La guirnalda (Campoamor)

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
La guirnalda.


 Dar pretendo á la mas bella,
que menos sepa de amores,
una guirnalda de flores,
y mi corazon con ella.

 Niñas de los ojos bellos,
al triunfo optad las primeras,
si al par contais hechiceras
las gracias y los cabellos.

 Venid sin vanos aliños
con ella á ser coronadas,
hermosas como las hadas
con quien soñamos de niños

 Palma del mejor modelo
será esa guirnalda hermosa,
que al aire ondea graciosa,
mintiendo el íris del cielo.

 Listadas de azul y gualda
sus bellas flores nacieron:
jamás las gracias tejieron
tan peregrina guirnalda.

 Ved las auras amorosas
¡cómo vagando la mecen!

ved qué conformes parecen
entre los lirios las rosas!

 Con los azâres distinto
junta el clavel su carmin,
y entre jazmin y jazmin,
salta el color del jacinto.

 ¡Cómo en la tierna guirnalda
concuerdan con dulce agrado
con el matiz mas nevado
la mas subida esmeralda!

 ¡Y cuán gallardas las flores
dan, con gentil movimiento,
capullos y hojas al viento,
frescura, esencia y colores!

 Si alguna, entre tanta bella;
aspira al don soberano,
levante airosa la mano,
y ciña su sien con ella.

 Mas cuide no se la ciña,
sin ser de beldad modelo,
pues pagará, vive el cielo,
su inadvertencia de niña.

 Que nadie el dón halagüeño
sin causa podrá alcanzarlo,

pues se deshace al tocarlo,
como la dicha de un sueño.

 De alguna sé que la palma
ganar en la lid podria...
Mas cesa, esperanza mia,
no así me inquietes el alma,

 Que no han de empañar ahora,
al recordar mis amores,
otras lágrimas las flores
que las que les dió la aurora.

 Esa florida guirnalda,
ya despojada de abrojos,
ha de hechizarme los ojos
sobre la tez de una espalda.

 Venid, venid, peregrinas,
matando, niñas, de amores.
Justo es que goceis las flores
alguna vez sin espinas.

 Y no direis que inhumano
vuestro placer no prevengo,
cuando por vosotras tengo
llena de heridas la mano.

 ¿Y á quién, al verla, no asombra
esa guirnalda gentil,

desde hoy la dejo esperande
la reina de la hermosura.

–oo–

 Por esto si alguna bella
merece el dón soberano,
levante airosa la mano,
y ciña su cien con ella.

–oo–