La biblioteca de las maravillas

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
La biblioteca de las maravillas (1993) de Antonio Domínguez Hidalgo


ANTONIO DOMÍNGUEZ HIDALGO

LA BIBLIOTECA DE LAS MARAVILLAS


Cuentos de ficción lingüística
para niñas y niños.
(Y alguno que otro adulto)






Primera Edición 1993








En recuerdo de Edward Lear,

pionero del sin sentido…










LA BIBLIOTECA DE LAS MARAVILLAS

Hoy la descubrí a cinco calles de mi casa. Nunca había viajado tan lejos, pues mi madre siempre ha estado vigilando mis caminatas y nunca deja de acompañarme.
Me dice que debo tener cuidado al atravesar las calles, pues hay algunos automovilistas y camioneros que se sienten dueños de ellas y suelen producir accidentes.
A mi primo lo atropelló un taxista el otro día y le fracturó la pierna. El señor chofer dijo que mi pariente había cruzado con descuido la avenida.
Por eso, para mí fue una sorpresa muy agradable descubrir esta biblioteca. Aquí no corro peligro. Es enorme. Parece un castillo de las películas de dragones. Cuando uno entra, es como un sonriente pulpo que nos ofrece cariñoso sus tentáculos para pasear por ellos. Al menos a mí, así me parecen sus laberintos de corredores repletos de estanterías abarrotadas de libros. Imagino que de pronto se abrirá una puerta secreta, disimulada entre ellos, y me invitará a penetrar por sus interiores asombrosos y fantásticos.
Por eso me impresioné, cuando estaba imaginando esto, y vi que justamente una puerta librero se abría y salía una bella señorita que me pareció un hada madrina cargada de tres enormes volúmenes.
–Hola- me dijo. -¿Buscas algún libro en especial?- Yo estaba tan emocionado por la puerta, que le pregunté si podía yo pasar por allí. Ella me dijo:
-Adelante. - Entré y detrás de mí, vi cómo cerraba sonriente. Adentro había un mundo impresionante de libros y muchos pasillos. De pronto me sentí perdido en ellos y fui descubriendo muchas otras puertas disimuladas entre los estantes que conducían a diversos salones repletos de libros.
Caminaba entre estos laberintos, explorándolos, cuando escuché una voz que me hacía:
-Pst, pst...-y me decía:- Es por el corredor de la izquierda...
-Voltee sorprendido y cuál no sería mi sorpresa cuando descubrí a Peter Pan que junto con Alicia me saludaban muy amables diciéndome:
-Bienvenido a la biblioteca del País de las Maravillas.
Yo no sabía qué decir en mi asombro y sólo le pregunté a Peter:
-¿No que tú vivías en el País de Nunca Jamás?
-Sí, claro que sí, pero con frecuencia viajo a este lugar del mundo para desaburrirme de tantas aventuras y travesuras y holguras y locuras.
¡Me harta que el capitán Garfio nunca pueda vencerme ni convencerme ni hacerme daño! Así que dejo a todos mis camaradas y vengo a este refugio donde encuentro mucha diversión abriendo libros y metiéndome en ellos para juguetear con todo el mundo que tienen: dinosaurios, dragones, merlines, princesas, momias, hombres lobos, vampiros, duendes, genios, aparecidos y desaparecidos, héroes atléticos, detectives y simpáticas brujas despistadas.
-¡Ah!- quedé pasmado mientras Alicia me decía: -Sí, por aquí también anda que anda y anda el conejo relojero, la reina de las barajas, la tontuela de Blanca Nieves, la muy hipocritona de Cenicienta dándole vuelo a la hilacha en los bailes, como Rosita Alvírez de los corridos mexicanos o la dama de Sevilla que va a la Ermita de San Simón. También anda deshaciendo entuertos el valiente Don Quijote que junto con el Cid quieren vencer a los malvados reyes de la noche de Nueva York. Y Sherezada no se cansa de cuentearnos.
-¿Todo eso hay en la Biblioteca de las Maravillas?- pregunté admirado-
A la par, Alicia y Peter me respondieron:
-¡Esto y mucho más!-
-¡Claro que sí!- respondió un coro de fantásticas voces salidas de los libros. Luego se fueron presentando diciéndome gustosos: Yo soy Gilgamesh. Yo Rama. Yo me llamo Sansón. Él es Hércules. Aladino, soy. ¡Aquí está Simbad! ¡Y Alí Babá también! Hamlet para servirte. Me dicen Sigfrido. A mí Amadís. Yo soy Dafnis y ella es Cloe. Mírame, soy Julieta y me acompañan Ofelia y Desdémona. No me olviden: soy el Lazarillo de Tormes y mi primo el Periquillo Sarniento. De pronto, de otro librero brotaron voces, como en eco, diciendo:
- ¡Ey! ¡Escucha! Nosotros somos los trabalingüísticos y dicen que divertimos mucho. ¡Léenos! No te arrepentirás.
Ahí fue cuando todos los libros hablantines y muchos más, quedaron encerrados en su silencio, como esperando que los abriera.
Entonces vi uno que se encontraba ubicado en un escritorio de color ocre y fascinado comencé a leer su título…
Historias de la brujita Brujilda
y los bravucones libreros

Eran crónicas de brujerías en broma, escritas en acertijos por una brujita escritora. En mi libreta escribí algunos que me parecieron muy chistosos:
-Que la bronca cobra se vuelva una liebre súper libre.
-Que esta cebra cobriza se haga microbio acróbata.
-Que este cráneo hambriento abra sus ojos en cruz.
El librito narraba muchos cuentos trabalingüísticos y en su introducción decía que como unos bravucones libreros no querían vender las increíbles obras de la brujita escritora y le cobraban comisiones muy caras para hacerlo, la brujilla un día puso crema de crisantemo en un broche para embrujarlos con un brebaje y los embruteció con sus fórmulas embrujadoras. Para eso, mientras movía una enorme brocha, dijo estos otros embrujos:
Abracadabra la liebre,
Abracadabra la cabra.
Abracadabra el cabrito,
Abracadabra la cobra.

Brote una bruma embrujada;
libre su brisa insalubre;
abra sus brazos de cobre
que lean mis obras macabras.

