La de San Quintín: 07

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Escena VI[editar]

DON JOSÉ, RUFINA, LORENZA.


DON JOSÉ.- ¿Cuánto Jerez se han bebido?

LORENZA.- Once botellas.

DON JOSÉ.- Con media docena habría bastado.

LORENZA.- Pues de las siete libras de rosquillas, que hicimos para hoy, mire usted lo que dejan.

DON JOSÉ.- En estos días ya se sabe... (Recordando.) ¡Ah! antes que se me olvide... (Saca varias llaves y da una a LORENZA.) Saca tres botellas de clarete para la comida de hoy.

LORENZA.- Bien. ¿Y ponemos otro principio?

DON JOSÉ.- No.

LORENZA.- Como me dijo que quizás tendría un convidado...

DON JOSÉ.- (Con extrañeza.) ¿Quién?

RUFINA.- Sí, abuelito; la Duquesa...

DON JOSÉ.- ¡Ah! sí... Pero ignoro si querrá comer con nosotros. Por si acaso, mata una gallina.

RUFINA.- ¿La moñuda?

DON JOSÉ.- No; reservar la moñuda; que es la mejor. Maten la pinta. Di, tú: ¿Cuántos huevos pusieron ayer?

LORENZA.- (Retrocediendo.) Nueve.

DON JOSÉ.- Poco es. Más vale el maíz que se comen.

LORENZA.- ¡Pobrecillas! Si supieran de cuentas lo que usted, ya igualarían el provecho que dan con la pitanza que consumen. Pero Dios no ha querido que las aves sean tan... matemáticas...


(Vase con la loza.)


DON JOSÉ.- En cambio, ha querido que tú seas respondona. (A RUFINA.) La cuenta de hoy.

RUFINA.- (Sacando papel y lápiz.) Aquí está. Carne, siete y medio. Pescado, cinco... (Escribe.)

DON JOSÉ.- Apúntalo todo, y a la noche lo pasas al libro. Quiero que hasta la hora de mi muerte se lleve cuenta y razón del gasto de la casa. La regularidad es mi goce, y el orden mi segunda religión. Benditos sean los números, que dan paz y alegría a una larga existencia!

RUFINA.- (Examinando sus papeles.) Hay que añadir alpiste para los canarios: seis. Y salvado para las gallinas. He traído ambas cosas por mayor para que salga más arreglado.

DON JOSÉ.- (Con entusiasmo.) ¡Eres un ángel!... (La besa.) El ángel de la administración... No extraño que Dios te quiera para sí... ¿Vas ahora a la iglesia?

RUFINA.- (Guardando sus papeles.) Todavía no puedo. Ha de venir más gente.

DON JOSÉ.- Es verdad.

RUFINA.- El capitán y marineros de la Joven Rufina. ¿No sabes? te traen una fragata de guirlache, con los palos de alfeñique, y cargamento de tocino del cielo.

DON JOSÉ.- (Gozoso.) Ja, ja... ¡Qué bonito!... ¡Cuánto regalo hoy! (Regodeándose.) ¡Los capones del Alcalde, qué hermosos!

RUFINA.- ¿Pues y la lengua ahumada de D. Cosme?

DON JOSÉ.- ¿Y el jamón del cura?

LORENZA.- (Presurosa por el fondo.) Señor, los del Resguardo traen una docena de cocos; y también está el Rentero de la Juncosa con muchas mantecas, morcillas y sin fin de golosinas.

RUFINA.- (Con alegría.) Voy a verlo.

DON JOSÉ.- Obséquiales con una copa.


(Vanse RUFINA y LORENZA. Entra CÉSAR.)


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