Dios un nuncio en la tierra,
un refuljente destello
de la sábia omnipotencia.

 El duque de Rivas.—Romances históricos.


 Sonó la hora que tanto deseaban los corazones jenerosos amantes de la verdad y la justicia; cayó al fin en el reloj del Tiempo el último grano de arena que aguardaba la Historia de mas de tres siglos y medio hacia, para dejar consignada en una de las pájinas de su libro de piedra, la rehabilitacion del hombre mas grande, y de mas merecida fama que conocieron las edades; de aquel que con sus empresas dejó eclipsados los trabajos de Hércules y las espediciones de los argonautas, del elejido de la providencia, del precursor del Evanjelio en el nuevo continente, del bienaventurado, del santo, que para ser comprendido, necesitó de una mujer tan sublime como él, y que tal vez un dia venerará la Iglesia en los altares á su lado.

 ¡Cristóbal Colon! ¡Isabel la católica! Hé aquí

dos nombres que electrizan á los pechos cristianos y á los españoles sobre todo; porque ambos pertenecen á sus anales, poema épico en que tanto abundan los héroes y las hazañas, y en cuyos cantos no hay uno solo, que no ofrezca una enseñanza, un ejemplo que seguir, lo mismo en la suerte adversa que en la favorable.

 No obstante ser Cristóbal Colon el personaje mas notable que se destaca en el gran cuadro de la humanidad despues de su redentor; sin embargo de estar tan patente como la luz del Sol, que el peregrino de los mares fué una criatura inspirada por el creador para descorrer el velo que cubria de sesenta siglos atras la totalidad de su obra terrestre, á pesar de haberse esforzado durante el transcurso de su vida, en identificarse con Jesu-Cristo, consiguiéndolo de tal manera, que si nos fuese lícito comparar al salvador del mundo con un mortal, sin escrúpulo de conciencia, sin vacilar un segundo lo comparariamos con el navegante misionero, que osó el primero llevar la cruz al traves de la mar Tenebrosa, arrostrando peligros sin cuento, para clavarla en sus misteriosas orillas, y anunciar con su palabra dulce y edificante á los hijos de Sem, la venida del Mesias; sin embargo de todo esto, repetimos, la biografia de Colon ha permanecido vinculada en sus enemigos naturales, los discípulos de la escuela protestante; pues ningun escritor católico ha tratado de escribirla completamente. Demas está decir, que al considerar á tan fiel servidor de Dios por el objetivo del protestantismo, no le vemos como fué, sino en estremo

desfigurado y despojado de los atributos de su espíritu majestuoso; no como un jigante, sino como un pigmeo; no como un predestinado, sino como un aventurero feliz; no como un ser en continua comunicacion con el todopoderoso, sino cuando mas como un matemático, cuyos cálculos atrevidos dieron por resultado el descubrimiento del nuevo continente.

 Era pues de absoluta necesidad, que un católico narrara una historia nueva, íntegra y completa de la revelacion del nuevo mundo; porque como dice Mr. de Lorgues,[1] tanto se opone al sentido comun que los incrédulos espliquen la fé, como el que un prodijio del injénio católico se enseñe por la escuela protestante. Este es el motivo que lo indujo á emprender tan vasto trabajo, logrando su objeto con tal acierto que, no ha dejado un hecho, una palabra, un pensamiento su héroe, que no lo haya inundado de luz y que en su consecuencia no se perciba con la majestad de los hechos, de las palabras y de los pensamientos de los bienaventurados. "El aliento con que empañó la filosofía cristal tan limpio; esa ciencia que no quiere ni hombres muy grandes, ni muy puros, lo ha lavado él con piadoso celo, y á eso se debe el conocimiento del segundo matrimonio de Colon;"[2] matrimonio que niega con maliciosa sonrisa Mr. de Humboldt, aconteciendo lo propio desgraciadamente con la mayor parte de sus cronistas, en especial el abate Sanginetti

Sanginetti, que sin tener en cuenta el sagrado ministerio de que está revestido, busca con reprensible tenacidad el medio de inmortalizarse, difamando y salpicando de cieno la imájen venerable y pura del nuncio del señor.