Y cuenta también que la embrujadora sacó de un sombrero, un brillante y un colibrí de bronce, brincó sobre unas brasas y brusca se agitó como si le dieran calambres gritando bravo, bravo, soy más brava yo.
Así terminó de fabricar sus brujerías para hacer de los bravucones libreros, sus abrumados lectores. Desde entonces todos los vendedores de libros tuvieron que leer los bromistas cuentos que ella escribía en clave trabalingüística.
Yo quedé como hechizado por las cabriolas que daban las palabras ante mis ojos. Formaban relatos de aparente sin sentido, pero que al leerlos en voz alta, parecían sugerir curiosas y entretenidas significaciones.
Entusiasmado continué su lectura...
 
El globo flacucho

Había una vez un globo muy, pero muy flaco; tan flaco que parecía una plumita blanca. Así que por su flacura deseaba inflarse para ser muy atlético y adorable. Él soñaba con ser un enorme atlante que se llamaría Atlas. Así que se infló y se infló tanto, tanto, que cuando se vio como un musculoso atleta, se sintió superior a cualquier globo flaco y presumía:
-¡Ea, flacos! Doblen este cable de plomo.
Y tú esquelética pluma, trata de desplomarme.
¡Nadie me puede aplacar pues soy brillante como de plata.
Pero, oh, presunción, un día claro, de clima caluroso, mientras flotaba pleno de vanidad, se le atravesó un clavo y... ¡plas, tlas, flas, glas, clas, blas! Se desinfló para siempre.
Conclusión: nunca seamos presumidos. ¡Nunca te infles como un globo flacucho! Siempre que triunfes, sé amable y amigable al doble. No como los oblicuos que por una oblea se doblan.

 
El dragón y Sidra

Por la barda de ladrillos mi perro Sidra ladró dramático al dragón Drogón, el malvado, cuando éste salió de su madriguera. Oculto como un ladrón estaba en el drenaje que drena el zoológico. Esto causaba adrenalina pura en mí, pero yo confié en mi ladrador amigo.
Drogón había aterrado a un dromedario insaciable de beber que había madrugado para cargar el odre de su joroba. Hasta los cocodrilos se espantaron.
Cuando vio la casa de ladrillo de mi padrino, quiso tirarla. Sidra, mi perrito ladrador, lo detuvo entonces con sus ladridos y a pedradas lo hicimos correr como en el hipódromo.
Don Tigre engrasa su grúa

Cuantas lágrimas derramó Don Tigre de Bengala. Su grúa se había quedado sin grasa en medio de la pradera. ¡Qué desgracia tan negra! ¡Qué grandes gruñidos daba! El carácter se le agrió y se puso grave en alto grado.
El pelo se le engrifó por la desgracia de no tener aquello que para él era casi sagrado. Imagínense, un tigre sin grúa a mitad de la llanura tan transitada. ¿Podría creerse?
Hasta había ennegrecido por la preocupación. Casi parecía pantera. Un grillo, por supuesto, le dijo que buscara el grifo grasiento en alguna de las grutas de los ogros Malolientes donde lo hallaría.
Don Tigre de Bengala agradeció y se puso nuevamente alegre. Cuando llegó al gruterío se enfrentó al grave problema de encontrar la gruta de su tesoro, pues eran tantas. ¿En cuál de ellas se ocultaría? Meditó un rato y agresivo escogió la más grande. Al poco rato regresó haciendo graciosas caravanas, mientras el ogro Huelerancio lo despedía contando como un avaro los dólares ganados por venderle el barrilillo.
Así, Don Tigre de Bengala recuperó las rayas de su vestimenta y engrasando su dichosa grúa continuó su vagar por las selvas invadidas de tránsito que un día se llamaron vírgenes.
 
El ogro negro y su gruesa suegra

Si don Tigre de Bengala no se hubiera marchado tan pronto y su entusiasmo lo hubiera detenido un poco, hubiera visto como el ogro de mugre negro salía de una gruta gris. Pegaba muchos gritos como un tigre en gresca porque su gruesa y agresiva suegra desgraciadamente le venía arrojando vinagre por mugroso.
-Límpiate la mugriza- le gritaba.
¡Qué grande desagrado para un ograzo. ¡Qué grotesco agravio! ¡Qué agrio logro! Ahora resulta que hay ogros más ogros que los peores ogros: las suegras ogresas. Y es que, como en las selvas ha triunfado la liberación de las ogras, los ogros han tenido que bajar su estatura.

 
Don Escritorio usa crema
antes de escribir

Miren nada más, a pesar de tanta crema que se pone, qué mal escriba es Don Escritorio Croquis Cruentes y Cras. Sus crujidos cuando escribe, hacen cráteres en el papel micro. No puede escribir la palabra crisantemo. Cree que es algo crudo y cromado.
Como no tiene cráneo, no da crédito a ninguna crónica. Es muy escrupuloso, pero no sabe escritura. ¡Y pensar que se ha creído escritor! Qué cruel creer que se escribe si no se pone fantasía a los escritos. Porque escribir de la realidad… mejor vivirla.
 
Doña Blusa tiembla
cuando se mueve el cable

Temblorosa Doña Blusa se puso blanquísima de susto. Pensó que el cable desdoblado donde estaba colgada, era un sable del diablo.
-¡Qué diabluras ni que nada!- le habló Pablo, el calcetín sublime en su doblez endeble. Él que estaba tan acostumbrado a doblarse como chupa dedo gordo de la nobleza.-Mientras más blando esté el cableado, más se va doblando, pero como está bien estirado, sólo retiembla.
No hay doblete que pueda tirar nuestras blancuras. Así es que, restablézcase Doña Blusa Blanca, comiéndose un fusible y ya no tiemble por este cablecito. El hierro es mineral muy noble.
Doña Primavera
llega de prisa al prado

Como es tan preciosa, Doña Primavera presumía de sus caprichos de prosperidad y siempre se apresuraba imprudente a pregonar sus preciosuras de princesa.
Por eso el presidente del tiempo la hizo presa de un profundo sueño. Cuando despertó, vio cómo el invierno apretaba sus fríos en mayo y sorprendida se levantó. Se había quedado dormida en sus proezas de presumida.
Con prontitud corrigió su presunción y con presura se aproximó a la pradera apresada en el hielo.
Así procedió a colmarla de verdes prados.
 
