La Sagrada Biblia (VIII)/Cantares

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda


ADVERTENCIA

SOBRE EL LIBRO DEL CANTAR DE CANTARES.


El cantar de Cantares, llamado así por los hebreos para expresar su excelencia [1], se atribuye á Salomon; cuyo nombre lleva en el texto hebreo y en la antigua version griega. La Escritura dice [2] que Salomon compuso muchos cantares, así como lo dice tambien de David, y el nombre de Salomon se encuentra en muchos pasages del libro de los Cánticos ó Cantares, de que tratamos. La Iglesia en el Oficio eclesiástico le cita en número plural, Cantica canticorum, tal vez para denotar que es un conjunto de siete cantares, que á manera de diálogos poéticos se cantaban en los siete dias de las bodas. Cada uno de estos cantares incluye su accion ó suceso propio, aunque todos forman un mismo epitalámio en la letra, y unos mismos misterios en el sentido espiritual.

Al examinar algunos, con la sola luz natural, el sentido literal ó gramatical de este libro, le han creído puramente profano, y hecho únicamente por Salomon para celebrar sas amores con la hija del rey Pharaon, la mas querida de sus esposas. Tal fue el Sentir del herege Teodoro de Mopsuesta en el siglo IV, que han abrazado los anabaptistas, y algunos impíos de los últimos siglos.

El sábio y piadoso obispo señor Bossuet, y otros expositores [3] dicen que este libro es un epitalámio, esto es un poema que se hizo para ser cantada en los siete días que duraba entre los judíos la celebracion de las bodas, como vemos en la Escritura [4] que duraron las de Jacob, de Samson, de Tobías, etc. En estos siete dias los novios estaban acompañados, de dia y de noche, de cierto número de jóvenes de su sexo y edad, que se les destinaban para su obsequio, y se llamaban amigos del esposo; de que se hace mencion repetidas veces en las Escrituras. Durante estos dias los recien desposados no se veían sino raras veces, y con mucha ceremonia. Y estas vistas de Salomon con su esposa en los siete primeros dias, ó siete noches, de las bodas, bajo diferentes formas ó representaciones, hacen el objeto histórico de estos ocho capítulos ó Cantares; cuya distribucion en siete diálogos, ó entrevistas de los esposos, explica el citado señor Bossuet.

Algunos protestantes, y sobre todo un famoso incrédulo del siglo pasado, han traducido tan maliciosamente este libro, como si hubiesen querido alarmar á todo lector honesto y piadoso, llamando siempre su atencion á aquellas expresiones, que á primera vista pueden parecer á algun lector vicioso algo licenciosas ó indecentes; sin hacerle observar que no lo parecian en aquellos remotos tiempos, y en pueblos de tan diversas costumbres, como son aun ahora mismo los del Oriente. Pero un critico muy hábil en las lenguas orientales, el sábio Michaelis en sus notas sobre Lowth, prueba casi con evidencia que el objeto del Cántico de Salomon no es el pintar el amor licencioso de dos personas libres, ni aun el de dos jóvenes esposos en el tiempo de sus bodas, sino el casto amor de dos esposos unidos ya de mucho tiempo con el vínculo del matrimonio. A la verdad no parece conforme esta última idea con nuestras costumbres; pero es muy análoga a las de los orientales, entre los cuales las mugeres de distincion, casi siempre encerradas, no ven todas las veces que ellas quieren á sus maridos, ni tienen comunicacion alguna con los demas hombres; y por otra parte están sujetas á todas las pasiones que inspiran el ardoroso clima, el mismo encierro ó reclusion en que viven, y la poligamia, que allí es comun.

Observa dicho crítico que esta falta de sociedad ó trato social entre los dos sexos, es causa de que los hombres acostumbran á expresarse con mas libertad en las conversaciones que tienen ya entre ellos, ya con sus mismas esposas; y que las esposas no crean que ofende al pudor la viveza de sus expresiones amorosas para con sus maridos: libertad de hablar ó licencia, que no hace allí mas impresion que la casi total desnudez de los dos sexos, tan comun en aquellos climas ardientes. Y de todo eso infiere cuán injustamente (aun mirado esto sin la luz de la fé) han querido algunos presentar como escandalosas ciertas expresiones de este libro, y otras semejantes del profeta Ezechîel, y de varios Libros sagrados; y se ve tambien la temeridad ó indiscrecion de algunos traductores de la Escritura en conservar ciertas metáforas, ó modismos y locuciones de los hebreos en las modernas lenguas de los pueblos, cuyas costumbres y usos son tan diferentes de las de los antiguos orientales. Entre estos ha habido siempre poetas que han tratado las sublimes materias de la religion, ó de la teología afectiva ó mística, bajo el velo de la alegoría, y en un estilo que parecería el de un grosero libertinage en otras naciones ó climas.

Los doctores de los judíos, y los santos Padres de la Iglesia han mirado, pues, con mucha razon este libro de los Cantares como un poema alegórico, y no como una obra profana. Los primeros, bajo la imágen de una perfecta union conyugal, han visto la alianza de Dios con la Synagoga. Ezechîel y otros profetas representaron esta union del mismo modo; y este es el sentido que ha seguido la paráfrasis châldaica. Los Padres de la Iglesia han descubierto con mayor fundamento la alianza perpetua é indisoluble de Dios con la Iglesia; la cual en muchos pasages del Nuevo Testamento se llama esposa de Jesu-Christo: y este mismo Señor nos representó el establecimiento de ella, bajo la figura de unas bodas [5]. Solamente entendidos los Cantares de Salomon en este sentido, usa la Iglesia de ellos en el Oficio divino, y aun esto con todas las precauciones necesarias; y de aquí es que sus ministros y los fieles cristianos acostumbrados á no ver en este libro sagrado sino un sentido espiritual y alegórico, están bien libres de toda idea profana, contraria á la pureza y á la piedad [6].

