La Eneida (Graciliano Afonso)/Advertencia al lector

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La Eneida (1854) de Virgilio
traducida en endecasílabo por Graciliano Afonso
Libro I


ADVERTENCIA AL LECTOR.



La buena crítíca impone al lector la obligacion de leer el prólogo, ó sea introduccion á la obra, para que pueda juzgar, cual es el verdadero fin que se propone el autor. Al que le toque la suerte de leer esta traduccion de la Eneida de Virgilio en verso endecasílabo; querrá saber la razon porque se publica al presente, cuando existen los cuatro primeros libros traducidos en verso tambien endecasílabo por D. Tomás de Iriarte, y en verso suelto y en octavas rimas la de D. Gregorio Hernandez de Velazco. La razon es esta.

En el año de 1838, traje de América, donde permanecí 48 años emigrado por la cáusa de la libertad, una traduccion de la Eneida en prosa con notas, para la instruccion de la juventud canaria. Pero en aquel tiempo, fué imposible darla á la prensa, porque entonces ni podia haber clérigos, ni se pagaba al clero existente, que iba concluyendo como por inanicion. Llegó el momento del actual concordato, y cuando crei que con los nuevos nombramientos sobrára tiempo para verificar la impresion dicha, hallé que al dar un abraso de enhorabuena al Dean nuevamente nombrado Dr. D. Nicolás Calzadilla, quedó admirado de verme en sana salud; y mucho mas, noticioso de cuanto habia trabajado durante la miseria de operarios en la Iglesia Catedral, y durante el Cólera. Yo habia quedado estacionario en mi destino de Doctoral ( fácil es adivinar la cáusa habiendo sido Diputado de las Córtes de 1822 y comprendido en el infame nombre de amnistía), porque el Gobierno se hallaba persuadido de que un ataque de perlesía me tenia postrado en cama poco menos que insensato. Pero yo, que como tal Diputado de aquella época, jamás habia vestido el escapulario de pretendiente, oí esto con mi ordinaria indiferencia, contentándome con desmentir con mi conducta las palabras falaces y mentidas de los Caritativos Eclesiásticos que me hacian la guerra á salva mano. Entonces recurrí á mi auxilio ordinario de la lectura, y al cumplimiento de mi obligacion; y curioso de el estado de mi Eneida prosáica, que ocurrió en 25 de junio de 1853, despues de haber leido dos ó tres hojas, mi primer pensamiento fué: Veamos si anda la noria el perro. Palabras de mi paisano Iriarte en su fábula 29: El gozque y el macho de noria. Porque, en efecto, 78 años no anunciaban ciertamente mas que la fuerza de un miserable gozquejo, para mover la pesada rueda de una noria. Y por diversion, ó mas bien, para burlarme de mí mismo, puse en verso el libro primero, y leido á mi amigo el Licenciado D. Bartolomé Martinez y noble familia, aficionada á la poesia y literatura; me persuadía, que aunque no fuese para imprimirla, continuase la repetida traduccion. El resultado fué, que por consecuncia de mi carácter, emprendi con tanto ardor mi tarea, que á pesar de una molesta hinchazon de pies, el 24 de octubre del mismo año quedo concluida enteramente la obra, sin que me aterrase otro espectáculo que el de la imágen de la muerte, compañera inseparable de la vejez. Y sin cesar, me repetia una estrofa de cierta Oda que hice á la misma muerte, en mi emigracion é Trinidad de Barlovento, el año de 1837.

   No el pecho hiela con horror y espanto
Tu descarnado y albicante espectro;
Ni esa férrea corona mal sentada,
Menos de ébano el cetro,
Ni el dardo que destila sangre y llanto;
Ni tu pálida corte malhadada,
De la vejez cansada,
Con paso desigual la liebre ardiente;
Parálisis que arrastra media vida,
Hidropesía hinchada;
La convulsion los brazos retorciendo,
El contagio callado,
Celos, Discordia y Ambicion rugiendo;
Y de tu imperio cruel Heraldo alado
El tiempo destructor jamás cansado.


Y viendo que nada de esta comitiva me atañia por entonces, y ni yo me lo persuadia, ni nadie lo creia, habiendo sido párroco, maestro de escuela de niños ingleses, franceses y españoles, y arquitecto de una Iglesia que me consintió fabricar el Gobierno Inglés para los súbditos católicos, y siempre pobre; leí por conclusion toda entera y repetida la fábula literaria 46 de nuestro mencionado Iriarte, El pollo y los dos gallos.

   Quien se meta en contienda,
Verbigracia de asunto literario,
A los años no atienda
Sino á la habilidad de su adversario.


Lector, poco me importa que al acabar de leer la obra digas: Este pobre viejo chochea; las Musas no halagan á vijeos poetas..... Perdone V., caballero, dos palabritas: 90 años tenia Sófocles, cuando produjo el Edipo, que hizo callar en el Senado de Atenas á sus ingratos hijos que querian privarle de la administracion de sus bienes, por su avanzada edad. Si está el ejemplo mal aplicado, ríete, lector mio, y puedes hacerlo cuantas veces se te antoje; pero ten entendido, que esta cáusa es la tuya, y debes defenderla pena la vida; mientras perdonas los innumerables defectos de estilo, repeticiones y otras faltas indispensables por la rapidez con que se tradujo, huyendo de la muerte cuyo espectro me parecia ver á cada instante.

Entretanto he escapado de su inevitable guadaña, dando eternamente gracias al Criador por desmentir con mi presencia, actual robustez, y salud á los falaces hermanos que recelaban el que aspirase á dignidades ó destinos que por mis servicios correspondian al cargo de Doctoral, despues de 46 años, sin que hubíese jamás usado de los privilegios que corresponden á un jubilado; cuyo nombre solo me acarreó el que me quitasen la sesta parte de la renta, que me fué restituida por haber hecho presente que trabajaba mucho mas supliendo el escasísimo numero de operarios que entonces existia, y siendo ahora igual á los demás que constituyen el Cuerpo Capitular. ¡Loado sea Dios!


Palmas de Gran-Canaria, Agosto 2 de 1884.