Doña Flor se peina con fleco
para tocar la flauta

Cuando Doña Flor florece, flota un perfume florista, y saca su flauta inflamada de amor.
Peinada de florones, hace una floritura de hermosas flexiones.
Su música es como una flecha que fluye flamante desde su flautín. Sólo le flagela que no pueda tocar algo flamenco, porque la floresta no es flautista de Flandes ni de Hamelin.
Si vieran como le aflige.
Hasta su fleco se le afloja y flota como si dijera ¡Olé! ¡Olé!
 
Por esa pluma coquetona
los platos se aplastan la nariz

¡Ah, qué pleito el de los platos por culpa de esa pluma plateada!
En plena plazoleta, cual plebeyos plataneros, no escuchan las plumíferas plegarias y se dan de platazos entre chispas platinadas.
Una plétora de platillos le rinde pleitesía a la plumilla que se hace la plenipotenciaria.
Planamente despedazados por pleitistas, los platillos son barridos por una plebe de escobas que nada saben de amores platónicos.
 
Por culpa de un clavo
Doña Bicicleta
dice ¡ay! con su claxon

Doña Bicicleta iba a su clase de música. Llevaba un clarinete adornado con clavellinas; también un clavecín, un clavicordio y un clavicémbalo.
Iba callado su claxon, pues no sabía en qué clave tocarlo, declaraba.
De pronto un clavo clandestino se le clavó en su llanta delantera. El clamor que dio, se oyó muy claro, pero se desafinó tan sin clemencia, que nadie quiso aclamarla y tuvo que reciclarse en monociclo.
 
Doña Glicerina
pasea con un globo
vestida como en otros siglos

Doña Glicerina Glifo se gloria de ir glamurosa a la iglesia cargando un antiguo reglamento.
Anda vestida a la inglesa en este siglo moderno.
Lleva siempre un globo de glucosa que siempre se va comiendo, pues es muy glotona.
Camina por la glorieta luciendo su traje de glisé en espera de algún gladiador que la acompañe a tomar el té y los dos hagan glu-glu-glú.
 
Un drama frenético

Bajo un alto cedro
sentado en la piedra
dibujo este cuadro
pintando una hiedra.

Mi padre me ha dicho
muy de madrugada:
-Dáselo a tu madre
envuelto en franela.

Frenético entonces
me como unas fresas
y enfrento muy franco
un drama frontal:

—No seas tan dramático.
Me dice mi madre.
—No frunzas la frente.
¡Es lindo el cuadrito!
¡Te quedó muy bien!

Francisquito se cayó
en el fregadero

Como el agua estaba muy fría, mi amigo Francisco se resfrió. ¡Qué frágil muchachito! Había hecho una fragata de cartón con franjas color azufre para jugar en el fregadero, pero se agachó tanto que no pudo frenar y se dio un fregadazo. Se fue de cabeza y se pegó en la frente. Menudo frentazo se dio.
Ahora se da una friega de alcohol y se frota con la franela que burlona le dice un friolento fru-fru:
-¿Ya viste lo que pasa por ser un descuidado sin freno?
 
El misterioso cofre francés

En el jardín de enfrente me encontré un cofre misterioso que viene de Francia.
Qué frecuentes descuidos de algunos olvidadizos. Y luego dicen que por qué frunzo el seño y soy tan franco.
Abro el cofre y descubro una fruta fría. ¡Qué fresca fresa del cofre! Se ve tan frágil, pero tan fragante. Me siento debajo de un fresno y ahora que no hace frío, me froto entusiasmado la frente para sentir la frescura de mi fructífero encuentro.
Por hoy no frunzo el seño, pues esta frutilla tan refrescante, me ofrece su sabroso tesoro frutal.
 
El aprieto de mi primo

Hoy estoy preso de un aprieto: el aprieto de mi primo. Mi primo de primero no ha pasado una prueba y como yo lo aprecio y me precio de ser prudente, quisiera que aprobara su próximo examen.
Es una empresa apremiante y con prisa prometí ayudarlo. Pronto lo comprobará. Seguro que lo promueven a segundo de primaria.
Será un gran premio para mí porque así yo también progreso. Si he regañado a mi primo es para su provecho. Aunque me digan protestón, quiero que mi primo sea premiado con buenas calificaciones.
 
Flaco y flojo

Tengo un amigo que se llena de aflicción por estar flaco. Yo quiero influir en él para que se flete a hacer gimnasia. Le digo que no sea flojo, que haga florecer sus músculos.
-Con puros flanes te aflojas y luego te afliges de tu flaqueza. Sé flexible y sal a flote. No te desinfles a la primera flexión. Inflámate de energía y vas a ver que fluido entrenarás.
Con tanta flojera seguirás tan flaquísimo como un flautín. Con flamantes alimentos y fluctuantes ejercicios, no te flagelarán las enfermedades ni estarás tan flácido.
 
Trino el atrapado

Trino estaba triste y para distraerse atrapó una trucha. No hizo caso al letrero de ¡NO! Lo vio una patrulla y le tronó la metralla.
Cuando llegó la tropa, él fue el atrapado.
—Manos atrás- ¡Y al trasto su linda treta! Le salió caro su tramposo atrevimiento.
Tremendo susto se llevó por hacer trampa y tuvo que pagar triple multa por su intento de trinquete. Pensó que triunfaba, mas tronó en su triquiñuela.
 
Al club en triciclo

Mi amiga Clotilde tiene un triciclo. Cuando hace buen clima, clama por llevarlo al club.
Lo adorna con claveles de claros colores y toca un clarín como si fuera aclamada. Esponjada como clueca parece un ciclón.
Cuando llega, le pone un ancla muy pesada para que nadie pueda moverlo y un candado con una clave secreta que impide abrirlo.
¡Ay que Cloti tan desconfiada!