Son muy débiles las objeciones que se han hecho contra la divinidad de este libro. Dícese que no se halla citado en el Nuevo Testamento,- ni se encuentra en él el nombre de Dios. Pero otros libros hay del Viejo Testamento que tampoco se hallan citados en el Nuevo; y si el nombre de Dios no se lee expresamente, es porque todo su objeto es el mismo Dios. Por lo mismo que no debe leerse este libro con ideas profanas, tampoco debe reprenderse á aquellos que se forman una leccion de piedad en cada capítulo de este libro. No nos le ha dado Dios para aumentar conocimientos de mera curiosidad, sino para excitarnos á la virtud. Así es como san Pablo nos dice que hemos de mirar las sagradas Escrituras. Toda Escritura divinamente inspirada, nos dice, es propia para enseñar, para convencer, para corregir, para dirigir en la justicia ó virtud, para que el hombre de Dios sea perfecto, y esté apercibido para toda obra buena [7]. De poco nos serviria el Cántico de Salomon si nos ciñésemos al sentido que parece mas literal. Debemos pues tener siempre presente que la mística y espiritual union de Jesu-Christo con su Iglesia, y con las almas que están unidas con él, no como quiera, sino con los mas estrechos lazos de una viva, perfecta y encendida caridad, son el objeto principal de este divino Cantar; y por eso cuanto las almas están mas íntimamente unidas con su Dios, y de consiguiente mas separadas de todo lo carnal y terreno, tanto mas gustan y se aprovechan de la lectura de este libro, hallando en él dulzuras y consolaciones inefables.

Pero en cuanto al sentido literal, es siempre muy difícil su inteligencia. Porque primeramente, como observa muy bien el Mtro. Fr. Luis de Leon en su prólogo á este libro, se halla muy grande dificultad en todas aquellas Escrituras, «á donde se explican algunas grandes pasiones ó afectos, mayormente de amor, que al parecer van las razones cortadas y desconcertadas; aunque á la verdad, entendido una vez el hilo de la pasion que mueven, responden maravillosamente á los afectos que explican, los cuales nacen unos de otros por natural concierto. Y la causa de parecer ansí cortadas es, que en el ánimo enseñoreado de alguna vehemente pasion, no alcanza la lengua al corazon, ni se puede decir tanto como se siente; y aun esto que se puede, no se dice todo, sino a partes y cortadamente, unas veces el principio de la razon, y otras el fin sin el principio: que ansí como el que ama, siente mucho lo que dice, ansí le parece que apuntándolo él, está por los demas entendido; y la pasion con su fuerza, y con increible presteza le arrebata la lengua y corazon de un afecto en otro. Y de aquí son sus razones cortadas y llenas de oscuridad. Parecen tambien desconcertadas entre sí. porque responden al movimiento que hace la pasion en el ánimo del que las dice, la cual, quien no la siente ó vee, juzga mal dellas; como juzgaria por cosa de desvarío y de mal seso los meneos de los que bailan, el que viéndolos de lejos no percibiese el son á quien siguen. Lo cual es mucho de advertir en este libro, y en todos los semejantes.

Lo segundo que pone oscuridad, prosigue el citado Mtro. Leon, es ser la lengua hebrea, en que se escribió, de su propiedad y condicion lengua de pocas palabras, y de cortas razones, y esas llenas de diversidad de sentidos; y juntamente con esto, por ser el estilo y juicio de las cosas en aquel tiempo, y en aquella gente, tan diferente de lo que se platica agora. De donde nasce parecernos nuevas y entrañas, y fuera de todo buen primor, las comparaciones de que usa este libro, cuando el Esposo ó la Esposa quieren mas loar la belleza del otro: como cuando compara el cuello á una torre, y los dientes á un rebaño de ovejas, y ansí otras semejantes. Como á la verdad cada lengua y cada gente tenga sus propiedades de hablar, adonde la costumbre usada y recibida hace que sea primor y gentileza, lo que en otra lengua y á otras gentes paresciera muy tosco. Y ansí es de creer que todo esto que agora por su novedad y por ser ageno de nuestro uso, nos desagrada, era todo el bien hablar, y toda la cortesanía de aquel tiempo entre aquella gente. Porque claro es que Salomon era no solamente muy sábio, sino rey, y hijo de rey; y que cuando no lo alcanzára por letras y por doctrina, por la crianza sola, y por el trato de su casa y corte, supiera hablar su lengua mejor y mas cortesanamente que otro ninguno." Hasta aquí el sábio Mtro. Leon: con cuyas oportunas advertencias y el espíritu de sólida é ilustrada piedad, con que debe leerse este divino libro, podrán sacar mucho fruto de su lectura las almas que, abrasadas en amor divino, se acerquen á beber las aguas puras de esta cristalina fuente; á la que no pueden ni deben aplicar sus impuros lábios los que sumidos en el cena de sus pasiones, no piensan ni siguen otra cosa que la innumdicia de las obras de la carne.

EL CANTAR DE CANTARES DE SALOMON[8].



CAPÍTULO PRIMERO.
§. I. Deseos que muestra la Iglesia de estar unida con Jesu-Christo. Delicias de esta union; y favores que ella alcanza de su Esposo. Confiesa la Esposa sus imperfecciones, efectos de la malicia del demonio. Temor que tiene de extraviarse al buscar en la tierra á Jesu-Christo; y sus ansias por poseerle en el cielo.

1 Esposa. Reciba yo un ósculo santo de su boca. Porque tus amores [9] son, oh dulce esposo mio, mejores que el mas sabroso vino,

2 fragantes como los mas olorosos perfumes. Bálsamo derramado es tu nombre: por eso las doncellitas [10] te quieren tanto.

3 Atráeme tú mismo en pos de tí, y correrémos todas al olor de tus aromas [11]. Introdújome el rey [12] en su gabinete, elevándome á esposa suya. Saltarémos de contento, y nos regocijarémos en tí, conservando la memoria de tus castos amores, superiores á las delicias del vino. Por eso te aman los rectos de corazon.

4 Negra soy ó morena, hijas de Jerusalem; pero soy bien parecida: soy como las tiendas de Cedar, como los pabellones de Salomon [13].

5 No repareis, pues, en que soy morena; porque me ha robado el sol mi color [14], cuando los hijos de mi madre se declararon contra mí, y pusiéronme á guarda de viñas [15]. ¡Ay! mi propia viña no la guardé.

6 Oh tú, el querido de mi alma, dime dónde tienes los pastos, dónde el sesteadero al llegar el medio dia, para que no tenga yo que ir vagueando tras de los rebaños de tus compañeros.

§. II. Instruccion que Jesu-Christo da á su lglesia: obligacion de unirse á ella y á sus pastores, para hallar á Jesu-Christo. Hermosura de la Iglesia, y cómo cuida Jesu-Christo de adornarla y enriquecerla.

7 Esposo. Si lo ignoras, oh hermosísima entre las mugeres, sal afuera, y ve siguiendo las huellas de los ganados, y guia tus cabritillos á pacer junto á las cabañas de los pastores de mis ovejas.

