José de Sigüenza (Retrato)

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


FRAY JOSEPH DE SIGÜENZA.[editar]

EL P. FR. JOSEF DE SIGUENZA.
Uno de los escritores a quien debe más la Lengua Castellana: Historiador célebre y elegante. Nació en Sigüenza año de 1544 y murió en el Escorial en 1606.
Nació este célebre Historiador en Sigüenza año de 1544, de una familia distinguida. Sus padres conociendo en él una inclinación decidida hácia el estudio, le pusieron á estudiar, y á los doce años ya sabia la Latinidad, la Retórica, y algunos elementos de la Lógica que se enseñaba entonces. Había Sigüenza recibido de la naturaleza una imaginación delicada y vivísima, que en el tiempo de su juventud le traxo alternativamente del siglo al retiro, y del retiro al siglo: dióse á las bellas artes, cultivó la Poesía, la Música y el Dibuxo; y uniendo á ellas la bizarría propia de las costumbres de aquel siglo, se dedicó también á manejar la espada, y empezó á inclinarse al exercicio de la guerra. Sabiendo que se preparaba una armada en socorro de la Isla de Malta, que tenían sitiada los Turcos, voló á Valencia para alistarse entre las tropas que allá iban destinadas: pero había salido la esquadra un día antes de que él llegase. Frustrada así su esperanza, una aguda enfermedad que le sobrevino, le puso á los umbrales de la muerte: en lo qual creyendo ver un aviso de Dios, hizo la firme resolución de abandonar el mundo, y volvió á Segovia á entrarse en el Monasterio del Parral.
Allí ademas de ser tm modelo en el exercicio de las virtudes monásticas, dió una carrera libre á su pasión por el estudio; y apenas hubo género alguno de conocimiento á que no se aplicase, y en que no sobresaliese. Cultivaba principalmente la eloqüencia, enriqueciéndola con el manejo de los Autores antiguos, y con un estudio profundo de su lengua propia: así la fama de su predicación, saliendo de los límites de su Monasterio, llegó á la Corte, que le oyó muchas veces maravillada y atenta. Elegido Prior del Parral, exerció aquel ministerio con el acierto que sus luces y virtudes prometían; tanto, que concluido el trienio de su Priorato, otras muchas casas de la Orden ansiaron su dirección y gobierno; pero él, demasiado grande para escuchar á la ambición, huyó al Escorial, como un asilo donde pudiese libertarse de sus instancias. Entonces hizo conocimiento con el laborioso Arias Montano, que acopiaba los tesoros de la Biblioteca, disponía el plan de estudios que había de seguirse, é instruia á varios Monges en algunos ramos de literatura. Sigüenza sediento de doctrina bebió en aquella rica fuente, y juntó á sus antiguos conocimientos otros muchos debidos á la amistad de Montano. Este le distinguió siempre como el primero de sus discípulos; y quando se retiró del Escorial, fue elegido Sigüenza unánimemente para sucederle en todos sus cargos. Sus ocupaciones y su crédito se aumentaban cada día: nada se executaba en el Escorial sin que se le pidiese consejo; y á su gusto y talentos debe aquella soberbia fábrica una gran parte de su riqueza y ornatos. En todo entendia: ordenaba la Biblioteca, juntaba y disponia los manuscritos, dirigia el genio de los Tallistas y Pintores, predicaba en la Iglesia, respondía á las freqüentes consultas del Rey, y se ganaba á un tiempo la afición del pueblo, y la confianza de la Corte.
Al ruido de tantos aplausos despertó la envidia, pasión maligna en el mundo, pero frenética y sangrienta en la soledad. Ella no podía sostener la entereza de su carácter, ni la gravedad de sus costumbres: ofendíala la luz de sus brillantes talentos, y la superioridad de su crédito y de su privanza la desesperaba. Con que dando nombre de vicios á virtudes, haciendo odiosas sus acciones, y llamando seducción á su saber, cubrióse con la infame y terrible máscara de la hipocresía, y le denunció al Santo Oficio como sospechoso en la fe, y sembrador de novedades. Seria preciso, por el honor de la humanidad y de la religión, ocultar para siempre á la posteridad estos exemplos de la flaqueza y depravación humana, si no fuera tan bello el espectáculo del hombre justo luchando coa la adversidad, la perfidia y la calumnia, y si de semejantes hechos no resultase siempre mayor admiración que vergüenza. Abandonado del Rey, de la Corte y de sus hermanos, el desdichado Sigüenza fue llevado á Toledo, donde estuvo preso siete meses mientras su inocencia se acrisolaba. Y para que no faltase miseria alguna á su tribulación, una enfermedad dolorosa y mal socorrida vino á postrarle las fuerzas del cuerpo, ya que la persecución no podia abatir las de su espíritu. Finalmente el Tribunal le declaró inocente, le volvió todos sus honores, y le animó á proseguir en sus loables tareas y enseñanza. Sus viles enemigos roidos de una rabia inútil, le viéron gozar desde la época de su triunfo hasta la de su muerte de mayor crédito y privanza que antes. El Rey, la Corte y el Pueblo parece que se esmeraban á porfía en honrarle y aplaudirle; y los empleos y dignidades le acometían amontonados, sin que él se valiese de su crédito sino para desecharlos. Bien que á veces su moderación se vio obligada á ceder á las instancias del Rey y de sus compañeros, y á admitir el gobierno de la casa del Escorial; donde lleno de achaques y de gloria murió en 1606 con la reputación de ser el mayor hombre que entonces tenia el estado religioso.
Las obras que dexó escritas sobre la Escritura son una muestra de su erudición prodigiosa: pero la mas célebre es la Historia del Orden de S. Gerónimo, dividida en tres partes, que comprehenden la vida del Santo, la crónica del Orden, y la descripción del Escorial. A pesar de la humildad del argumento, Sigüenza siempre se muestra un grande maestro en el arte de escribir: su lenguage es puro y delicado; su estilo elegante y armonioso; sus pensamientos, quando el asunto lo permite, grandiosos y enérgicos; y los retratos de sus personages dibuxados perfectamente y con gracia: tal vez se sube á ciertos puntos de vista, de donde como de una atalaya descubre una sucesión grande de tiempos, y en pocos rasgos hace ver mucho. Los lunares que de quando en quando se notan ya en el estilo, ya en los pensamientos, son mas bien hijos de la materia que de su genio, el qual tenia muchas veces que plegarse á ciertas puerilidades y modos de decir indignos ciertamente de la magestad de la Historia. ¡Quan interesante obra pudo haber dexado Sigüenza si se hubiera aplicado á describir los sucesos de la Nación, aunque se ciñera solo á los de su tiempo! Entonces se hubieran presentado á su pincel objetos dignos de su maestria; la Iglesia Christiana dividida por la facción protestante, los Países Baxos rebelados, Francia ardiendo en guerras civiles, Inglaterra sostenida por la capacidad de Isabel, y con el poderío y manejos de Felipe II la Europa toda agitada y conmovida.


Véase también a José de Sigüenza en Wikipedia


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