 
La publicidad del noble Blas

Hoy hablo en defensa de mi amigo Blas para evitar habladurías. Me molesta que hablen de alguien que es tan afable.
Él puso una tablita de roble como emblema de su pueblo al público. Así hizo una noble publicidad a su establo.
En bloque afamó al poblado y a su blanco ganado. No fue un mentiroso hablador, sino un amable cooperador.
Los pobladores debían cuidar sus lenguas terribles y agradecerle a Blas su elogiable conducta, pues benefició a todas las lecherías de la población.
 
La gloria de un inglés

Un inglés iba hacia Inglaterra, pero el globo donde volaba con un ramo de gladiolas para su novia inglesa cayó en un glaciar. El clima era glacial y tuvo que pasar casi un siglo en un iglú.
Siguiendo las reglas de los ingleses fue rescatado gloriosamente. Vestidos como de etiqueta, los elegantes pingüinos fueron los únicos en despedirse del orgulloso anglo.
¡Ah que los ingleses tan “eleglantes”!
Ni en los cuentos de piratas pierden su compostura.
 
Don Trompo en un trono
luce sus trapos

Entre tanto, en otra trampa, Don Trompo fue muy trampeado.
Cuatro trajes de trapo atrasado estrenó con su trono intrincado. Se mandó hacer un retrato dándose un trato triunfal.
Mas después de su atrevido teatro, que aparece el dueño destronado y tras de trece trompadas, lo dieron por estrellado. Por traidor le pusieron el potro y tronaron sus atrocidades.
Así trotan lo bailado sobre inocentes trigales quienes usurpan la trama con ambiciones triviales.
 
La playa del plomero

Juanito, el plomero, aplica mucho plomo en su placa. Usa el soplete en la plaza donde el plano dice que le sople completo. Y colocando el niple, canta una copla como si descansara en la playa.

Coplero que soy coplero:
escuchen todos mi copla;
de oficio soy un plomero,
pero de alma cancionero
y la música me sopla
sus aplausos emoción.

Donde Juanito, el plomero, se planta, las inundaciones pluviales no se presentan, pues siempre planifica bien sus planteos.
¡Qué plena voluntad para el trabajo!
 
El atleta corre de Tlalpan
a Tenochtitlan

En un gimnasio de Atlixco ejercitan los atletas. ¡Qué cuerpos tan atléticos! Así de forzudo sería Atlas, el griego que cargaba el mundo a sus espaldas.
Estos atletas son verdaderamente atlantes. Van a competir por el trofeo Atlántico. Quieren ganar también el maratón de Tlalpan a Cuauhtitlan que atraviesa por Tenochtitlan. Para eso practican el atletismo.
Un día yo seré un atleta que corra desde Tlalpan a Tenochtitlan y con el premio que gane abriré una tlapalería que se llame La Moderna Atlacomulco.

 
La lengua de México-Tenochtitlan
La lengua náhuatl se hablaba en Tenochtitlan, nombre antiguo de la ciudad de México, donde Tezcatlipoca era el símbolo de la conciencia, Quetzalcóatl representaba la inteligencia creadora y Huitzilopochtli simbolizaba la voluntad.
Saber náhuatl te llevaría a entender lo que quiere decir Cuauhtitlan, Coatlicue, Tochtli, Meztli, Tlaloc, Teotl Ipalnemohuani, Cuauhtlatoatzin.
Ser nahuatlaco es amar el pasado grandioso de México para revivirlo, mejorándolo.

Canción mexicana

Yo he nacido en un país de muchas X.
Se pasea en Xochimilco entre xilófonos.
Come guisos con chilito de Xalapa
y en Oaxaca renació su patrio honor.

Yo he nacido en un país llamado México.
Mexicano exitoso eso lo soy.
Es el centro de su X nuestro ombligo
que hace exacto al México de hoy.

Mexicano, mexiquense o como quieran,
todos somos la mexicanidad.
Remolino de X nuestra tierra:
Xochipilli extendiendo la hermandad.

Yo he nacido en un país de muchas X.

Examina si no: Taxqueña, Tlaxcala, Xalostoc, Texcoco, Necaxa, Uxmal, Taxco, Tuxtla, Tuxpan, Atlixco, Acoxpan y muchas “max...”

¡Qué excelente excursión por México!


El triunfo de la sonrisa

Capítulo I
Blanca Estrella y Dulce Trino
eran dos buenas princesas
que poblaban hace tiempo
el reino de las Tristezas.

Y es que el cruel de Don Blasfemo
con sus intrigas terribles
había dicho que ser triste
es mejor que estar risibles.

Y su Tratado de Llanto
era lectura obligada.
El pueblo siempre temblando
hablaba en ley aceptada.

Don Blasfemo tenía el trono
protegido a sable y cable
y era intrépida tragedia
la sonrisa inalcanzable.
Capítulo II
Clarín Clarinete
y Flaquín Flequín
eran dos donceles
del reino Risín.

Clareando mañanas
flotaba el reír
y había en las ventanas
de risas fluir.

Su clave eran flores
y flamas de sol.
Tecleaban al flujo
del clima arrebol.

Risas clorofílicas
en clases flamantes
anclaban tranquilas
aflicciones de antes.


Un día salió a flote
el triste clamor:
-¡Qué acabe el azote
de Blasfe, el Terror!

Capítulo III
Clarinete y Flaquincillo
subieron a un globo un día
en búsqueda de la gloria,
gladiadores de alegría.

Flaquincillo se hizo atlético
y Clarinete un atlante
y el reglamento Blasfemo
de glacial se puso amante.

-Par de plebeyos glotones.-
Don Blasfe dijo pleitista.
Platoneadas las princesas,
el amor las salva en risas.

Y derramando glucosa
entre plegarias de llanto
la plebe lo ató en la plaza
y luego lo envió al Atlántico.

Clarinete y Flaquincillo
casaron con las princesas:
Dulce Trino y Clarinete;
Flaquincillo y Blanca Estrella.

Así acabaron sonrientes
en este cuento de risa
y todos sus blancos dientes
lucieron en gran sonrisa.

El grillito encantado

-Y prometo dar las gracias-
dijo el grillo Primitivo
y en aquella primavera
la princesa Gran Rocío
apresurando las gradas
de su grandioso castillo,
bajó gritando hasta el prado
al ver que el príncipe Greco
era el grillito encantado.

-Gracias a ti, mi preciosa,
porque has comprado el elíxir
que pronto hará el agraciado
momento de ser felices.

