Igualdad Capítulo 27

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Igualdad
Capítulo XXVII.
Un sistema de intereses creados, hostil con el progreso

de Edward Bellamy


"Ahora, Florence," dijo el maestro, "con tu ayuda trataremos el tema que cierra nuestra reflexión sobre el sistema económico de nuestros antepasados--a saber, su hostilidad con la invención y el progreso. Ha sido nuestro penoso deber señalar los numerosos aspectos en los que nuestros respetados antepasados estaban extrañamente ciegos para ver el verdadero caracter y efecto de sus instituciones económicas, pero ningún ejemplo quizá es más sorprendente que este. Lejos de ver el necesario antagonismo entre capitalismo privado y la marcha del progreso, que está tan claro para nosotros, parecen haber creído sinceramente que su sistema era peculiarmente favorable al progreso de la invención, y que su ventaja a este respecto era tan grande como para ser una compensación por sus admitidos defectos éticos. Aquí hay indudablemente una amplia diferencia de opiniones, pero afortunadamente los hechos están tan bien autenticados que no tendremos dificultad en concluir qué punto de vista es correcto.

"El asunto se divide en dos ramas: Primero, el natural antagonismo entre el viejo sistema y los cambios económicos; y, segundo, el efecto del principio de la ganancia, de minimizar, si no anular por completo, lo beneficioso de aquellas mejoras económicas que fuesen capaces de vencer ese antagonismo hasta tal punto que lograsen introducirse.--Ahora, Florence, dinos qué había en el viejo sistema económico, el sistema del capitalismo privado, que le hacía opuesto por naturaleza a los cambios en los métodos."

"Era," replicó la chica, "el hecho de que constaba de intereses creados independientes, sin ningún principio de coordinación o combinación, cuyo resultado era que el bienestar económico de cada individuo o grupo era completamente dependiente de su interés creado particular, sin considerar a los demás o el bienestar de todos."

"Por favor, haz resaltar lo que quieres decir, comparando nuestro moderno sistema con el capitalismo privado, en relación con el asunto del que hablas."

"Nuestro sistema está estrictamente integrado--es decir, nadie tiene ningún interés económico en ninguna parte o función de la organización económica, que sea diferente de su interés en cada una de las demás partes y funciones. Su único interés es el mejor resultado posible del conjunto. Tenemos nuestras diversas ocupaciones, pero sólo para que podamos trabajar del modo más eficiente para el fondo común. Podemos llegar a ser muy entusiastas acerca de nuestro cometido particular, pero en cuanto a nuestros sentimientos solamente, porque nuestros intereses económicos no son más dependientes de nuestra ocupación particular que de cualquier otra. Compartimos en términos de igualdad, el producto total, sea cual sea."

"¿Cómo afecta el caracter integrado de nuestro sistema económico a nuestra actitud hacia las mejoras o los inventos de cualquier clase en los procesos económicos?"

"Les damos la bienvenida con impaciencia. ¿Por qué no? Cualquier mejora de esta clase debe redundar necesariamente en provecho de cada uno de los que viven en la nación y en provecho de cada uno en términos de igualdad. Si la ocupación que se ve afectada por el invento resulta ser nuestro empleo particular, no perdemos nada, aunque haría que esa ocupación fuese totalmente superflua. En ese caso podríamos sentir un pesar un poco sentimental en cuanto a las viejas costumbres que dejaríamos atrás, pero eso es todo. Ningún interés sustancial de nadie se indentifica de ningún modo con una actividad más que con otra. Todos estamos al servicio de la nación, y es el asunto e interés de la nación el procurar que cada uno tenga un nuevo trabajo tan pronto como su anterior ocupación se hace innecesaria para el bienestar general, y bajo ninguna circunstancia se ve afectada su tarifa de manutención. Desde su primera producción, cada nueva mejora en los procesos económicos es por consiguiente una pura bendición para todos. El inventor trae en su mano un regalo de mayor riqueza u ocio para todos los que vivimos en la Tierra, y no hay que maravillarse de que la gratitud de la gente haga de la recompensa del inventor lo más envidiable que un benefactor público puede ganar."

"Ahora, Florence, dinos de qué manera la multitud de diferentes intereses creados en los que consistía el capitalismo privado actuaba para producir un antagonismo hacia los inventos y las mejoras."


CÓMO EL PROGRESO ERA ANTAGONISTA DE LOS INTERESES CREADOS.