 Pero no es sola la figura de Colon la que sobresale en esta historia de su vida. Resalta en ella, una mujer noble, jenerosa, elevada, fiel y magnánima, dechado de virtud, el único ser que mereció asociársele, y el solo que supo apreciar su mérito y el de su inmenso donativo; mujer que, como dice Mr. Desormeaux, unia á la grandeza de alma de un héroe la política profunda y hábil de un ministro, las miras de un lejislador, las cualidades brillantes de un conquistador, la probidad de un buen ciudadano y la rectitud del majistrado mas íntegro; mujer católica por escelencia, añadiremos nosotros, y cuyo recuerdo no debia apartarse nunca de las de su sexo, porque con los hechos de su vida, hasta los que parezcan mas insignificantes, puso de manifiesto lo que la mujer vale y puede cuando comprende y se posee de lo alto y sagrado de la misión á que está destinada; reyna que despues de la de los cielos ni se vió jamás igual ni hubo con quien semejarla; reyna que tuvo mientras vivió, un templo en el pecho de cada súbdito, y que al morir dejó anegados en llanto á sus vasallos, que perdieron con su persona al ánjel tutelar, que los condujo siempre por el sendero del honor, y los cubrió de gloria; reyna que halló al subir al trono "una nacion corrompida y plagada de malhechores, una nobleza díscola, turbulenta y audaz, un sólio vilipendiado

vilipendiado, una corona sin rentas, un pueblo agoviado y pobre, prelados opulentos y revoltosos como el arzobispo Carrillo de Toledo, caballeros ambiciosos y rebeldes como el gran maestre de Calatrava, magnates codiciosos é intrigantes como el marques de Villena, próceres osados y traidores como Pedro Pardo, ricos delincuentes como Alvaro Yañez, alcaides criminales como Alonso Maldonado, una competidora al trono incansable y tenaz como la Beltraneja, un rival despechado, presuntuoso y emprendedor como Alfonso V de Portugal, un enemigo poderoso, político y astuto como Luis XI de Francia, un ejército portugues dentro de Castilla, otro ejército frances en Guipúzcoa, y por todas partes tropas rebeldes capitaneadas por magnates castellanos; y vió á los pocos años sometidos á los magnates, á los franceses rechazados en Fuenterrabia, á los portugueses vencidos y arrojados de Castilla, á la competidora del trono encerrada en un claustro, al jactancioso rey de Portugal peregrinando por Europa, al ladino monarca frances firmando una paz con ella, á los ricos malhechores castigados, á los receptáculos del crímen derruidos, á los soberbios próceres humillados, á los prelados turbulentos pidiendo reconciliacion, á los alcaides rebeldes implorando induljencia, á los caminos públicos sin salteadores, á los talleres llenos de laboriosos menestrales, á los tribunales de justicia funcionando, á las Cortes lejislando pacíficamente, con rentas á la corona, al tesoro con fondos, respetada la autoridad real, restablecido el esplendor del trono, al pueblo amándola y á la nobleza

sirviéndola. Castilla habia sufrido una completa transformacion, y esta transformacion la habia obrado una mujer."[3]

 Al lado de tan gran rey, no es estraño que aparezca empequeñecido Fernando el católico, tanto mas, cuanto que este cauteloso monarca, tuvo entre no pocas flaquezas, la de dejar consumir, ó para hablar con mas propiedad, la de acibarar con su mala fé, los últimos años de Cristóbal Colon, y precipitar su agonia. Si nó abundase la crónica de don Fernando en procederes de esta misma naturaleza, nos bastaria su comportamiento con el almirante del Océano, para poner de manifiesto su astucia, su envidia y su ingratitud, cualidades dominantes de su corazon.

 Reasumiendo:

 Narrar con rigorosa precision hasta en sus menores detalles la biografía del almirante, siguiéndolo paso á paso desde la cuna al sepulcro; vindicarlo de las calumnias que la malevolencia y la escuela protestante han esparcido á manos llenas en torno suyo, sacándolo de esta prueba limpio de toda mancha; ofrecerlo á la posteridad tal como fué, á saber: como un hombre inspirado por Dios para dar cumplimiento á una mision que, como dice el elocuente Ventura de Ráulica, era sin duda alguna superior á la ciencia y á los recursos humanos; hablar la verdad pura en cuanto concierne á aquel apóstol que, venciendo obstáculos , á la sazon tenidos por insuperables, llevó la antorcha de la fé á los pueblos que yacian en las tinieblas del error: retratar con mano maestra á la grande, á la piadosa, á la sublime, á la incomparable Isabel, presentándola como un modelo á las reynas y á su sexo: poner de relieve la nobleza y la hidalguia castellana; y hacer la debida justicia desde el receloso Fernando de Aragon al sábio y humilde Fr. Juan Perez de Marchena, tal es el objeto de la obra cuya traduccion vamos á comenzar.


Mariano Juderias.


  1. Introduccion.
  2. Mr. J. Barbey d'Aurevilly. Le Pays del 12 de Noviembre de 1856.
  3. Nos ha parecido muy oportuno citar este trozo de la introduccion á la eaad moderna de la Historia jeneral de España, de don Modesto Lafuente, no tanto por la elocuencia y galanura de su estilo, sino por la verdad con que está escrito.