Entonces el ogro negro
gruñó su desgracia agriada
cuando el grillo Primitivo
a príncipe regresaba.
Doña Rana y sus amigos

Doña Rana estaba en su casita
tomando su sopa de arañita.

Un oso soso la pisó.
¡Qué maloso paso dio!

Al mono le dio tristeza:
-Toma ranita esta fresa.

El burro un bote destapa
y saca riendo una papa.

Un topo sale a la luna:
-Come ranita esta tuna.

Limones da la paloma
cortados en esa loma.

El pato con todo y pata
le da de piña una lata


Una lima le da el toro
y una pera le da el loro.

Del bosque sale un buen puma
y a sus amigos se suma.

Corre que corre un coyote
y le da un pequeño elote.

El lobo malo ya es bueno
y le canta muy ameno:

-Amigos como la rana,
amigos por miles gana.



La vaca pesista


Una vaca con kimono:
¡Ay que vaca de buen tono!

Sudó y se quitó un buen kilo
para no perder estilo.

La vaca levanta pesas
y sube kioscos y mesas.

La vaquita corre y corre
para que más kilos borre.

Se toma un vaso de avena
a la mitad de su pena.

La vaca ama a su vaquero
y por eso tanto esmero.

La vaca se siente niña
a la mitad de la viña.

Quiere estar en la kermés
y por eso así la ves.

Vestida de color verde
va volando y se nos pierde.

Ilusionada de amores
le lleva un ramo de flores.


Doña Foca enamorada.

Coquetona Doña Foca
no le importa estar tan loca.

Con su bigote de risa
lava y lava una camisa.

Se enamoró de una foto
donde va Don Gato en moto

y como salió tan guapo,
le gana en fama a Don Sapo.

La foca con cafetera
se va por una escalera.

Don Gato agarra su vaso.
La foca le sale al paso.

Pensaba que era un foquito
y le resultó un gatito.


El hada color de humo

Hubo un tiempo en que las hadas
aún no estaban fatigadas.

Se escondían en las higueras
para limpiar sus ojeras

y con heladas harinas,
jóvenes eran sus ruinas.

En hamacas de hule y heno
jugaban con el sereno.

Las hadas avejentadas
se miraban renovadas.

Así cambiaban su cara
hasta en la forma más rara:

se convertían en ovejas
o en jabalíes sin orejas.

O pasaban como hojas
o cual abejas muy rojas.

Casi nadie adivinaba
si un hada oculta ahí estaba.

Y eran búhos o eran jarras
o forrajes o chicharras.

Un día que nadie evita,
perdió una su jugadita.

Disfrazada pajarito
se confundió con humito.

Dijo: -Siento que me entumo.
y me vuelvo color humo.

El hada más juguetona
se quedó así sin corona.

Por andar volando en fuego
se quemó en su propio juego.

-No me puedo más cambiar;
todo por tanto jugar.

La historia aquí no termina.
¿Qué más pasó? Imagina.

El hada con buen humor,
es decir, una humorada,

se quitó el color de humo
al volver a ser humana

y al recobrar la humildad,
humorista humanitaria,

sin más humíferos gestos
tan solo dijo humectada:

-Pajaritos a volar;
aquí el cuento va a acabar

y en bien de la humanidad
no me vuelvo más a ahumar.

Magia gitana

Una gitana gemela
gime al dolerle una muela;

su hermana gira una gema
y le dice que no tema.

-Con esta joya rayada
vas a quedar aliviada.

Payaso yodo de mayo,
ayúdala sin desmayo.

Y un enjoyado ayudante
que aparece en ese instante.

-Magia gentil de gitana,
quiero mirarte la mano.

Lo que necesitas ya,
girando aparecerá.

Jugando al yoyo has de ver
que el dolor has de perder.

Cual mágica ave que vuela,
adiós al dolor de muela.

El guerrero guitarrero

Sigue, amiguito, este cuento
que consigue estar contento.

Era un guerrero aguerrido
y como águila temido.

Ganaba todas las guerras
y arrebataba las tierras.

Una noche una cigarra
le regaló una guitarra.

Entonces él entendió
lo importante que ganó.

Y aunque sin fama o dinero
fue un guerrero guitarrero.

Cantando al arte y la paz
ya no quiso lo demás.
Un cuento chino

De China ha llegado un chino
montando un gordo cochino.

Viene junto con su china
que jinetea una gallina.

Qué chinitos tan chistosos
sus ocho hijitos llorosos.

Quieren que en la luna llena
monten la chata ballena.

Los chicos llevan chalecos,
pero les quedan muy chuecos.

Sentados en sus sillitas,
más parecen cebollitas.

La china les hace arrullos
como si fueran capullos.

El chino piensa en hechizos
que los convierta en sumisos.

-¡Lámpara maravillosa,
ilumíname la choza!

¡Que mis chinitos chillones
monten ponis de a montones!

y no pidan golosinas
que se vuelven medicinas!

Y en menos que nace un pollo,
aquí se acaba este rollo.


Coplas bestiales

Vistiéndose de azules, doña Gata
levanta su bellísima alpargata

y bailando ballet sin más vergüenza,
no existe una diva que la venza.

Mas la crítica bestial la ve enojona.
¡Ay, qué ojos que le lanza la ratona!

-Mas que gata, parece guajolota,
y de bella, es más bella una bellota.

Don Gallo, desde su alto gallinero,
la acompaña cantando con esmero:

-Sigue tú, bailarina, con tu danza;
qué importa lo que diga doña Gansa.


Y don Burro, que vuela para sabio,
boquiabierto se le cae su labio:

-Yo opino que no vale ni un pepino
quien nada hace y critica a su vecino.

Don Burro no es tan burro

Yo muy bien discurro
que no soy tan burro;

tengo buena suerte
y el lomo muy fuerte.

Soy noble, obediente
y voy tras la gente.

No existe una bestia
con tanta modestia.

Cuando cargo bultos,
no oigo los insultos,

y aquél que se atreva:
¡A ver! ¡Que me mueva!

Aventuras de don Berrendo Toro

Don Berrendo Toro
torea con decoro

y al pobre torero
le quitó el sombrero.