"Como hemos dicho," replicó la chica, "el interés de cada uno estaba completamente confinado y ligado a la ocupación particular en la que estaba implicado. Si era un capitalista, su capital estaba embarcado en ello; si era un trabajador especializado, su capital era el conocimiento de algún oficio en particular o parte de algún oficio, y para su subsistencia dependía de la demanda de la clase de trabajo que había aprendido a hacer. Ni como capitalista ni como trabajador especializado, como empleador o empleado, tenía ningún interés económico o dependencia fuera de o mayor que su ocupación particular. Ahora bien, el efecto de cualquier idea nueva, invento, o descubrimiento con aplicación económica, es prescindir más o menos por completo del proceso anteriormente utilizado en esa esfera de actividad, y en esa medida destruir la base económica de las ocupaciones conectadas con ese asunto. Bajo nuestro sistema, como he dicho, eso no significa ninguna pérdida para nadie, sino simplemente un desplazamiento de trabajadores, con una ganancia neta en salud u ocio para todos; pero antaño significaba la ruina para aquellos que estaban involucrados en el cambio. El capitalista perdía su capital, su fábrica, sus inversiones, más o menos totalmente, y los trabajadores perdían su medio de vida y eran arrojados a lo que llamó usted muy bien la fría caridad del mundo--una caridad habitualmente muy por debajo de cero; y esta pérdida sin ningún reembolso o compensación de ninguna clase del público en general a cuenta de cualquier beneficio general que pudiese recibirse del invento. Era completa. Consecuentemente, el más beneficioso de los inventos era cruel como la muerte para aquellos que habían dependido, para vivir o para su ganancia, de las ocupaciones particulares a las que afectaba.

"A los capitalistas les salían canas por el miedo a los descubrimientos que en un día pudiesen convertir sus costosas fábricas en hierros viejos que solamente valiesen como chatarra, y la pesadilla del trabajador especializado era alguna máquina que le quitase el pan de la boca a sus hijos al hacer que su empleador pudiese prescindir de sus servicios.

"Debido a esta división del campo económico en un conjunto de intereses creados personales y de grupo, sin coherencia o idea integradora, cada uno manteniéndose en pie o cayendo por sí mismo, cada paso en el avance de las artes y las ciencias era ganado únicamente a costa de una cuantiosa pérdida y ruina para partes particulares de la comunidad tal y como podría ser ocasionada por una plaga o peste. El camino que recorría la invención era de color blanco debido a los blanqueados huesos de innumerables hecatombes de víctimas. La hiladora reemplazó la rueca, y la hambruna acechó los pueblos ingleses. El ferrocarril suplantó la diligencia, y mil ciudades de las colinas murieron mientras otras tantas brotaban en los valles, y los granjeros del este se empobrecieron por la nueva agricultura del oeste. El petróleo sucedió al aceite de ballena, y cien puertos de mar se marchitaron. Se encontró carbón y hierro en el sur, y la hierba creció en las calles de los centros de fabricación de hierro del norte. La electricidad sucedió al vapor, y miles de millones de propiedades del ferrocarril se redujeron a polvo. Pero ¿de qué sirve alargar una lista que podría hacerse interminable? La regla era siempre la misma: cada invento importante traía un desastre sin compensación, a alguna porción de gente. Ejércitos de bancarrotas, multitudes de trabajadores forzados a vagabundear, un mar de sufrimiento de toda clase, constituían el precio que nuestros antepasados pagaban por cada paso de progreso.

"Después, cuando las víctimas habían sido enterradas o se las había echado fuera del camino, era costumbre entre nuestros antepasados celebrar estos triunfos industriales, y en tales ocasiones, una cita común en boca de los oradores era una línea de un verso a tal efecto, que decía--


"La paz tiene sus victorias no menos renombradas que las de la guerra.

Los oradores no estaban acostumbrados a meditar sobre el hecho de que esas victorias que de una manera tan extraña llamaban paz, eran ganadas habitualmente a un coste en vidas humanas y sufrimiento tan grandes--sí, a menudo más grandes que--las de la llamada guerra. Todos hemos leído acerca de la pirámide de Tamerlán en Damasco, hecha con setenta mil calaveras de sus víctimas. Puede decirse que si las víctimas de los diversos inventos conectados con la introducción del vapor hubieran consentido contribuir con sus calaveras a un monumento en honor de Stevenson o Arkwright, habría empequeñecido el de Tamerlán hasta la insignificancia. Tamerlán era una bestia, y Arkwright era un genio enviado para ayudar a los hombres, aun así los espantosos malabarismos del sistema económico de los viejos tiempos hicieron que el benefactor causase tanto sufrimiento humano como el brutal conquistador. Ya era suficientemente malo cuando los hombres apedreaban y crucificaban a aquellos que venían a ayudarles, pero el capitalismo privado les hizo un ultraje todavía peor, transformando en maldiciones los dones que traían."

"¿Y los trabajadores y los capitalistas cuyos intereses estaban amenazados por el progreso de la invención tomaron medidas prácticas para resistirse a ese progreso y suprimir los inventos y los inventores?"

