La de San Quintín: 09

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La de San Quintín de Benito Pérez Galdós


Escena VIII[editar]

Dichos; RUFINA, poco después VÍCTOR.


RUFINA.- (Presurosa y alegre, por el comedor.) Abuelito, papá, el capitán, piloto y marineros de la Joven Rufina. Vengan, vengan a ver el barco de dulce.

DON JOSÉ.- Voy. Que pasen al comedor.

RUFINA.- ¿Les damos Jerez?

DON JOSÉ.- No; ron de Jamaica, del que levanta ampolla. Voy allá. ¿Vienes tú?


(Vase con RUFINA por el fondo.)


DON CÉSAR.- Yo no. (Preocupado.) Esta aparición de la Duquesita me da mala espina. ¡A pedir consejo!...¿Para qué?... ¿Querrá casarse? Infeliz mujer, ¡qué mal se avienen orgullo y pobreza! (Viendo aparecer a VÍCTOR, que entra por la derecha, segundo término.) ¡Ah! Víctor... (Con severidad.) ¿Qué buscas aquí?

VÍCTOR.- (En traje de obrero, con blusa; trae varias herramientas.) Me dijo usted que viniera a las once para encargarme... no sé qué.

DON CÉSAR.- ¡Ah! sí, ya no me acordaba... Ante todo, ¿reconociste la fragata?

VÍCTOR.- Sí señor: ayer.

DON CÉSAR.- ¿Podrá hacer un viaje, uno solo?

VÍCTOR.- Difícilmente. La cuaderna mayor está quebrantada; casi todos los baos deben poner se nuevos. El codaste y la roda no ofrecen seguridad, y el palo mayor está astillado por la fogonadura.

DON CÉSAR.- ¿De modo que será peligroso...? Pero un viaje, un solo viaje, en estos meses de bonanza, bien podrá.

VÍCTOR.- Si no vuelve antes del equinoccio de Octubre, podría quedarse en el camino.

DON CÉSAR.- Pues nada, la mandaremos con mineral a Inglaterra. Retorno de carbón, y después, hacha en ella.

VÍCTOR.- Como usted quiera.

DON CÉSAR.- ¿Está listo el laminador, que se descompuso la semana pasada?

VÍCTOR.- Listo, y marcha perfectamente.

DON CÉSAR.- Bien. Ahora, trae el metro, el martillo, el cortafríos...

VÍCTOR.- (Mostrándolos.) Los traigo.

DON CÉSAR.- (Llevándole hacia la puerta de la derecha.) Ya te dije que proyecto levantar un piso sobre estas habitaciones. Mide con toda exactitud las tres piezas, y hazme el plano de ellas. Examina el grueso de las paredes, descubre las vigas de carga de los tabiques para reconocerlas... Y todo eso pronto, hoy mismo.

VÍCTOR.- Está bien.


(Vase por la derecha, segundo término. DON JOSÉ y RUFINA, que vuelven del comedor, le ven salir.)


RUFINA.- Pero qué, papá, ¿en día como este no hay descanso para el pobre Víctor?

DON JOSÉ-. Ya descansará, hija.

DON CÉSAR.- Lo que hace hoy no es trabajo para él.

DON JOSÉ.- La ociosidad es su mayor enemigo.

RUFINA.- ¡Qué tiranía!... Todos contra él. (Con resolución.) Pues sepan que estoy aquí para defenderle.

DON CÉSAR.- ¿Tú?... Me parece muy bien...