Con besos y besos,
la vaca hace quesos.

Los bíceps enseña
el toro a su dueña.

Ya la bella vaca
la boca le ataca.

Un becerro grita:
¡Qué mamá bonita!

Don Berrendo Toro
presume cual loro

en esta aventura
de gran caradura.

Y la animalada
aplaude animada

porque a los toreros
los dejó ya en cueros.

Ya la bella vaca
la boca le ataca.

Un becerro grita:
¡Qué mamá bonita!
 
El avaro don Borrego

Abrigado don Borrego,
no parece estar tan ciego.

Vestido siempre de blanco
su lana es su propio banco.

Para exigirles el pago
por habitar en su lago,

llega a cobrarle a don Chango
que está bailándose un tango.

Sentada en su alta roca
apláudele doña Foca

y moviendo sus muñecas
se le enrojecen la pecas.


¡Ah, que don Chango tan loco!
De serio tiene muy poco.

Don Borrego lo cree un vago.
No sabe que es un gran mago.

Llegó el mes de mayo

Relincha contento el caballo
porque llegó el mes de mayo.

También se alegra la vaca;
va a dejar de estar tan flaca.

Siempre en el lodo el muy terco;
por algo le dicen puerco.

Con tanta lana, al borrego
le encanta ser andariego.

Siempre en el agua los patos...
no necesitan zapatos.

Se saborea el guajolote
cuando piensa en un elote.


Como que danzo y me canso,
así camina ese ganso.

Con su barbita, ese chivo,
se siente el muy muy creativo.


¡Ah, qué cuervo!

El cuervo, todo vestido
de negro traje y corbata,
echaba la gran bravata
por su elegancia engreído:

-Yo soy quien canta mejor.-
A un colibrí aleteador
le presumía el muy bravero,
y, admirado, un carpintero
le contestó al charlatín:

-No cantas como un clarín,
y como calandria, menos.
Los cenzontles, sí son buenos
así que, don presumido,
por eso has perdido quesos.
Tienes muy pequeños sesos
y un corazón malquerido.

El cóndor es majestuoso
y no se cree el muy grandioso:
cada quien tiene su qué
y cada cual su porqué.

Así que calla hablador:
Nunca serás gran cantor.

La araña Penélope

Doña Araña tejelona
prepara su comilona.

Se la pasa hora tras hora
sonriendo en su tejedora;

sólo aquél que la conozca
sabe bien que alguna mosca

revoloteando curiosa
por metiche y por latosa

caída en la telaraña
será manjar de la araña.

Mientras tanto ella prosigue;
teje, desteje y resigue


sin causarnos más molestias
que quitarnos esas bestias.

Penélope de los rincones
no tiene preocupaciones.

Sólo espera que su Ulises
le traiga algunas lombrices.

Doña Ra se burla de Don Ga

Nadaba en el agua un pa
cuando lo miró don Ga

-Anda, no tengas mie
y nunca digas no pue -

le dijo desde aquel la
mientras temblaba el muy va

Escuchólo doña Ra
y saliendo de una la

lanzó una gran carcaja
y se metió al agua hela

Burlándose doña Ra
se lucía cual una pa.

El gato pelaba el o
y de furia estaba ro

Perdiéndose un gran boca
horror le da estar moja

Levanta entonces su na
y su gran cola de lom

se va a un lugar asolea
y allí queda acurruca

Y unas últimas bestialidades más

Dos borregos blanquitos, en su prado
vigilaban cada uno por su lado;
ya saben que vistiéndose de oveja
el vil lobo los sueña en su bandeja.

Dos borricas boniticas,
¡Ay qué bellas estas chicas!
Ya no quieren más burreros:
ahora buscan caballeros.

El pato dice a su pata
que en el lodo no se bata
y doña Pata, bañada
le grazna, tú ¡calla! y nada

Tres polluelos comelones,
pronto se verán pollones;
cuando se vuelvan gallitos,
se sabrá por sus cantitos

Huelga en la cocina

Las tazas y cacerolas
Deciden holgazanear:
-Huelga, huelga en la cocina;
Hoy no se va a cocinar.

¡Carambas y carambolas
La fiesta va a comenzar!
Apaguen las fumarolas.
No hagan caso a la cecina.
Y vámonos a bailar.

Las cazuelas y tazones
Danzan su danza sin par.
Cada quien en sus rincones
Va entonando sus canciones
Para la sartén alzar.

Baila el macetón sus azucenas.
Guiñan las cerezas sus ojazos.
Se alborotan los aceites
De los cazos
Y la loca coladera rockea ya.

-¡Silencio!- dice una moza
que encendida de ira va. -
Aquí soy la cocinera
y todos a cocinar.

Vuelva a su lugar la loza.
Hágase en la hornaza el pan.
El comedor desespera
por de sus guisos gozar.

Si él ha puesto la comida,
todos a colaborar,
pues no es justo
que un disgusto
de un golpazo a la amistad
y formemos todos juntos
el triunfo de la unidad.

Así que colaboremos
y buenos guisos tendremos.









Ensalada de prodigios

Pulgarcita Roja y Caperucita Blanca se encontraron en el bosque de los arbustos lluviosos y se pusieron a platicar sobre el pez dorado.
Así estaban cuando apareció el gato sin botas y les dijo que ya era noche y debían protegerse de la abuela feroz.
Ellas se volvieron pajarillos y volaron luminosas a una rama de un árbol seco para dormir muy despiertas.
Entonces el gato se puso las botas y dio un salto a la luna donde se convirtió en el conejo que desde allá escucha la armonía del universo.





La luna de la laguna y las tunas

A la luna le encantaba ir a las comilonas. Era tan comelona que por eso a veces se ponía tan redonda. Comía de todo.
Un día la laguna hizo una fiesta para todas las estrellas que se reflejaban en sus aguas y les hizo un guisado de tunas dietéticas.
La luna comió como nunca y sin embargo no engordó más; desde entonces adelgaza a su gusto. Por eso a veces se ve delgadita.



