La flor de los recuerdos (México): 41

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Carpio
La flor de los recuerdos (México) de José Zorrilla
México y los mexicanos. José María Esteva


José María Esteva. Veracruzano. Esteva tenia tal vez en su genio los dotes necesarios para llegar á ser el poeta mexicano mas popular, y un talento á propósito para haber creado un género de poesía nacional; amor patrio bien entendido, instinto de observación, conocimiento de las costumbres de su país, facultad de versificar, imaginación poética, afición al estudio é ideas avanzadas conformes con la ilustración y adelantos del siglo; con cuyos elementos, una buena educación, una buena posición social, un esterior agradable y simpático y en la flor de su juventud, pudo y debió dar á su país por lo menos la canción y la leyenda mexicanas; pero México, devorado por las revoluciones y sumido en las tinieblas de la preocupación, ni veia á sus poetas, ni se curaba de la poesía de sus costumbres, y los ensayos de Esteva en este género nacional pasaron desapercibidos ó menospreciados. Esteva, sin haber hecho mas que probar sus fuerzas en él, abandonó la poesía y se entregó á los negocios, echándose, como todos, en brazos de la política. ¡Suerte miserable de todos los hombres de génio en este turbulento país! Se ganan rara vez para sus intereses, porque raro es el hombre de ingenio capaz de hacer grandes negocios: son inútiles para la política estéril y sin principios fijos de una nación que no sabe todavía lo que quiere, y se pierden para las letras, cerrándose á sí mismos el camino de la gloria.

Esteva publicó en Veracruz en 1850 un tomo de poesías de 300 páginas. En él se aperciben los gérmenes fecundos de su talento, brotando á través de su inesperiencia, de la indecisión de su gusto vacilante todavía, sofocados por el afán de la imitación de nuestra poesía revolucionaria del 33 al 40 cuyas producciones empezaban por entonces á cobrar boga por las Américas Españolas. Las costumbres de las costas Veracruzanas, que tienen tantos puntos de contacto con las de Andalucía, le inspiraron las leyendas y las canciones que dio á luz en los periédicos, bajo el pseudónimo de “el Jarocho” (carácter comparable con el del majo brabucon andaluz.) La lectura de sus romances de V. y de los de Rubí, de los versos de Espronceda, de mis cantos del Trovador y de los desventurados ocho primeros tomos de mis poesías, que han descarriado el ingenio y pervertido el gusto de tantos mozos de talento por estas tierras, le dieron la forma de sus composiciones: de la cual hubiera necesariamente desnudado sus argumentos mas adelante, cuando su buen instinto y la práctica le hubieran hecho adquirir fuerzas para arrojarla de sí, y encontrar para ellos el atavío genuino de su ropaje nacional.

Encontrada una vez esta forma original, se hubiera separado de la costa, terreno estrecho para su genio, se hubiera apoderado de las costumbres de tierra adentro, y sus cantos y sus romances le hubieran conquistado la popularidad que merecían sus creaciones; pero Esteva se detuvo al principio de su camino, y hoy nos tenemos que contentar con los débiles ensayos de sus primeros pasos.

Tales como son, sus romances de costumbres nacionales “El Jarocho,” “Ñor Ludovico y Quiñones” y “Ñor Gorgoño,” encierran bellezas positivas en el género descriptivos Esteva versifica limpiamente: sus periodos son en lo general flexibles y perfectamente redondeados: y algunas de sus letrillas y de sus canciones son modelos de gracia y de ligereza, que no pueden leerse sin que asome á los labios del lector una sonrisa de complacencia. “El arroyo, y la flor” es un juguete primoroso, en el estilo de lo que á Campoamor se le antojó llamar Doloras; todo su libro, en fin, está salpicado de pensamientos y de estrofas de singular frescura, llenos de vida, de carácter y de genio. Si no temiera prolongar demasiado este escrito, le copiaría á V. muchos versos de Esteva, cuya lectura le haría á V. pasar un agradable rato; pero tiene V. que darse por satisfecho con los siguientes, mi querido duque.


EL JAROCHO.

