La flor de los recuerdos (México): 37

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La flor de los recuerdos (México) de José Zorrilla
México y los mexicanos. Pesado


Pesado.—Su reputación literaria data de 1837, época en la cual fué electo diputado por el departamento de Veracruz, de cuyo Estado fué luego gobernador. En 1837, empezó á publicar sus composiciones en varios periódicos, y en 1839, dio á luz un tomo de poesías, del cual hizo segunda edición en 49. Pesado, buen latino, buen humanista, fuerte en historia, versado en jurisprudencia, cánones y y teología, poseyendo las lenguas griega, francesa, italiana ó inglesa, dotado de prodigiosa memoria y habiendo alimentado su espíritu con una asidua lectura, pertenece á la escuela clásica; pues aunque por los años de 37 á 42 se dejó arrastrar por el influjo de la revolución literaria, dando á sus composiciones líricas la variedad de metros y la división de números introducidas por el llamado romanticismo, jamás cayó en los bárbaros desvarios de aquella escuela, ni dio á sus obras la informe forma (si puede decirse así) que dimos á las nuestras muchos, á quienes el vulgo acordó por ellas fácil y rápidamente adquirida reputacion.

Su buen criterio y sus buenos estudios volvieron á encarrilarle pronto por mejor senda, y tomó solo de la moderna escuela lo que le pareció racional y ventajosamente importado por los adelantos del tiempo y la observación. La inspiración de Pesado, siempre tranquila y suave, corre como un rio manso por una llanura fértil sin tropiezos, barrancas, ni derrumbaderos. Sus ideas apacibles se desarrollan en versos tan apacibles como ellas: sus pensamientos religiosos están basados en la filosofía escolástica y en la teología, de modo que á través de su poesía no deja nunca de columbrarse su ciencia: no admite en ciencias, en artes, en literatura, en política, en creencias sociales ni menos en las religiosas, idea ni teoría alguna exagerada: y su carácter, sus estudios, sus opiniones y sus creencias, se revelan en todas las páginas de sus escritos. Sus composiciones religiosas están modeladas por los salmos, y estrictamente encerradas en las opiniones de los SS. PP. con las cuales apoya todas sus razones, hasta las de los artículos de periódicos en los cuales discute las cuestiones palpitantes de la política actual de su país. Pesado, ciudadano pacífico, padre de familias cariñoso, administrador íntegro, empleado incorruptible, amigo leal, admirador sincero de todo lo bueno y justo con todo lo acreedor á justicia, es uno de los pocos poetas existentes, cuyas obras son genuina espresion de su genio, y cuyos escritos están en completa connivencia con su carácter. Sus versos amatorios participan de la reserva y el pudor del cristiano por convicción. En su rendimiento enamorado dice:

¡Oh tú, que eres hermosa á maravilla!
Si supieras las dudas que me aquejan
¡Cómo estimaras mi pasión sencilla!

Si tus severos padres no te dejan,
Ni tu mismo recato te permite
Oir amores, que de tí me alejan;

Siquiera por piedad, Elisa, admite
Que mis amantes ojos te veneren
Y que solo á mirarte me limite.

Yo sé que mis miradas te refieren
Los íntimos secretos que á sus solas
Las entrañas y el alma les confieren.

Al contemplar los dotes que acrisolas,
Se conturba mi triste pensamiento,
Como en profundo mar las turbias olas,

Cuando allá removidas de su asiento
Por la tendida playa van sonando,
Agitadas del áustro turbulento.

No hay palabras de amor, no hay verso blando,
Que puedan mitigar el fuego ardiente
Que mi interior ¡ay Dios! está abrasando.

¡Qué triunfadora siempre, qué presente
Estás á mi memoria noche y día,
Númen de mis afectos y mi mente!

¡Portento de modestia y gallardía!
¡Gloria de la región Veracruzana!
¡Lustre y decoro de la'patria mial

¿Quién gozó de tu vista soberana,
Que no quedase con placer rendido
Juzgándote deidad en forma humana?

¿Quién ante tus altares fué admitido,
Que á tus vivos reflejos deslumhrado
El alma no rindiese y el sentido?

¿Quién no se conoció todo abrasado
De inextinguible ardor? ¿quién pudo verte
Sin sentirse en un punto trasformado?

¿Y quién sin adorarte, conocerte?
¡Criatura celestial! ¡Muger divina!
¡Cuan distante estoy yo de merecerte!