El oso miedoso
Por la noche en el bosque hay ruidos extraños. Por eso un oso miedoso se encerraba en su casa, es decir, en su cueva, y no se asomaba para nada.
Se acomodaba en su silla y desde su rústica mesa esperaba a que amaneciera.
Una noche se puso a temblar porque escuchó un ronco ruido que le pareció de un monstruo y cerró los ojos.
Cuando los abrió vio que en la mesa un sapo lo miraba admirado. Este le dijo:
-¿Qué te pasa amigo oso? Soy sólo un sapo de ronca voz.
Al oso se le quitó el miedo al saber que tenía alguien que lo acompañaba ya con tan tremendo croa croa.



Los portentos de la maga.

Hace miles de años hubo un reino de la magia donde las damas que lo habitaban eran dueñas de todos los misterios del mundo.
La maga mayor tenía la varita de las maravillas y con ella había hecho el Arco Iris.
Desde entonces se les quitó el miedo a todos los niños que les asustaban las tormentas. Sabían que después verían el arco maravilloso de los colores.




El oso perdido

La osa de los ocho ositos estaba desesperada, pues uno de ellos se había perdido. Por más que había buscado en el bosque no lo encontraba.
Le había preguntado a la Bella Durmiente del Bosque, a Ricitos de Oro, a Caperucita Roja, a Blanca Nieves, a Cenicienta, al Gato con Botas, a Pulgarcito y hasta al Lobo Feroz, que ya se había vuelto bueno, pero todos ignoraban su paradero. Ni el conejo blanco de Alicia le daba noticia.
Sus siete hermanitos lo extrañaban, aunque ahora comían más, pues se distribuían la ración del perdido.
Fue entonces cuando Doña Osa se encomendó a las reina de las Magas y ella con su varita maravillosa le dijo que por obra y magia de un deseo humano, su hijito ahora era un juguete que alegraba los días de una buena niña que no tenía hermanos y por eso hoy estaba con ella para acompañarla día y noche.
Le dijo que no se preocupara, pues en cuanto la niña se hiciera adolescente, el osito regresaría a su origen y todos serían más felices por el bienestar que su hijo había dado a los humanos.
Cuando Susana despertó, vio que su oso de seda la acompañaba.




Las últimas noticias
del oso aparecido

Después de decenas y docenas de días el Bosque de las Hadas Adivinas fue informado de la aparición del osito perdido en un jardín de la ciudad.
Lo encontró una niña convertido en un osito de seda. Ella lo levantó contenta y se los mostró a todos sus amigos, quienes dichosos le pusieron por nombre Dedos por los dedotes que luce en sus manitas.
Sin embargo la niña dijo que se llamaría mejor Dido y Dido es el nombre que ahora tiene Dodi, el hijo menor de Doña Osa.
Las Hadas Adivinas dijeron que en algunos años regresaría a su domicilio original. No había de qué preocuparse. Todo será felicidad.


La abeja aburrida renuncia

La reina de las abejas no trabaja nunca, y es que como es reina, sus súbditos no se lo permiten. Hay que cuidarla para que tenga muchos hijitos y no se pierda la colmena
Recostada siempre en su almohada de miel está tan aburrida que sólo se complace en ver sus anillos preciosos y cambiarlos a cada rato. Es tan rica.
Sin embargo, a ella le gustaría ser obrera, aunque no tuviera riquezas, pues así podría salir de su palacio y recorrer el reino de las flores.
Por eso, la noticia de hoy es sensacional: la Reina de las Abejas decidió donar el reino a las obreras que son las que en realidad lo sostienen. Los únicos que se encuentran preocupados, son los zánganos que ahora en la nueva sociedad democrática tendrán que trabajar y no ser simples mantenidos de la ilustre abeja.


Un unicornio en la urbe.

Llegado de los bosques de Marte, con sus enormes alas azules, aterrizó en el centro de nuestra ciudad el unicornio que se le perdió a un marciano descuidado.
¡Miren que perder al único unicornio azul! ¡Qué ocurrencia!
El asombro que despertó entre el público de nuestra urbe fue escandaloso. Todos querían un autógrafo de este animal cornudo. Su firma se estampó en toda clase de ropa.
Sus fanáticos hicieron enormes filas para conseguir tal garabato y los comerciantes hicieron el gran negocio con las copias.




Aventuras al atardecer.

Nadie lo sospechaba pero en aquel día tan soleado y caluroso de pronto todo se puso nublado.
En medio del paisaje montañoso destacaba el enorme volcán y su cráter que despedía humo.
Todos los niños y niñas de mi escuela habíamos ido al bosque tan arbolado que en medio de nuestra diversión no nos dimos cuenta del cambio de clima.
El otoño deshojaba los árboles y una alfombra de hojas se extendía a nuestros pies. De pronto comenzó a temblar.
Nuestros maestros nos reunieron de inmediato y nos dijeron que no nos asustáramos.
Cuando pasó el temblor, subimos al camión y regresamos a la escuela, donde nuestros padres nos esperaban ya.
Nada pasó de más, pero fue una increíble aventura en el atardecer.



La risa perdida de Rosa, la rosa.

De manera general las rosas dan alegría. Sobre todo las rojas y las amarillas. Las rosas blancas dan paz y amistad. Por eso es que en el jardín causó sorpresa que la sonriente Rosa, la rosa rosa, se sintiera triste, pues no era ni roja ni blanca ni amarilla. Su color era tímido como su risa, que no era risa, sino tímida sonrisa.
El hada Libélula, el hada del jardín, se acercó a ella y le dijo que volviera a reír, pues el color rosa quiere decir la ternura del cariño que es lo más inocente del amor. Así, Rosa, la rosa rosa recuperó la risa, mejor dicho la sonrisa y se sintió feliz.


Armónicos disparates

Había una vez una laguna mágica en medio de un bosque de árboles azules. Sus aguas eran de un fino color rosado y allí se veían felices nadar a las gallinas verdes, nacidas de los huevos del pájaro de oro.
Los patos rebuznaban todo el día en su corral y presumían de poder hacerlo todo: volar, correr, saltar; sólo les preocupaba que habían perdido su capacidad de nado.
Los gatos ladraban muy ufanos por la noche y los cerdos maullaban muy contentos cuando había lluvia. El cisne presumía su pelaje de pura sangre y le daba mucha risa cuando el viento lo acariciaba, pues, decía, le hacía sentir cosquillas.
Un día, se comenzó a escuchar una extraña música que el perro guitarrista había aprendido de los humanos que vivían en la lejana realidad. Eso bastó para que aquel encantador lugar se convirtiera en el común paisaje al que los terrestres se hallaban acostumbrados. Y todo se transformó en la misma aburrida imagen de los rutinarios de la tierra.