8 A mis hermosos y arrogantes caballos uncidos á las carrozas que me ha dado Faraon, te tengo yo comparada, amiga mia.

9 Lindas son tus mejillas, así como de tortolilla; tu cuello, como si estuviera adornado de collares de perlas.

10 Gargantillas de oro haremos para tí, taraceadas de plata [16].

§. III. Agradecimiento de la Iglesia: favores que recibe de Jesu-Christo; y cómo anhela complacerle. Reciprocas alabanzas entre los dos Esposos; y cómo procura Jesu-Christo tener siempre junto á sí á la Iglesia.
11 Esposa. Mientras estaba el rey recostada [17] en su asiento, mi nardo precioso difundió su fragancia.

12 Manojilo de mirra es para mí el amado mio: entre mis pechos quedará.

13 Racimo de cypro [18] es mi amado para mí, cogido en las viñas de Engaddi [19].

14 Esposo. ¡Oh y qué hermosa eres, amiga mia! ¡cuán bella eres! Son tus ojos vivos y brillantes como los de la paloma [20].

15 Esposa. Tú sí, amado mio, que eres el hermoso y el agraciado.——Esposo y Esposa. De flores es nuestro lecho,

16 de cedro las vigas de nuestras habitaciones, y de ciprés sus artesonados [21].

CAPÍTULO II.
§. I. Amabilidad de Jesu-Christo y de su esposa la Iglesia. Alabanzas y favores que esta recibe de él; y cómo cuida de que nadie turbe su reposo.

1 Esposo. Yo soy la flor del campo, y el lirio de los valles:

2 como azucena entre espinas, asi es mi amiga entre las vírgenes [22].

3 Esposa. Como el manzano entre árboles silvestres y estériles [23], así es mi amado entre los hijos de los hombres. Sentéme á la sombra del que tanto habia yo deseado, y su fruto es muy dulce al paladar mio.

4 Introdújome en la pieza en que tiene el vino mas exquisito [24], y ordenó en mí el amor [25].

5 Ea, confortadme con flores aromáticas, fortalecadme con olorosas manzanas, porque desfallezco de amor:

6 pero mi esposo pondrá su mano izquierda debajo de mi cabeza, y con su diestra me abrazará [26].

7 Esposo. Oh hijas de Jerusalem, os conjuro por las ligeras corzas y ciervos de los campos, que no desperteis, ni quiteis el sueño á mi amada, hasta que ella quiera [27].

§. II. La Iglesia siempre atenta á la voz de Jesu-Christo. y deseosa de agradarle. Cómo Jesu-Christo procura conservar en ella los frutos de su gracia.

8 Esposa [28]. Paréceme que oigo la voz de mi amado. Vedle cómo viene saltando por los montes, y brincando por los collados.

9 Al ligero gamo y al cervatillo se parece mi amado. Vedle ya, cómo se pone detras de la pared nuestra, cómo mira por las ventanas, cómo está atisbando por las celosías.

10 Hé aquí que me habla mi amado y dice: Levántate, apresúrate amiga mia, paloma mia, hermosa mia, y vente al campo;

11 pues pasó ya el invierno, disipáronse y cesaron las lluvias;

12 despuntan las flores en nuestra tierra [29]; llegó el tiempo de la poda; el arrullo de la tórtola se ha oido ya en nuestros campos;

13 la higuera arroja sus brevas; esparcen su olor las florecientes viñas. Levántate pues, amiga mia, beldad mia, y vente:

14 oh casta paloma mia, tú que anidas en los agujeros de las peñas, en las concavidades de las murallas, muéstrame tu rostro, suene tu voz en mis oidos; pues tu voz es dulce, y lindo tu rostro.

15 Vosotros, oh amigos, cazadnos esas raposillas, que están asolando las viñas [30]; porque nuestra viña está ya en cierne.

§. III. Amor recíproco de Jesu-Christo y su Iglesia, y cómo desea esta ocultar á sus enemigos los favores que recibe de su divino esposo.

16 Mi amado es todo para mí, y yo soy toda de mi amado; el cual apacienta su rebaño entre azucenas

17 hasta que declina el dia, y caen las sombras. Vuélvete corriendo: aseméjate, querido mio, á la corza, y al cervatillo que se crian en los montes de Bether.

CAPÍTULO III.
§. I. Desvelos de una alma que busca á su esposo Jesu-Christo; y cómo después de hallado, le ha de conservar en su corazón.

1 Mas ¡ay! que todo fue un sueño. En mi lecho eché de menos por la noche al que ama mi alma: andúvele buscando, y no le encontré.

2 Me levantaré, dije, y daré vueltas por la ciudad [31], y buscaré por calles y plazas al amado de mi alma. ¡Ay! le busqué, mas no le hallé.

3 Encontráronme las patrullas que rondan por la ciudad, y les dije: ¿No habéis visto al amado de mi alma?

4 Cuando hé aquí que á pocos pasos me encontré al que adora mi alma: asíle, y no le soltaré hasta haberle hecho entrar en la casa de mi madre, en la habitación de la que me dió la vida.

5 Esposo. Oh hijas de Jerusalem, conjuróos por las corzas y los ciervos de los campos que no desperteis, ni interrumpais el sueño á mi amada, hasta que ella quiera.

6 Las amigas de la esposa [32]. ¿Quién es esta que va subiendo por el desierto como una columnita de humo, formada de perfumes de mirra y de incienso, y de toda especie de aromas?

7 Esposa. Mirad el lecho de Salomón rodeado de sesenta valientes de los mas esforzados de Israél,

8 todos armados de alfanges, y muy diestros en los combates: cado uno lleva su espada al lado, por temor de los peligros nocturnos.

9 De maderas de Líbano se ha hecho el rey Salomón su trono [33]:

10 las columnas las ha hecho de plata, el respaldo de oro, el techo y gradas cubriólo de púrpura, y el centro con cierto esmalte que inspira amor, por causa de las hijas de Jerusalem.

11 Salid pues á fuera, oh hijas de Sion, y veréis al rey Salomón con la diadema [34] con que le coronó su madre en el dia de sus desposorios, dia en que quedó colmado de júbilo su corazon.

CAPÍTULO IV.
§. I. Declarando Jesu-Christo las gracias que ha puesto en su esposa la Iglesia, manifiesta el entrañable amor que le tiene.

1 Esposo. ¡Qué hermosa eres, amiga mia, que hermosa eres! Como de paloma, así son vivos y brillantes tus ojos, ademas de lo que dentro se oculta [35]. Tus cabellos dorados y finos, como el pelo de los rebaños de cabras que vienen del monte Galaad.