¿Dónde hallar un enamorado cuya pasión ardiente se sujete mas á las reglas del decoro, ni respete mas las conveniencias sociales? ¿Dónde poeta que esprese con mas tranquilidad una pasión verdadera? ¿Dónde caballero que tenga mas presente el honor de la muger á quien ama, al declararla un amor en cuyo fuego siente abrasado su corazón? Tal es Pesado y tal su poesía.

Sus traducciones de los salmos son excelentes; en ellas es donde mas campean su erudicion, su conocimiento de las lenguas latina y castellana, y su dicción poética. Sus versiones conservan, en su castellano correcto, el bello sabor bíblico del original: y ciertas ideas primitivas, tan difíciles de trasportar de las lenguas orientales á las modernas, están vertidas por Pesado en la nuestra con superior facilidad y pureza. En el cántico de Isaías, super montem caliginosun levate signum, dice:

Cual la muger que diferir quisiera
El parto, y tiembla como débil hoja,
Así esquiva el guerrero la lid fiera
Y tiembla de congoja.

La idea de la comparación del miedo del soldado con el de la muger en semejante situación, está felizmente espresada á pesar de lo arriesgada que es. Los orientales y los pueblos primitivos, á cuyos ojos la desnudez es mas familiar que á los de los pueblos modernos civilizados, libres de la malicia de estos, no necesitan velar ciertas ideas ni ciertas palabras, á las cuales no dan en su sencillez el maligno sentido que nosotros.

Los árabes, cuya lengua es la mas rica de las del Oriente y abundantísima en sinónimos, tienen mas de doscientas palabras para designar al camello, según su edad, su tamaño, su empleo, su país, &c.; doscientas sesenta para designar al león, y mas de trescientas para una arma de tajo ó estocada correspondiente á nuestra espada ó sable; y sin embargo no tienen mas que una para designar los pechos de la muger. De aquí la dificultad de traducir el cantar de los cantares, y otros mil poemas de Oriente tanto antiguos como modernos, en los cuales hallamos ideas y palabras que en nuestro idioma ofenderían el pudor. De estas dificultades sale briosa y felizmente Pesado en sus traducciones, aunque algunas veces son mas que traducciones, paráfrasis. Pesado es el amigo de la juventud literaria: su parecer es la sanción bajo la cual van a patrocinar sus primeros ensayos todos los jóvenes que empiezan á escribir, y de él solicitan un prólogo la mayor parte de los que las publican. Pesado no dá jamás un consejo, ni hace una corrección que no estén conformes con su conciencia; y este es para mí el mayor talento de Pesado: el de apreciar en su edad madura las obras de la juventud de la generación que le sigue, animándola con sus consejos y protección, sin dejarse arrastrar por el torbellino de las innovaciones. De todos modos Pesado es un poeta que merece su reputación, y un erudito de grandes conocimientos, cuyas opiniones literarias son respetables, y cuyos consejos son dignos de ser tomados en cuenta.

Es lástima que á veces caiga en defectos de forma y de armonía, escusables en otros poetas mexicanos cuyo único dote es el ingénio, pero imperdonables en un poeta de la escuela clásica, profundamente conocedor de la lengua y poesía castellanas. Por ejemplo: usa de asonantes en estrofas aconsonantadas, que requieren absolutamente consonantes perfectos, v.g.,

En el núm, II de su Jerusalen, en la 1.ª estrofa, el 4.º y el 8.º verso deben ir aconsonantados, y no lo van: lo mismo sucede en la 6.ª Corazón y amor debian de ser consonantes, como también libertad y reinará: porque en este género de estrofas, ó todos los cuartos y octavos versos deben ir asonantados, ó aconsonantados: pues del uso simultáneo de unos y otros en una misma composición, resulta una desigualdad perjudicialísima para la armonía. Esta falta es general en las composiciones líricas de Pesado, y por ella podría creer quien no las estudie á fondo, que es un poeta desalmado; cuando es al contrario, el mas correcto de los poetas Hispano-Americanos.

Otra pequeña falta de observación de Pesado: los versos heptasílabos que se hacen para cantar, en estrofas iguales y del mismo compás musical, no admiten la libertad y amplitud en la colocación de sus acentos, que los que van mezclados con endecasílabos en la silva: sino que deben llevarlos todos sobre las mismas sílabas, só pena de no ser versos ni poderse marcar con notas sobre el pentagrama, sin forzar acento de la palabra, ó sin salirse del compás.

V.G., en las memorias de los muertos, la primera mitad de la segunda estrofa dice:

En la oculta espesura
No murmuran las fuentes,
Yacen sin hermosura
Los montes eminentes,
Sin su verdor los árboles,
Los pájaros sin voz.