Ya pasado Malibran,
Camino de Medellin,
Del Espartal al confin,
Cabalga en manco alazán
Compadre Chico Crispin.

Natural del Novillero,
Tres mancos allí tenia;
Seis reses en el potrero:
Gerca de la Nevería
Hace oficio de vaquero.

Calzón de pana ajustado
Hasta media pantorrilla,
Con medios lleva abrochado:
Sombrero de medio lado,
Con espejos la toquilla.

Y un puro con tal esmero
Lleva en su boca el galano
Que, si no es tabaco habano,
Es de las vegas veguero,
Pues él no fuma villano.

A paso lento camina
En su alazano trotón:
Y á los rayos de Lucina
Que los campos ilumina,
Comienza aquesta canción:

“Churripampli se casa
Con la torera
Y po eso le dicen Churripamplera:

Y ejto ej tan verdá
Como ver á un borrico volá
Por loj elemento;
Churripampli de mij pensamientos
¿Dónde te hayaré?
Y en la ejquina tomando café,
Y en la ejquina tomando café.”

“Si juerej á loj toroj
Cuando lo-jaya,
No monte-jen la rúsia
Sino en la baya.

Y si tienej dinero,
Tomaráj el asiento primero,
Con grande ternura;
Y veraj al negrito Ventura,
Con su ejcarapela:
Ese si que la pava la pela:
Ese si que la pava la pela.”

Por una choza pasaba
Cuando su canto acabó,
Y al manco alazán paró:
Que algo de allí le gustaba,
O alguno allí le llamó.

Al frente de aquella choza,
De su pequeño jardín
Flores cortaba una moza;
Jarochita que destroza
El corazón de Crispin.

Levantada la cabeza
Mostraba al andar serena
Tanto garbo y gentileza,
Que si no fuera morena
Fuera romana belleza.

Súchiles blancos y olientes
Entre su pelo tenia,
Y cocuyos que cojia,
En su cabeza, lucientes,
Con alfileres prendia.

Con su camisa de olan
Y con su celeste enagua,
Se fué acercando al galán
Que montado en su alazán
Tiene por pecho una fragua.

Y el galán que así la vio
Hasta la cerca acercarse,
Con ternura suspiró,
Hizo al sombrero ladearse,
Y así amoroso la habló:

"Oigajté ña Sacramenta,
Le diré ajté mi pasión:
Y si uté ej crijtiana atenta,
Tiene ujté aquí un corason
Que con náa… se amedrenta.

"Soy cojtante en el querer,
Y en el amar dadivoso,
Si ujté no lo quiere crér,
Lo dirá ñor Cinforoso
Que fué el que me lo hizo… ver.
"Mi dinero no dejmembra;
Y si en gajtarlo me pulo,
Pueo darle un cachirulo
Como el que tiene la jembra
Muger de ñor Cleto Angulo.

“Unaj naguaj le daré,
Y una banda de burato,
Y prendaj le compraré,
Que en amar no soy barato
Cuando se me ama… con fé.

“Y iremos á Meellin
Montando uté en güen andante,
Y si hay algún amgulante
Que ofenda allí á ñor Crispin…
Sé manejar mi cortante.”

Crispin acabó de hablar:
La moza su rostro esconde,
Y después de suspirar
Con dulce y tierno mirar,
Así el galán le responde:

“Ese amor que uté me jura
No pueo ejcucharlo, no;
Puej que me ama ñor Ventura
Y ejtoy de su amor sigura,
Y soy muy cojtante yo.

“El ej-jombre muy celano:
Tal vej ya pronto vendrá;
Camine alante crijtiano,
Que si noj ve mano á mano
Jablando… se enojará.”

—“Querido ángel humanal
De dir no me tengo, no:
Yo soy jombre muy cabal,
Y que venga mi rival
Que aquí verá… quien soy yo.”

En esto estaban los dos,
Cuando al oir de Ventura
La seca robusta tos,
Ña Sacramenta se apura
Y el galán le dice: “adioj”

Y luego de mal talante,
Mudando el color Crispin,
Saca el moruno cortante
Y… arrienda á su flaco andante
Camino de Medellin.