2 Tus dientes blancos y bien unidos como halos de ovejas trasquiladas, acabadas de lavar, todas con dobles crias, sin que haya entre ellas una estéril.

3 Como cinta de escarlata tus lábios, dulce tu hablar y sonoro. Como cacho ó roja corteza de granada [36] tales son tus mejillas, ademas de lo que dentro se oculta [37].

4 Tu cuello es recto y airoso como la torre de David, ceñida de baluartes, de la cual cuelgan mil escudos, arneses todos de valientes.

5 Tus dos pechos son como dos gamitos mellizos, que están paciendo entre blancas azucenas

6 hasta el caer del dia, y el declinar de las sombras. Subiré á buscarte al monte de la mirra, y al collado del incienso.

7 Toda tú eres hermosa, oh amiga mia, no hay defecto alguno en tí [38].

8 Ven, desciende del Líbano, esposa mia, vente del Líbano; ven, y serás coronada: ven de la cima del monte Amana, de las cumbres del Sanir y del Hermon, de esos lugares guarida de leones, de esos montes morada de leopardos.

9 Tú heriste mi corazon, oh hermana mia, esposa amada, heriste mi corazon con una sola mirada tuya, con una trenza de tu cuello [39].

10 ¡Cuán bellos son tus amores, hermana mia esposa! mas agradables son que el vino exquisito; y la fragancia de tus perfumes ó vestidos excede á todos los aromas.

11 Son tus labios, ¡oh esposa mia!, un panal que destila miel: miel y leche tienes debajo de la lengua: y es el olor de tus vestidos como olor de suavísimo incienso.

§. II. Jesu-Christo es un Dios zeloso del corazon de las almas, que quiere consagren á él todas sus acciones.

12 Huerto cerrado eres, hermana mia esposa, huerto cerrado, fuente sellada [40]:

13 tus renuevos, ó plantas de ese huerto, forman un verjel delicioso de granados, con frutos dulces como de manzanos: son cypros con nardos,

14 nardo y azafran, caña aromática, y cinamomo, con todos los árboles odoríferos del Líbano; la mirra y el aloe [41] con todos los aromas mas exquisitos.

15 , la fuente de los huertos, el pozo de aguas vivas, que bajan con ímpetu del monte Líbano.

16 Retírate, oh Aquilón, y ven tú, oh viento Austro, á soplar en todo mi huerto, y espárzanse sus aromas por todo el mundo [42].

CAPÍTULO V.
Convida la Esposa al Esposo á sus jardines, y se celebra allí un convite. Caractéres del Esposo.
§. I. Anhelo de la Iglesia por recibir á Jesu-Christo, y por verle recoger los frutos que ella produce. Bondad de Jesu-Christo en llamar á las almas, é infelicidad de las que rehusan abrirle las puertas del corazón cuaudo él llama.

1 Esposa. Venga, pues, mi amado á su huerto, y coma del fruto de sus manzanos.—Esposo. Ya he venido á mi huerto, hermana mia esposa [43]; cogido he ya mi mirra con mis aromas: y he comido mi panal con la miel mia: bebido he mi vino con mi leche: he dicho: Comed vosotros, oh amigos, y bebed, carísimos, hasta saciaros.

2 Esposa [44]. Dormia yo, y estaba mi corazón velando; y hé aquí la voz de mi amado, que llama, y dice: Abreme, hermana mia, amiga mia, paloma mia, mi inmaculada y purísima: porque está llena de rocío mi cabeza, y del relente de la noche mis cabellos.

3 Y respondíle: Válgame Dios, esposo mio, si ya me despojé de mi túnica, ¿me la he de volver á poner? Lavé mis piés, ¿y me los he de volver á ensuciar?

4 Entónces mi amado metió su mano por la ventanilla [45] de la puerta probando si la abriria, y á este ruido [46] que hizo, se conmovió mi corazon.

5 Levánteme luego para abrir á mi amado, destilando mirra mis manos, y estando llenos de mirra selectísima mis dedos [47].

6 Alzé pues la aldaba de mi puerta para que entrase mi amado; pero él se habia ya retirado, y seguido adelante. Mi alma habia quedado desmayada al eco de su voz: le busqué, mas no le hallé: le llamé á voces, y no me respondió.

7 Encontráronme las patrullas que rondan la ciudad, me hirieron, y me lastimaron; y quitáronme mi manto con que me cubria, las centinelas de los muros.

8 Conjuróos, oh hijas de Jerusalem, que si hallareis á mi amado, le noticiéis cómo desfallezco de amor.

9 Amigas de la Esposa. ¿Qué tiene tu amado sobre los demás amados, oh hermosísima entre todas las mugeres? ¿qué hay en tu querido sobre los demás queridos, para que así nos conjures que le busquemos [48]?

§. II. Hermosura y perfecciones de Jesu-Christo, su pureza, su zelo, su caridad, sabiduría, poder, grandeza y dulzura.

10 Esposa. Mi amado es blanco y rubio: escogido es entre millares de jóvenes.

11 Su cabeza, oro finísimo: sus cabellos largos y espesos como renuevos de palmas [49], y negros como el cuervo:

12 sus ojos como los de las palomas que se ven junto a los arroyuelos de aguas, blancas como si se hubiesen lavado con leche, y que se paran á la orilla de corrientes caudalosísimas.

13 Sus mejillas como dos eras de plantas aromáticas, plantadas por hábiles perfumeros: sus lábios, lirios rosados [50] que desfilan mirra purísima:

14 sus manos, de oro, y como hechas á torno, llenas de jacintos: su pecho y vientre como un vaso de marfil guarnecido de zafiros.

15 sus piernas, columnas de mármol, sentadas sobre basas de oro. Su aspecto magestuoso como el del Líbano, y escogido como el cedro entre los árboles.

16 Suavísimo el eco de su voz; y en suma, todo él es envidiable. Tal es mi amado, y ese es mi amigo, hijas de Jerusalem.

17 Amigas de la Esposa. ¿Acia donde partió tu amado, oh hermosísima entre todas las mugeres? ¿por donde se fue, que iremos contigo á buscarle?

CAPÍTULO VI.
Nuevos elogios de la Esposa: ella es hermosa, y asimismo terrible.
§. I. La Iglesia es come el jardin del Jesu-Christo, objeto de sus delicias, y la admiracion de los ángeles: es la alegría del cielo, y el terror del infierno.

l Esposa. A su huerto hubo de bajar mi amado, al plantío de las yerbas aromáticas, para recrearse en los verjeles, y coger azucenas.