En los tres primeros versos, el acento debía de cargar sobre la segunda sílaba y no sobre la tercera; aplíquese sinó á un compás musical sobre el pentágrama, y habrá que decir:

En l' óculta espesura
No múrmuran las fuentes
Yacén sin hermosura, &c.

Otro descuido: en los romances, cuya armonía vá suavemente sostenida por la asonancia de los versos pares, es preciso cuidar con esmero de que no la haya en los versos impares: porque el oido fino se apercibe fácilmente de aquella doble eufonía que resulta de los asonantes cruzados. v. g.: En Mi amada en la misa de alba, dicen la cuarta, sesta y duodécima cuartetas:

El recato y la modestia
La van siguiendo conformes:
Dos iris lleva en sus cejas
Y en sus megillas dos soles.

. . . . . . . . . . .
Un vientecillo ligero
Atrevido descompone
De sus profusos cabellos
Los rizos puestos en órden.

. . . . . . . . . . .
Tras sus miradas camino
Y llego á la iglesia, donde
Arrodillada la miro
En el pavimento, inmóvil.

Estas bellas estrofas, modelos de descripción, de versificación y de lenguaje, están deslucidas por el mal efecto de la doble asonancia que hacen en ellas modestia y cejas, ligero y cabellos, camino y miro, que son tan asonantes entre sí como conformes, soles, descompone, órden y las demás palabras que asonantan todo el romance de tan bella composición.

Le apunto á V. estos ligeros defectos de Pesado, tan solo para probar á V. que no habiendo podido alcanzar la poesía mexicana un periodo de tranquilidad suficiente para establecerse con solidez, su poeta mas correcto y de mas clásicos estudios no ha tenido sin duda ocasión de encontrar quien le haga fijar la atención en tan nimias observaciones de práctica, que hechas una vez no pueden olvidarse jamás: y con las cuales uno de esos eruditos á la violeta de nuestra corte, uno de esos sabios de enciclopedia, que estudian en ella por la noche la crítica que deben hacer al dia siguiente, uno de esos mosquitos que se complacen en infiltrar el venenillo de sus picaduras en las reputaciones mejor adquiridas, una de esas arañuelas literarias que no pueden hacer mas que cosquillas en el amor propio de los hombres de genio, hallaría ocasión de lucirse á los ojos de los tontos á costa de la reputación de Pesado, dándose á caza de semejantes pequeñeces. Yo se las marco á V., porque ni V. que me conoce, ni Pesado que tiene talento, si llega á leer algún dia esta carta, pueden imaginar que me deleito en roer vilmente la reputación de un hombre, de quien pocas líneas atrás le acabo de hacer á V. un elogio tan sincero como merecido, por el maligno y miserable placer de poner un pero á su justa fama.

El único defecto positivo de la versificación de Pesado, defecto que es común á la mayor parte de los poetas Hispano-Americanos, es el de empeñarse en hacer una sola sílaba de dos vocales unidas que no son diptongo, y que deben hacer dos: dejándose llevar de la viciosa pronunciación Hispano-Americana, y haciendo sus versos incapaces de medida é insoportables para un oido poético. Los mexicanos dicen páis, máiz, ráiz, haciendo unisílabos estos vocablos, que tienen dos: dan dos sílabas á poeta, oído, y á otros que tienen tres, y tres á destruido, construido, &c., que tienen cuatro; y por eso cuenta Pesado por versos endecasílabos los siguientes, que no lo son en ninguna parte mas que en México, porque tienen doce:

¡Criatura celestial! ¡Muger divina!
Ese deseo de amar sin resolverse.
Si por dicha, mi bien, un dia regresas:
Estrecha al mio tu corazón amante.
Es la melancolía, no la tristeza, &c.

En los cuales hay que dar á deseo dos sílabas, teniendo tres; á dia y á mio, una, teniendo dos: á criatura tres, teniendo cuatro, y á melancolía cuatro, teniendo cinco; forzando además esta última palabra, pues para dar á este último verso la medida que debe tener, hay que decir melancoliá. Estos defectos de pronunciación, que á mí me caen tan en gracia en la conversación de los mexicanos que ya se me han pegado algunos en el tiempo que hace que vivo entre ellos, son insoportables en la poesía; porque además de que la lengua castellana no nació en México sino en Castilla, y no hay mas remedio que seguir al escribirla las reglas de su Academia, es menester para no percibir con disgusto semejante falta de armonía, carecer absolutamente de oido poético, ignorar completamente los rudimentos de la música y no saber absolutamente vocalizar.