FRAGMENTO DE UNA SILVA Á LA MUERTE DE CLARA MIGONI.

¿Qué vale el hombre que feliz gozando,
Lleno su tierno corazón de amores,
Entre vistosas flores
La senda cruce del vivir cantando,
Si en el escaño de la tumba fria,
Sin la ventura ni el amor mundano,
Del corazón inerte se desvia
Esa existencia que guardó lozano,
Alegre, rica, tierna, bulliciosa,
Y á la mansión luctuosa
Entra el joven lo mismo que el anciano?
¿Qué mas da que á los confines de la vida
Llegar triste y cansado ó animoso,
Y en el árbol sombroso
Que cobija la humilde sepultura,
Dejar ¡ay! suspendida
La espada del guerrero fratricida,
El blanco velo de la virgen pura,
La lira del poeta,
El cetro del tirano
O el báculo nudoso del anciano?

¡Ah! pobre humanidad: el hombre nace,
Y en pos de honores, mísero, camina
Y le disfrazan rey, y rey le llaman:
O le cubren con ricas vestiduras
Y le llaman señor. El potentado
Se sueña grande, y en la inmensa altura
A do llevó su vanidad consigo,
Apenas mira al que nació mendigo
¡Ah! pobre humanidad; gallardo el joven
Con vestidos de guerra se atavia,
En su lozana juventud confia,
Y orgulloso y potente
Los peligros del mundo desafia,
Corriendo en pos de su pasión ardiente.

. . . . . . . . . . . . . . . .
Riqueza, nombre, gloria, distinciones,
Títulos necios del orgullo humano,
Vestiduras de un dia,
De que en la tumba fría
La humanidad, al encerrarse, muda,
Temerosa y humilde se desnuda.

Todos iguales son tras el sepulcro:
Del nacer al morir hay solo un paso:
Nace el sol y se pone: como el hombre,
Se eleva á su cenit, baja á su ocaso.


LA VIEJA.

Iba Don Juan cierto dia
Con María
Sirviéndole de galán,
Y al lado de la pareja
Una vieja
Que la cuida de Don Juan.

Don Juan la mano tomaba
Y besaba
De la candida María,
Y María suspiraba
Y decia
A Don Juan su ardiente queja.
¿Y la vieja?…

A María le asegura
Con ternura
Don Juan la mano de esposo:
Y abrazando su cintura,
Cariñoso,
Su ardiente amor le bosqueja.
¿Y la vieja?…

Y le miraba María
Y decia
Requiebros mil á su amante,
Y Don Juan le respondía
Que á galante
Atrás ninguno le deja.
¿Y la vieja?…

Llegaron á una casita
Donde habita
Un amigo de Don Juan;
Don Juan al amigo grita,
Y al zaguán
Les abre paso una reja.
¿Y la vieja?…

Una candileja ardia
Noche y dia
En el oscuro zaguán;
Don Juan fingió que caía,
Y el truhán
Apagó la candileja.
¿Y la vieja?…
La vieja no mas decia:
¡Qué malo es este D. Juan!

Me dirá V., mi querido Ángel, que los romances de costumbres veracruzanas de Esteva no son mas que imitación de los romances Andaluces de Rubí, sus letrillas y sus endechas de las de Bretón y de Campoamor, y que sus ensayos son aún incorrectos; pero nadie podrá negar que en ellos se revela un grande instinto de originalidad y un feliz estudio de las costumbres de su pueblo: y es indudable que quien tan bien imitó en su edad primera, habria dado mas tarde con el género de poesía nacional de su país, sinó hubiera nacido en uno perdido por ahora para las musas, y en una época de revolución literaria, en la cual era muy difícil que ningún joven pudiera fijar su gusto por sí mismo, sin rumbo en tal océano de diversos principios y opiniones, mal establecidos aún por tan diferentes escuelas.

Esteva, no sacando de sus versos utilidad ninguna metálica, y sin esperanza de que le procuraran en vida ni estimación ni gloria, abandonó la poesía y se engolfó en los negocios! ¡Ojalá la fortuna le dé tanta prosperidad en estos, como Dios le dió talento para cultivar aquella.