2 Yo soy toda de mi amado, y mi amado es todo mío, el cual se recrea entre azucenas [51].

3 Esposo. Hermosa eres, querida mia, y llena de dulzura: bella como Jerusalem, terrible y magestuosa como un ejército en órden de batalla [52].

4 Aparta de mí tus ojos, pues esos me han hecho salir fuera de mí, y me arroban. Son tus cabellos como el fino pelo de los rebaños de cabras que se dejan ver viniendo de Galaad.

5 Tus dientes blancos y unidos, como aparece la manada de ovejas al subir de lavarse, todas con crias dobles, sin que haya entre ellas ninguna estéril.

6 Como un cacho ó roja corteza de granada, así son tus mejillas, sin lo que tienes encubierto [53].

7 Sesenta son las reinas, y ochenta las esposas de segundo orden [54], é innumerables las doncellitas.

8 Pero una sola es la paloma mia, la perfecta mia, la esposa, la hija única de su madre, la escogida de la que la parió. Viéronla las doncellas de mi palacio, y la aclamaron dichosísima: viéronla las reinas y demas esposas, y la colmaron de alabanzas.

9 ¿Quien es esta, dijeron, que va subiendo cual aurora naciente, bella como la luna, brillante como el sol, terrible y magestuosa como un ejército formado en batalla?

10 Esposo. Yo bajé al huerto de los nogales para ver los frutales de las cañadas, y observar si estaba en cierne la viña, y si habian brotado los granados.

11 Esposa. No lo advertí: conturbóse mi alma por figurarme que oia los carros de Aminadab [55].

12 Amigas de la Esposa. Vuélvete, vuélvete, oh Sulamite[56]: vuélvete á nosotras, vuélvete para que te veamos bien.

CAPÍTULO VII.
Es alabada la Esposa por las victorias que ha de conseguir de sus enemigos, por su fecundidad, y por la educacion que dará á su prole. La lglesia sobre la tierra contiene en sí buenos y malos; y experimenta ya alegria, y ya tristeza; ya esperanza, ya temor; pero en el cielo es toda pura y bella, y siempre gozosa y feliz, hace las delicias del Rey celestial, el cual es su divino Esposo.

1 Esposa. ¿Qué podréis ver en la Sulamite sino coros de música en medio de escuadrones armados [57]?

Amigas de la Esposa. ¡Oh hermosa princesa, y cOn qué gracia andan esos tus pies colocados en tan rico calzado! Las junturas de tus muslos son como goznes, ó charnelas, labrados de mano maestra.

2 Es ese tu seno cual taza hecha a torno, que nunca está exhausta de preciosos licores. Tu vientre como montoncito de trigo, cercado de azucenas.

3 Como dos cervatillos mellizos son tus dos pechos.

4 Es tu cuello terso y blanco como torre de marfil. Tus ojos son como los cristalinos estanques de Hesebon, situados en la puerta mas concurrida de las gentes. La nariz tuya tan bien formada como la graciosa torre del Líbano, que mira frente por frente de Damasco.

5 Elevada y magestuosa es tu cabeza, como el Carmelo; y los cabellos de ella, como púrpura de rey puesta en flecos.

6 ¡Cuán bella y agraciada eres, oh amabilísima y deliciosísima princesa!

7 Parecido es tu talle á la gallardía de la palma, y tus pechos á los hermosos racimos.

8 Una de las amigas. Yo digo: Subiré á este palmero y cogeré sus frutos, y serán para mí tus pechos como racimos de uvas [58]; y el olor de tu boca, como de manzanas:

9 la voz de tu garganta así deleita como el mas generoso vino, (—Esposa.) debido á mi amado para que le beba, y se saboree en él conservándole entre sus dientes y lábios.

10 Yo soy dichosa, porque soy toda de mi amado, y su corazon está siempre inclinado á mí.

11 Ea ven, querido esposo mio, salgamos al campo, moremos en las granjas [59].

12 Levantémonos de mañana para ir á las viñas, miremos si están en cierne las vides, si las flores brotan ya los frutos, si florecen los granados: allí te abriré con mas libertad mi corazon.

13 Las mandrágoras están despidiendo su fragancia [60]. Allí tenemos á nuestras puertas toda suerte de frutas exquisitas. Las nuevas y las añejas [61] todas las he guardado para ti, oh amado mio.

CAPÍTULO VIII.
Ultimas protestas de amor entre los Esposos.
§. 1. Amor de la Iglesia á Jesu-Christo. Correspondencia del Señor, y favores que le dispensa. Proporción que guarda entre el pecado y la reparación de él; y cómo exige que se le corresponda con amor, y cuan poderoso es este y excelente.

1 Esposa. ¡Oh quién me diera, hermano mió, que tú fueses como un niño que está mamando á los pechos de mi madre, para poder besarte, aunque te halle fuera ó en la calle, con lo que nadie me desdeñaría [62]!

2 Yo te tomaria, y te llevaria á la casa de mi madre: allí me enseñarías y harias ver tus gracias, y yo te daria á beber del vino compuesto, y del licor nuevo de mis granadas [63].

3 Mas he aquí á mi esposo, que pondrá su izquierda bajo mi cabeza, y con la derecha me abrazará [64].

4 Esposo. Os conjuro, oh hijas de Jerusalem, que no despertéis ni quitéis el sueño á mi amada hasta que ella misma quiera [65].

5 Amigas de la Esposa [66]. ¿Quién es esta que sube del desierto rebosando en delicias, apoyada en su amado?—Esposo. Yo te levanté debajo de un manzano en que yacias, oh esposa mia, donde fue desflorada tu madre, donde fue violada aquella que te parió [67], y te comunicó la muerte del pecado.

6 Así, pues, ponme por sello sobre tu corazón, ponme por marca sobre tu brazo: porque el amor es fuerte como la muerte, implacables como el infierno los zelos; sus brasas, brasas ardientes, y un volcan de llamas [68].

7 Las muchas aguas no han podido extinguir el amor, ni los rios podrán sofocarle. Aunque un hombre en recompensa de este amor ó caridad dé todo el caudal de su casa, lo reputará por nada [69].

§. II. Deseo de la Iglesia de que amen á Jesu-Christo todas las naciones.

8 Esposa. Un cuidado me queda, oh amado mio. Nuestra hermana es pequeña, no tiene pechos todavía. ¿Qué haremos pues con nuestra hermana en el dia en que se le haya de hablar de desposarla?