"Hicieron todo lo que pudieron en ese sentido. Si los trabajadores hubiesen sido lo bastante fuertes, habrían impuesto un veto absoluto a los inventos de cualquier clase tendentes a disminuir la demanda de mano de obra en sus respectivos oficios. Lo que ocurrió fue que hicieron todo lo que les fue posible para conseguirlo mediate dictado de los sindicatos y violencia callejera; y nadie puede culpar a esos pobres hombres por resistir al máximo las mejoras que les dejaban sin los medios de subsistencia. Un revólver apenas habría sido más mortal, apuntando a los trabajadores de aquella época, que una máquina que ahorrase trabajo. En aquellos tiempos amargos, a un hombre arrojado fuera del empleo al que se había adecuado, le podían igualmente haber pegado un tiro, y si no hubiese sido capaz de consiguir ningún otro trabajo, como a muchos les pasaba, le habría ido mejor si le hubiesen matado en una batalla con el tambor y el pífano para animarle y la esperanza de una pensión para su familia. Únicamente, por supuesto, era el sistema del capitalismo privado y no la máquina de ahorrar trabajo lo que los trabajadores deberían haber atacado, porque con un sistema económico racional, la máquina habría sido completamente beneficiosa."

"¿Cómo se resistía el capitalismo a los inventos?"

"Principalmente por medios negativos, aunque mucho más efectivos que la violencia callejera que usaban los trabajadores. La iniciativa en todo, pertenecía a los capitalistas. Ningún inventor podía introducir un invento, no importa lo excelente que fuese, a no ser que pudiese conseguir capitalistas para que se ocupasen de él, y esto habitualmente no lo harían a no ser que el inventor renunciase en favor de ellos a la mayoría de sus esperanzas de obtener ganancias en base a su descubrimiento. Un obstáculo mucho más importante para la introducción de los inventos resultaba del hecho de que aquellos que habrían estado interesados en ocuparse de ellos eran aquellos que ya estaban en el negocio en el cual el invento era de apicación, y su interés era, en la mayor parte de los casos, el suprimir una innovación que amenazaba con hacer obsoleta la maquinaria y métodos en los cuales su capital estaba invertido. El capitalista tenía que asegurarse por completo no sólo de que el invento era bueno en sí, sino también de que sería tan beneficioso para él personalmente como para compensar todo el daño a su capital existente, antes de tocarlo. Cuando los inventos abolían por completo los procesos que habían sido la base para el cobro de la ganancia, para el capitalista a menudo era suicida adoptarlos. Si no podían suprimir tales inventos de cualquier otra manera, su costumbre era comprar todas las existencias y postergarlos indefinidamente. Tras la Revolución, se encontraron tantas de estas patentes que habían sido acaparadas y postergadas por los capitalistas en defensa propia, como para que hubiensen aparecido novedades en el mundo durante diez años si no se hubiese descubierto nada más. Uno de los más trágicos capítulos de la historia del viejo orden consistió en las dificultades, desaires, y decepciones durante toda la vida, contra las que los inventores tenían que luchar antes de que pudiesen introducir sus descubrimientos, y los fraudes mediante los cuales, en muchos casos, los capitalistas a través de los cuales obtenían la introducción, les estafaban sus ganancias. Estas historias parecen, de hecho, casi increíbles hoy en día, cuando la nación está alerta y ansiosa por fomentar y animar toda iniciativa del espíritu inventivo, y todo el que tenga cualquier clase de idea nueva puede solicitar de las oficinas de la administración, sin coste, que le salvaguarden su derecho de prioridad y le provean de todas los posibles medios de información, material, y aparatos para perfeccionar su idea."

"Considerando," dijo el maestro, "que estos hechos, en cuanto a la resistencia ofrecida por los intereses creados a la marcha del progreso, deben de haber sido incluso más obvios para nuestros antepasados que para nosotros, ¿cómo explicas la creencia en la que parecían haber estado sinceramente, de que el capitalismo privado como sistema era favorable a la invención?"

"Sin duda," replicó la chica, "era porque veían que cuando un invento era introducido, lo era bajo el patronazgo de los capitalistas. Esto era así necesariamente, por supuesto, porque toda iniciativa económica estaba confinada a los capitalistas. Nuestros antepasados, observando que cuando los inventos eran introducidos, lo eran a través de la maquinaria del capitalismo privado, pasaban por alto el hecho de que habitualmente los capitalistas se prestaban a su avance sólo después de haber agotado su energía obstaculizando la invención. A este respecto, eran como niños que, viendo que el agua se vierte por el borde de una presa y no yendo a ninguna otra parte, llegasen a la conclusión de que la presa es una agencia para ayudar a que el río fluya en vez de ser una obstrucción que solamente deja fluir el agua cuando ya no puede retenerla."

