La flor de los recuerdos (México): 03

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II. Al Exmo. señor CONDE DE LA CORTINA Y DE CASTRO[editar]

Con un puñado de silvestres flores,
Dón de mi gratitud, de mi fé prenda,
Pobres de olor y escasas de colores,
Tegí la relacion de esta leyenda:
De mi humilde jardin son las mejores,
De mi sincero corazon la ofrenda;
Y al dárselas al pueblo Mexicano,
Quiero que pasen por tu noble mano.

Tú que por sus alcázares penetras
Como en el gabinete de sus damas,
Que amparador y alumno de las letras,
Hijos ó amigos á sus sabios llamas:
Tú que las obras del saber perpetras
Con los favores que sobre él derramas,
Presentarás el libro que te fio,
Prestando autoridad al nombre mio.

Tú que me introdujiste en sus salones,
Llévale al camarín de las hermosas:
Dílas que son mis nómades canciones
De la luz de sus ojos mariposas;
Dílas que en el monton de sus renglones
Encontrarán sus nombres entre rosas,
Y que en muestra de hidalga cortesía
Un poeta galan se las envía.

Más esplícito sé: dí á las doncellas,
A los viejos de su honra tutelares
Y á los esposos de las damas bellas,
que no encierran veneno mis cantares,
Que mis flores son castas, que con ellas
La corrupcion no asalta sus hogares:
Porque es el libro que dejarle quiero,
Homenaje cortés de un caballero.

Al monge austero, al sacerdote grave
Y al Pastor del católico rebaño,
Dirás que en este libro nada cabe
Ni de la fé, ni la moral en daño:
Que es obra de un autor de quien se sabe
Que, á la impiedad de su centuria estraño,
La religion d Jesu-Cristo santa
Con fé profesa y con audacia canta.

A los poëtas cuya noble lira
Resonó generosa en mi alabanza,
Dí cuánto orgullo y gratitud me inspira,
Cuán honda fé, cuán plácida esperanza
Ver que por mí su corazon respira
Cariño fraternal y confianza:
Recuerda que á sus muestras de cariño
Llorando abrí mi corazon de niño.

A los cantares que en mi honor han hecho
Responderá mi voz tal como pueda:
Mas si por falta de vigor ó trecho
Débil ó escasa mi cancion se queda.
Díles que en cambio quedará en mi pecho
Mi gratitud y su memoria leda:
Que no atiendan al tono en que respondo,
Sino del alma que les habla al fondo.

Si á las regiones del poder que debes
Llevar mi libro juzgas, vé en buenhora;
Mas cuando á sus alcázares le lleves,
De ellos anuncia á la gentil señora
Que yo, pájaro errante de alas leves,
De lo hermoso cantor dó quier que mora,
Voy á posar en su balcon mi vuelo
Y á alzar mi voz de su hermosura al cielo.

Al vulgo le dirás… si por mal caso
Das con vulgar y atrabiliaria gente,
Que su calumnia vil intentó acaso
Amancillar mi honor traidoramente;
Pero que yo por entre el vulgo paso
Sereno el corazon, alta la frente:
Porque me escudan de su ruin malicia
El sentido comun y la justicia.

Mas de haber descendido me arrepiento
A la esfera vulgar: sobre ella salto.
Rico de lealtad, de envidia exento,
Sobrado de vigor, de miedo falto,
No desplego mis alas á ese viento;
No es esa mi region; vuelo mas alto;
La espalda vuelvo sin temor ni encono:
Cristiano, olvido; vencedor, perdono.

Y ahora ¡oh noble y cariñoso amigo!
Que mi libro y mi fé dejo en tu mano
De tu fé y amistad bajo el abrigo,
Voy á abrir ante el pueblo Mexicano
El tesoro de amor que va conmigo,
De mis recuerdos el florido arcano:
¡Y plegue á Dios que dejen mis cantares
Halagüeña memoria en sus hogares!

¡Y plegue á Dios que el gérmen de mi aliento
Quede en el aire en armoniosas olas,
Y arrulle sus oídos el acento
De mis americanas barcarolas!
¡Y plegue á Dios que cuando el mar y el viento
Me vuelvan á las playas Españolas,
Queden tras mí como memorias gratas,
Ecos de mi cantar, mis serenatas!

¡Y plegue á Dios que de la edad presente
Viviendo en la memoria mis cantares,
Pase mi nombre a la futura gente
Ingerido en sus cantos populares,
Y que los himnos que mi fé valiente
Alza ante los católicos altares,
Conserven en el pueblo Mexicano
La fé sublime y el valor cristiano!

Y tu, Conde leal, que el libro mío
Al mundo sacas y á la luz arrojas,
Permite para tí que á su albedrío
Consagre mi amistad algunas hojas.
Quiero de mi jardin tosco y bravío
Que un ramillete para tí recojas,
Mas sin que estorbe que de mí recibas
Esta mata feraz de siemprevivas.

Junto á la cabecera de tu lecho
Ponlas: y cuando ya no esté contigo,
Al recorrer el camarin estrecho,
De nuestras horas de espansion testigo,
Piensa que son las flores de mi pecho
Cuya semilla morirá conmigo:
Flores de mis recuerdos mas felices
Que tienen en mi alma sus raíces.