9 Esposo. Si es como un muro, edifiquémosle encima baluartes de plata: si es como una puerta, reforzémosla con tablas de cedro [70].

10 Esposa. Yo soy muro, y mis pechos como una torre, desde que me hallo en su presencia, como quien ha encontrado la paz ó felicidad [71].

11 El Pacífico, ó mi esposo Salomon, tuvo una viña en Baal-hamon [72], entrególa á unos viñaderos para que la guardaran, y cultiváran: cada uno de ellos le paga por sus frutos mil monedas de plata.

12 La viña mia delante de mí está. Las mil monedas son para tí, oh Pacífico, y doscientas para los que cuidan de los frutos de ella.

§. III. Solamente en el cielo podrá la Iglesia entonar cantares de perfecta alegría.

13 Esposo. Oh tú la que moras en las huertas [73], los amigos están escuchando; hazme oir pues tu sonora voz.

14 Esposa. ¡Ah! corre apriesa, amor mio, y aseméjate á la corza y al cervatillo, huye á los montes de los aromas, si quieres oir mi voz.


  1. Véase Hebraismos.
  2. III Reg. IV. v.32.
  3. Comm. in Cant. Lowth. De sacra poesi hebr. præl.30 et 31. etc.
  4. Gen. XXIX. v.27 y 28.Judic. XIV. v.12.— Tob. XI. v.21.
  5. Matth. XXII. v.2.—XXV. v.1.—Apoc. XIX. v.7. etc.
  6. Bibl. d'Avignon, tom. VIII. p. 399.
  7. II Timoth. III. v.16.
  8. O Epitalámio misterioso sobre Jesu-Christo y la Iglesia su esposa. Está escrito á manera de los poemas orientales, ó dramas que se representaban en las fiestas de una boda, que duraban siete dias. Los que hablan, son el Esposo, la Esposa, y los jóvenes amigos de aquel, y las doncellas amigas de esta, convidados, segun costumbre, para obsequiar y festejar á los novios.
  9. En hebreo רדף dodéca, tus amores. Deja de repente de hablar á las compañeras, á las cuales dirigió las primeras palabras, y se dirige al Esposo, como si le tuviera presente.
  10. En hebreo צלמיﬨ tselamith, las vírgenes, esto es, las almas puras.
  11. Véase Uncion.
  12. Llama rey á su esposo, tal vez olvidada por el amor de llamarle con el nombre de pastor; ó quizá por idiotismo hebreo, semejante al castellano de llamar rey ó reina mia á la persona que amamos con pasion.
  13. Cuya hermosura es interior. Las tiendas de los cedarenos ó agarenos, las cuales eran de cuero ó de lienzo, aparecían por fuera muy denegridas, pobres é incómodas; pero en el interior tenian las de los ricos cosas preciosas, y encerraban á veces grandes tesoros. Véase Ps. XLIV. v.14.
  14. O tambien: porque el sol estragó mi color.
  15. Los judíos, hijos de la Synagoga, al nacer la Iglesia, lidiaron contra ella para destruirla. I. Thes. II. v.14. Ningun género de gente suele ser mas contraria á la verdadera virtud, que los que la profesan en solo apariencia; y los que son mas favorecidos ó deudos nuestros, suelen ser á veces los mas terribles enemigos.
  16. O tambien: Lampreillas te haremos de oro gusaneadas de plata.
  17. Alude aquí al modo con que comen aun ahora los orientales, no sentados como nosotros, sino recostados, y formando una mesa por lo regular redonda; y tambien al uso de esparcir aromas sobre los convidados.
  18. Arbusto semejante al que llamamos juncia de olor.
  19. Estas comparaciones están tomadas de los ramilletes de flores ó yerbas olorosas que, especialmente en Oriente, suelen traer las señoras en el pecho. La mirra destilada de cierta manera, aunque en si es amarga, era muy estimada en la Palestina como preservativo de la corrupcion. En ella reconocen los santos Padres una memoria de las amarguras de la pasion y muerte de Jesus: memoria que nos preserva de la corrupcion del pecado.
  20. Los ojos de las palomas de Syria y Africa, que llamamos tripolinas, son grandes, y llenos de resplandor y de viveza extraordinaria. En este ojo se simboliza el ojo espiritual de la recta intencion. Matth. VI. v.22.
  21. En el palacio de Salomon y en sus magníficas habitaciones se ve una figura de la Iglesia, que abraza muchas iglesias particulares, reunidas todas por medio de la comun union con el romano pontífice, centro de la unidad. Tambien se representan todas las almas justas, unidas por la caridad con su cabeza Jesu-Christo.
  22. San Agustin aplica esto á la Iglesia, que es como azucena entre espinos. Is. V. v.6.
  23. O también: Como entre plantas silvestres el manzano. Con el nombre de manzano se denota todo árbol frutal.
  24. El vino, y el uso de él es á veces símbolo del amor, y también de la vehemencia con que este arrebata y saca fuera de sí las almas, elevándolas á la contemplación de los mas sublimes misterios.
  25. Hizo que amase primero á Dios y al prójimo por Dios. Otros dicen, que da á entender que el amor fue la señal, el estandarte, insignia ó divisa que tomó el Esposo; fundados en que el hebreo dice: y su bandera sobre mi amor.
  26. Una alma herida del divino amor no halla consuelo ni remedio sino en su esposo celestial Jesu-Christo. Por la izquierda puede entenderse la divina gracia, con que la sostiene entre las tribulaciones de esta vida; y por la derecha la felicidad eterna, ó el abrazo que le dará Jesu-Christo al recibirla en su seno.
  27. El señor Bossuet pone fin aquí al primer dia de las bodas, de los siete que duraban las fiestas.
  28. Se figura aquí á la Esposa que cuenta lo que le pasó entre sueños en el primer dia de las bodas.
  29. Todo esto se interpreta místicamente de la Iglesia, después que nació Jesu-Christo, flor del campo, y también de su santísima Madre, de los Apóstoles, etc. En las viñas se figuran las iglesias que luego se plantaron, aun entre los gentiles.
  30. Por estas raposas entienden comunmente los Padres á los hereges, haciéndoles frente y procurando inutilizar sus conatos. También puede aplicarse á los sábios del siglo, de quienes habla el Apóstol I. Cor. I. v.17 y siguiente. Y últimamente se aplica á los defectos de las almas buenas, para que cuiden de corregirlos desde el principio.