* * * * *

"Nuestra lección," dijo el maestro, "tiene estricta relación sólo con los resultados económicos del viejo orden, pero a veces el tema sugiere aspectos de las antiguas condiciones sociales, demasiado importantes para pasar de largo sin mencionarlos. Hemos visto cuán obstructivo era el sistema de los intereses creados, que subyacía al capitalismo privado, para la introducción de mejoras e inventos en el campo económico. Pero había otro campo en el cual se ejercía la misma influencia con efectos verdaderamente mucho más importantes y desastrosos.--Dinos algo, Florence, acerca del modo en que el sistema del interés creado tendía a resistirse al avance de nuevas ideas en el campo del pensamiento, de la moral, la ciencia, y la religión."

"Antes de la gran Revolución," replicó la chica, "no siendo, como ahora, universal la más alta educación, sino estando limitada a un pequeño grupo, los miembros de este grupo, conocidos como las clases ilustradas y profesionales, necesariamente se convirtieron en los maestros y líderes morales e intelectuales de la nación. Moldeaban los pensamientos de la gente, los adaptaban a sus estándares, y a través de sus mentes dominaban sus intereses materiales y determinaban el curso de la civilización. Un poder semejante no está monopolizado ahora por ninguna clase, porque el alto nivel de la educación general haría imposible para ninguna clase de meros hombres liderar a la gente ciegamente. Viendo, sin embargo, que semejante poder era ejercido en aquella época y que estaba limitado a una clase tan pequeña, era una cuestión en extremo vital que esta clase estuviese cualificada para asumir un deber tan responsablemente, con un espíritu de dedicación al bienestar general no sesgado por motivos que les desviasen. Pero bajo el sistema del capitalismo privado, que hacía que toda persona y grupo fuese dependiente económicamente de y estuviese exclusivamente preocupado por la prosperidad de aquello en lo que se ocupaba la persona o su grupo, este ideal era imposible de alcanzar. Las clases ilustradas, los maestros, los sacerdotes, escritores, y profesionales, solamente eran comerciantes después de todo, justo como los zapateros y los carpinteros, y su bienestar estaba absolutamente ligado a la demanda del conjunto particular de ideas y doctrinas que representaban, y la clase particular de servicios profesionales de los que obtenían su sustento al ejercitarlos. La línea de enseñanza o predicación de cada hombre era su interés creado--los medios de su subsistencia. Siendo eso así, los miembros de las clases ilustradas y profesionales se veían afectados por las innovaciones en sus ámbitos, precisamente como los zapateros o los carpinteros por los inventos que afectaban a sus oficios. De aquí se seguía necesariamente que cuando se sugería cualquier idea nueva en religión, en medicina, en ciencia, en economía, en sociología, y de hecho en casi cualquier campo del pensamiento, la primera pregunta que se hacía el grupo de los ilustrados implicados en ese campo y que obtenían su sustento de él, no era si la idea era tan buena y cierta que tendería al bienestar general, sino cómo afectaría inmediata y directamente al conjunto de doctrinas, tradiciones, e instituciones, con cuyo prestigio se identificaban sus intereses personales. Si era una nueva noción religiosa que se hubiese sugerido, los clérigos consideraban, en primer lugar, cómo afectaría a su secta y a su estatus personal en ella. Si era una idea médica nueva, el doctor preguntaba primero cómo afectaría su práctica a la escuela con la que él se identificaba. Si era una teoría económica o social nueva, entonces todos aquellos cuyo capital profesional era su reputación como maestros en esa rama, se cuestionaban en primer lugar cómo la nueva idea concordaba con las doctrinas y tradiciones que constituían su especialidad. Entonces, debido a que cualquier idea nueva, casi como algo natural, debe actuar en descrédito de las ideas previas en el mismo campo, de aquí se sigue que el interés propio económico de las clases ilustradas se opondría instintivamente y casi invariablemente a la reforma o al avance del pensamiento en sus campos.

"Siendo humanos, apenas se les puede culpar por considerar involuntariamente con aversión las nuevas ideas en sus especialidades, más que al tejedor o al fabricante de ladrillos por resistirse a la introducción de los inventos calculados para quitarles el pan de la boca. Y aun así, consideremos qué tremendo, casi insuperable, obstáculo para el progreso humano representaba el hecho de que los líderes intelectuales de las naciones y los moldeadores del pensamiento de la gente, por su dependencia de intereses creados en las ideas establecidas, estaban predispuestos en contra del progreso por los más fuertes motivos del interés propio. Cuando pensamos adecuadamente en el significado de este hecho, ya no nos asombra la lentitud del avance humano en el pasado, sino más bien que haya habido avance alguno."