Los quesos conquistadores.

Cuentan que cuando los quesos conquistadores llegaron a nuestra tierra, descubrieron con disgusto la noticia de que no conocíamos el pan y por tanto, ellos no podían comer su pan con queso.
Dicen que algunos enfurecidos por ello, cometieron actos espantosos antes de morir de hambre, pues no les hacían caso a las bellas tortillas de maíz.
Pero la necesidad triunfó y un día los quesos conquistadores decidieron casarse con las tortillas para asegurar un sabroso mestizaje e inventaron máquinas para producirlas.
Así nació nuestra nacionalidad quesadillera. Tortilla con queso dio por resultado una quesadilla. Con el tiempo surgieron nuevos cruces. Se mezclaron con los pequeños hongos, con el querido cuitlacoche, con las flores de las calabazas y las quesadillas se volvieron nuestro orgullo querendón. También nació el requesón y hubo quesadillas de requesón. Quien prueba una quesadilla se vuelve un nacionalista pues en ella se dan las dos ramas de nuestros orígenes. De cariño hoy les dicen quecas.
Después llegaron los taquitos.



La máscara

Una vez, harta de estar colgada en las paredes de aquella vieja casona, decidió la máscara hacerse un cuerpo que se acomodara a sus facciones.
Ella siempre había soñado tener el talle de una princesa y para eso dibujó en la pared con hermosos colores y con materiales indelebles, un bello traje que la vestiría y podría dejar de ser una simple cara, para convertirse en una linda doncella.
Presta tomó las tijeras y cortó una tela de la cortina de a lado y siguiendo un instructivo de un libro del estante vecino se hizo un bello modelo.
Cuando lo terminó se escapó de la pared y salió a la calle. Fue entonces cuando descubrió que en el mundo todos eran máscaras vestidas a la moda.




Rebelión en el bosque

Un día escaseó el agua en el bosque y todos querían beber del único manantial que quedaba. El borlote que se armó quedó calmado cuando todos decidieron hacer un reglamento para el uso y reparto del agua.
Gracias al reglamento volvió la concordia al bosque. Cuando llegaron las lluvias, todos reconocieron la importancia de seguir las reglas beneficiosas, mas les hicieron algunos ajustes.
Para la siguiente temporada de sequía y de lluvia, ya estaba listo el nuevo regulador de la distribución acuífera, con lo cual, la comunidad zoo botánica vivió en armonía.
Un día llegaron unos depredadores terribles a desecarlo todo y a levantar avenidas y puentes en medio de edificios presuntuosos.
No les importó para nada el ecosistema. Entonces los agredidos comenzaron a planificar una próxima y decisiva rebelión.


Las tres muñecas encantadas

Apenas las dos hermanitas se habían quedado dormidas, después de haberle rezado a su santo ángel de la guarda, su madre las contempló con la mirada de ternura que se acostumbra en estas escenas maternales. Apagó la luz y salió cerrando silenciosa la puerta de la recámara de sus hijas.
La tenue luz de los faroles de la calle penetraba iluminando la oscurecida estancia y un anuncio de foquitos multicolores invadía con sus movimientos aquel recinto. Se encendían y se apagaban con la monótona frecuencia de su programación.
En una de esas ocasiones iluminaban las caras de las muñecas de las chiquillas que se encontraban acomodadas cuidadosamente en una silla mecedora que de quieta se miraba taciturna. Entonces se vio que las dos muñecas parpadeaban como si despertaran de un sueño y movían sus ojos con presura.
Se incorporaron y se miraron una a la otra. Sonrieron y bajaron de la mecedora mientras su cuerpo iba creciendo hasta adquirir la altura de una impresionante súpermujer electrónica. Una de ellas dijo:
-Una noche más para sentirnos humanas y enfrentar a los genios nocturnos que quieren raptar a los niños para llevárselos como esclavos al reino del mal. Pero nosotras estamos aquí, como todas las muñecas, para defenderlos y evitar tal fechoría.



 
¡HASTA LUEGO
BIBLIOTECA DE LAS MARAVILLAS!

El tiempo transcurrió tan rápido que cuando me di cuenta ya había anochecido. Puse el libro de Doña Brujilda en la mesa de donde lo había tomado y de pronto escuché que gritaban entre los laberintos de libreros.
-¡Niño! ¿Dónde te metiste? Ya vamos a cerrar. Si no apareces, te vas a quedar encerrado aquí toda la noche.
-¡Aquí estoy!- Grité algo sorprendido, pues nunca pensé que fueran a fascinarme tanto las lecturas que había disfrutado. ¡Cómo me habían hecho reír con sus expresiones que parecían trabalenguas y que hablaban de cosas tan sorprendentes como la gruesa suegra del ogro, los amores platónicos o de la derrota de don Blasfe.
También me dio mucha risa el eleglante inglés, el trompeado don Trompo, doña Glicerina, doña Blanca Blusa, don Escritorio Escrutinio o el inflado globo.
Muy gracioso me pareció el cuento de Doña Rana y sus amigos; sobre todo la foca equivocada o la vaca pesista.
También me impresionaron los cuentos de magia y de miedo. Por fortuna siempre en ellos vencen lo buenos.
Mañana regresaré a buscar otro libro que espero sea así de divertido. Ojalá que encuentre libros donde se narren muchas aventuras increíbles.
Por lo pronto, estoy muy contento porque ya descubrí la Biblioteca de las Maravillas y siempre me estará esperando para recorrerla y gozar por todos sus rincones con lecturas fabulosas.

EPÍLOGO

Esto es literatura

Letras y letras y letras,
Iconos de fantasía,
Todas se vuelven poemas
Entre la magia y la vida.
Relatos y maravillas:
Ahí se miran Quijotes;
También buenos Periquillos;
Un desfile de escritores
Rodeados de grandes libros
A los que venera el orbe.