  31. Esta ciudad es Jerusalem, figura de la Iglesia. Esto indica á las almas deseosas de agradar á su divino Esposo, que no hay que pensar en hallar á Dios descansando en la ociosidad y tibieza espiritual: no hay peligro ni riesgo que no debamos arrostrar cuando se trata del amor de nuestro Esposo celestial; y aunque no le hallemos luego, no debemos por eso desmayar. Todo esto hizo María Magdalena, que era figura de la Iglesia, al buscar á Jesús. Joan. XX. v.1, 2, 13, 17. En este capítulo comienza el tercer dia ó noche de las fiestas.
  32. Se figura aquí que después de haber reposado la Esposa, sale á pasear adornada con todas las galas de novia: Los hebreos suelen llamar desierto todo campo fuera de las poblaciones.
  33. La voz ferculum, que corresponde á la griega φορεῖον, de que usaron los Setenta, puede traducirse, litera, coche, carroza, silla de manos, andas, etc.
  34. Llevaban los novios una corona ó guirnalda sobre su cabeza (Is. LXI. v.10) y esta se la ponian sus madres. La humanidad fue la corona que recibió Jesu-Christo de su santísima Madre; y con ella triunfó de la muerte y del pecado. Otra corona recibió el Señor sobre su cabeza, que fue la de espinas, que le puso otra madre cruel que fue la Synagoga. Y este dia fue alegre para el Señor, porque consumó su grande obra. Luc. XII. v.50. Ademas recibió la corona de la inmortalidad en el dia de su resurreccion. Heb. II. v.9.—Ps. XX. v.4.
  35. Las palabras hebreas מבער לעמתר Mibanjad letsamatec, se traducen de todos estos modos: entre tus guedejas: entre tus copetes, ó rizos, ó debajo de tu velo, etc, que todo viene á significar la parte de las mejillas que cubria el cabello, que dividido en dos partes ó lados, ocultaba hasta una parte de los mismos ojos. Todas las semejanzas que siguen, son al estilo de las poesias bucólicas ó pastoriles, y segun el genio de la lengua hebrea; de lo cual aun ahora se usan muchas expresiones iguales en las provincias meridionales de España.
  36. O como un cacho de ella.
  37. O de lo que ocultan los hermosos cabellos de tu frente.
  38. Esto pertenece principalmente á la Iglesia triunfante. Pero si se refiere á la militante, se dice, ser sin defecto, por lo que mira á la profesión de santidad, y á la pureza de su fé. Muchos santos y doctores aplican estas expresiones á la Madre de Dios.
  39. Aludirá esta expresión á la costumbre entre los tales de ir las mugeres muy tapadas al salir de casa, cubriéndose toda la cabeza con un velo, y dejando descubierto lo preciso de la cara para ter dónde ponen los pies, y no tropezar. Puede traducirse: con uno solo de tus ojos.
  40. En sentido espiritual se entiende por esta fuente cerrada la Iglesia; segun se ve en el profeta Zachârías, capítulo XIII. v.1. Es fuente de pura y santa doctrina, sin mezcla de error.
  41. Véase Aloe. El cinamomo es de olor muy delicado, y de mayor precio que la canela.
  42. Hermosa apóstrofe poética con que el Esposo dirige su razonamiento al Cierzo para que se vaya, y no dañe á su florido jardin; y al Ábrego para que venga á recrear las plantas con su soplo templado y apacible.
  43. Apenas habia acabado la Esposa de convidar á su Esposo., cuando este habla del convite como ya admitido, y en pretérito, según estilo de la Escritura, de usar de un tiempo por otro, para mostrar la certeza de lo futuro con hablar de ello como de cosa hecha.
  44. Aquí comienza otro dia, según opina el señor Bossuet. Y así cuenta la Esposa lo que la sucedió aquella noche, cuando su Esposo llamó á la puerta, y se volvió á ir, etc. Véase el Maestro Leon.
  45. El señor Goguet en su obra L'origine des lois, etc, tomo 4. lib. 2. fel. 31. observa que es muy difícil ahora concebir y explicar las varias maneras con que, segun se ve en Homero, se cerraban y abrían antiguamente las puertas. Se infiere, sí, claramente que las cerraduras y llaves de que se servían los griegos, no se semejaban en nada á las nuestras; aunque no es fácil tampoco comprender el juego ó mecanismo de los instrumentos de que usaban para cerrar ó abrir. Se conjetura que habia por dentro de la puerta una especie de barra ó cerrojo, que se podia aflojar ó levantar por medio de una correa; y que las llaves que servían á esta maniobra, estaban hechas á manera de corchete ó garabato: siendo como un liston ó hilo de cobre bastante largo en forma de hoz de segar, con un mango de marfil ó de madera. En la puerta habria un agujero que venia á caer sobre el cerrojo; y por este agujero se introducia la llave; se asia por medio de ella la correa que estaba cosida ú atada al cerrojo, se la levantaba, y se abria así la puerta.
  46. Las palabras de la Vulgata ad lactum ejus, no se hallan en el texto hebreo ni en los Setenta.
  47. El Maestro León presupone que la Esposa tomaría en sus manos algún botecillo de mirra para ofrecerle al Esposo, y que con la priesa se le derramaría el perfume entre las manos.
  48. Los Padres entienden significado aquí el Verbo eterno: y explican de Jesu-Chrisío las señas que da la Esposa para conocer á su Esposo.
  49. O como los vistosos estambres de las palmas.
  50. Estos lirios rosados, ó de color de púrpura, se crían en la Syria, y son muy estimados.
  51. Dice esto la Esposa respondiendo á las hijas de Jerusalem, no en tono de afirmarlo de cierto. Pero mientras lo decia, se le presenta delante el mismo Esposo, y viéndola tan afanada en buscarle, le habla con entrañable cariño.
  52. Todo lo vences con las flechas que arroja tu corazon, y las saetas que despiden tus ojos. Y así le suplica que aparte de él por un poco sus ojos; pues le tienen como fuera de si. Esto es, le pide aquello mismo que no quiere que le conceda.
  53. Sin embargo que tus cabellos cubren parte de tu rosada frente, y hermosas mejillas.
  54. Parece que aquí se alude á lo que en aquel tiempo se veia en los palacios, en donde habia muchas esposas con titulo de reinas, y otras muchas mas esposas secundarias, pero sin los honores ni derechos de reinas: todas empero eran mugeres legítimas. Esth. II. v.3. Véase Concubinas. Y para encarecer el Esposo su amor, dice que á todas prefiere su Esposa. Y asi dice v. 8: Pero una sola es mi paloma.
  55. En este verso se responde á lo que ha dicho el Esposo en el anterior. Segun el comun sentir de los Padres y expositores, la que aquí habla es la Synagoga. Y es de notar que en el original hebreo la palabra Aminadab son dos voces רמי נעיב que significan de mi pueblo voluntario: por esto muchos lo entienden como nombre apelativo, y no como propio de persona ni lugar. Así lo confirman varios rabinos, y se ve en algunas versiones griegas antiguas. Esto supuesto, la Synagoga ya convertida (como le será algun dia, segun el vaticinio de los Profetas y del apóstol san Pablo) confiesa aquí su funestísima ignorancia, y esta confesion es ya señal de su cordura. Dicha ignorancia es aquel velo que, segun la expresion del Apóstol (II. Cor. v.15.) aun el dia de hoy cuando se lee á Moyses, cubre el corazon de los hebreos; pero en convirtiéndose este pueblo al Señor se quitará el velo. Entonces la Synagoga compungida dirá: El Esposo bajó al huerto de los nogales, visitó su viña y vino á ver si habia florecido: mas yo estuve en la ignorancia, no conocí al Mesías ni el tiempo de su visita ó venida; y se cumplió por mi desgracia aquel terrible vaticinio de Isaías (capítulo 6. vers. 10): Embota el corazon de ese pueblo, tapa sus orejas y véndale los ojos, etc. Y Jesu-Christo decia en la cruz: Padre mio, perdónalos, porque no saben lo que se hacen. Luc. XXIII. v.34. Pero despues al ver la Synagoga que predicando el Evangelio los apóstoles, corria de tropel á la Iglesia la muchedumbre de las naciones gentiles que ella reputaba por malditas, y se formaba un pueblo ó reunion voluntaria ó espontánea de gentes de todos los pueblos, se turbó y se obstinó mas en su ceguedad, viendo que el Señor se dejó hallar de aquellos que antes no le buscaban. Is. LXV. v.1. Desde entónces fue injerto el ramo del olivo fructífero. Rom. X. v.28.—XI. v.24. Y esto parece que llora la Synagoga cuando dice: Conturbóse mi alma por los carros de Aminadab.
  56. Sulamitis (y no Sunamitis como se lee en los Setenta) es palabra derivada de Schelemoh, Salomon, ó Pacífico, Feliz, Augusto; y así Sulamitis quiere decir que es cosa de Salomon, ó como quien dice Salomona, Pacíica, etc. Otros la derivan de Schalem, nombre dado á Jerusalem; pero el sentido viene á ser el mismo.
  57. O una mezcla de cosas agradables y terribles? O tambien: sino coros militares de música? Es la respuesta que da la Esposa á lo que decia aquel coro de doncellas que la habia alabado; y las confirma en lo que decian. Entonces las doncellas comenzaron de nuevo á loar mas particularmente la gracia y gentileza de la Esposa. Todas las comparaciones que siguen, son al estilo y gusto de los pueblos orientales, y nos parecerán impropias, si solo atendemos á nuestros usos y lenguage. En este capitulo comienza el quinto dia.
  58. En la Palestina, y aun en otras partes, solían enredar las vides con palmeros; como en varias provincias de España las enredan con los olmos ú otros árboles, para que estén mas expuestas al sol y libres de humedad, etc. A los racimos, pues, colgados de una vid asida á una palma, asemeja los dos pechos; los cuales, en sentido místico, representan los dos preceptos del amor de Dios y del prójimo, ó los dos Testamentos.
  59. Aquí pone el señor Bossnet el fin del dia quinto.
  60. Alude esta expresion figurada á la persuasion de la gente sobre la virtud de las mandrágoras. Véase Gen. XXX. v.14. Véase Escritura.
  61. Lo cual se dice para denotar una gran abundancia. Lev. XXVI. v.10.—Matth. XIII. v.52.
  62. Alude á las caricias que suelen hacer las hermanas á un hermanito suyo cuando es todavía chiquito, si le encuentran alguna vez fuera de casa; pues luego le toman en brazos, le dan mil besos, y le preguntan: ¿de dónde vienes? ¿qué te han dado? El niño responde alguna palabra con sus balbucientes labios, y después la hermana le da algún dulce, etc. Esto hacen las mugeres con los niños en medio de las calles y paseos con mucha eficacia, sin que nadie lo extrañe: y los niños parlan cuanto han visto y oido, y lo dicen bien ó mal, y con gran placer de sus madres ó amas que los crian.
  63. O vino confeccionado con varios aromas.
  64. En estos términos figurados y poéticos se alude á las prácticas y usos que se observaban en tiempo de las bodas. Gen. XXIV. v.67.
  65. Aquí pone fin al dia sexto de las bodas el señor Bossuet.
  66. El Maestro León supone que este verso 5 es como un paréntesis entre el razonamiento del Esposo y Esposa; y que por lo mismo son palabras de las amigas ó personas que, después del desmayo que padeció la Esposa, la vieron venir del campo con su Esposo. Este, para que la Esposa no se engría con tantas alabanzas, le hace presente de dónde le viene tanta dicha, trayéndole á la memoria aquel árbol funesto, bajo del cual Eva su madre habia sido pervertida por la serpiente, y perdido la inocencia.
  67. Según el hebreo: allí te parió tu madre, allí parió la que te concibió.
  68. En hebreo: llama divina, esto es, de grande actividad. Véase Dios.
  69. Todo esto, en un sentido espiritual, se aplica al amor perfecto que Dios pide á las almas.
  70. Expresiones son todas estas para denotar el Esposo que queda á su cargo el cuidar de una hermana que tiene la Esposa, levantando baluartes para defenderla, y reforzando las puertas. A todo lo cual contéstala Esposa, que así la sucedió á ella. Añade después, que ella misma cuida una viña que tiene; y por lo mismo que la hará valer mas que la que Salomón arrendó á unos colonos. Véase la parábola de la viña que Jesu-Christo propuso á los sacerdotes de los judíos. Matth. XXI. v.33.
  71. Segun el hebreo puede traducirse: desde que fui tan favorecida que hallé en él la paz ó felicidad.
  72. O en las cercanías de Jerusalem.
  73. Hemos visto ya que la Iglesia es comparada á un jardin cap. IV. v. 12. y la Esposa á una jardinera. La Iglesia y los santos Padres, especialmente san Ambrosio, aplican muchos lugares de los Cánticos á María santísima, madre del divino Verbo; y así la virgen María es aquella tota pulchra, etc.