La importancia de llamarse Ernesto: I - I

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Cuarto de estar en el piso de Algernon en Half-Moon Street. Londres. La habitación está amueblada artística y lujosamente.

Se oye un piano en la habitación contigua.

(Lane está preparando en la mesa el té de la tarde. Cuando para la música, entra Algernon.)

Algernon: Lane, ¿has oído lo que estaba tocando?

Lane: Me parece que escuchar no es de buena educación, señor.

Algernon: Pues te lo has perdido. No toco el piano demasiado bien, cualquiera puede hacer eso, pero lo toco con gesto admirable. En lo que atañe al piano el sentimiento es mi fuerte. La ciencia la guardo para la vida.

Lane: Sí, señor.

Algernon: Y, hablando de la ciencia de la vida. ¿Has cortado el pepino para los sándwiches de Lady Bracknell?

Lane: Sí, señor.

Algernon: Ya. ¿Y están listos?

Lane: Aquí están, señor. (Le muestra una bandeja.)

Algernon: (Los mira, coge dos y se siente en el sofá.) Y a propósito, Lane, he visto en tu libro de cuentas que el jueves por la noche, cuando Lord Shoreman y mister Worthing cenaron conmigo, se consumieron ocho botellas de champán...

Lane: Sí, señor. Ocho botellas y algo más.

Algernon: ¿Por qué será que en los pisos de soltero son los criados quienes se beben el champán siempre? Conste que lo pregunto a título de información.

Lane: Lo atribuyo a la superior calidad del vino, señor. Con frecuencia he observado que en las casa matrimoniales, el champán no suele ser de buena cosecha.

Algernon: ¡Cielos! ¿Tan desmoralizador es el matrimonio?

Lane: Yo creo que es un estado muy agradable, señor. Hasta el momento, mi experiencia sobre el asunto es muy escasa. Sólo una vez estuve casado. Y fue a causa de un malentendido entre cierta joven y yo.

Algernon:(Lánguidamente.)No sé hasta qué punto me interesa tu vida familiar, Lane...

Lane: No, señor; no es un tema muy interesante. Yo nunca pienso en él.

Algernon: Seguro que aciertas. Es todo, Lane. Gracias.

Lane: Gracias, señor. (Lane comienza a salir)

Algernon: Ah... ¿me alcanzarías otro sándwich de pepino?

Lane: Claro, señor. (Vuelve y le ofrece la bandeja)

(Lane se va.)

Algernon: Las ideas de Lane sobre el matrimonio parecen algo relajadas. En verdad, si las clases inferiores no nos dan ejemplo, ¿qué papel juegan en este mundo? Como clase se diría que no tienen la menor responsabilidad moral.

(Entra Lane)

Lane: Mr. Ernesto Worthing.

(Entra Jack. Lane sale.)

Algernon: ¿Qué tal estás, Ernesto querido? ¿Qué te trae a la ciudad?

Jack: ¡El placer, sólo el placer! ¿Hay otra cosa que mueva a la gente? Te veo comiendo, como siempre, Algy.

Algernon: (Muy tieso.) Creo que es costumbre entre la buena sociedad picar algo a eso de las cinco. ¿Dónde has estado desde el jueves último?

Jack:(Sentándose en el sofá.)¡Ah! En el campo.

Algernon: ¿Y qué hacías allí?

Jack:(Quitándose los guantes.)En la ciudad, uno se divierte a sí mismo. Pero en el campo sólo se puede divertir a los demás. ¡Y eso es extremadamente aburrido!

Algernon: ¿Y quién es la gente a la que diviertes?

Jack:(Con aire ligero.)Los vecinos. Sólo a los vecinos.

Algernon: ¿Hay vecinos agradables en tu finca de Shropshire?

Jack: Son todos horribles. Jamás hablo con ellos.

Algernon: ¡Qué manera estupenda de divertirse! (Se levanta y coge otro sándwich.)A propósito. ¿Tú eres de Shropshire, verdad?

Jack: Sí, de Shropshire, claro. Oye, ¿por qué tantas tazas? ¿Y los sándwiches de pepino? ¿Por qué tanta extravagancia en alguien tan joven? ¿Quién va a venir a tomar el té?

Algernon: Tía Augusta y Gwendolen. Nadie más.

Jack: ¡Absolutamente delicioso!

Algernon: Sí, estupendo. Pero mucho me temo que tía Augusta no apruebe que estés aquí.

Jack: ¿Puedo preguntar por qué?

Algernon: Querido, tu modo de coquetear con Gwendolen es absolutamente vergonzoso. Tanto como el modo de Gwendolen de coquetear contigo.

Jack: Estoy enamorado de Gwendolen. He venido a la ciudad expresamente para declararme a ella.

Algernon: Creía que habías venido por placer. Y resulta que vienes por negocios...

Jack: ¡No eres nada romántico!

Algernon: De veras que no veo nada romántico en declararse. Estar enamorado es muy romántico. Pero no hay nada romántico en una declaración en toda regla. Sobre todo porque puede ser aceptada. Y creo que generalmente es lo que ocurre. Con lo que la emoción desaparece por completo. La esencia del romanticismo es la incertidumbre. Si me caso alguna vez, haré todo lo posible por olvidarlo.

Jack: De eso no tengo la menor duda, Algy querido. El divorcio se inventó especialmente para la gente que tiene una memoria como la tuya.

Algernon: Es absurdo especular con ese tema. Los divorcios se hacen en el cielo. (Jack intenta coger un sándwich, Algernon se lo impide.)Hazme el favor de no tocar los sándwiches de pepino. Están especialmente hechos para tía Augusta. (Coge otro y se lo come)

Jack: Pues tú no paras de comértelos.

Algernon: Eso es otro asunto. Se trata de mi tía.(Coge el plato de al lado) Toma un poco de pan con mantequilla. El pan y la mantequilla son para Gwendolen. Gwendolen adora el pan con mantequilla.

Jack (acercándose a la mesa y sirviéndose él mismo): Pan y mantequilla magníficos, por cierto.

Algernon: Bien, querido. Pero tampoco hace falta que te lo comas todo. Te comportas como si estuvieras ya casado con ella. Lo que todavía no ha ocurrido, y mucho me temo que no sucederá nunca.

Jack: ¿Por qué lo dices?

Algernon: En primer lugar porque las chicas nunca se casan con los hombres con quienes coquetean. No les parece correcto.

Jack: ¡Menudo despropósito!

Algernon: No lo es. Se trata de una gran verdad. Eso explica el extraordinario número de solteros que se ven en todas partes. En segundo lugar, yo no daría mi consentimiento.

Jack: ¿Tu consentimiento? ¿Qué nueva tontería es ésa?

Algernon: Querido amigo, Gwendolen es mi prima hermana. Y antes de permitir que te cases con ella, me tienes que aclarar el asunto de Cecilia.

Jack: ¡Cecilia! ¿Qué quieres decir? (Algernon va hasta el timbre y lo toca. Luego vuelve a la mesa de té y se come otro sándwich.)¿Qué significa eso de Cecilia, Algy? Si recuerdo bien, no conozco a nadie con ese nombre...

(Entra Lane.)

Algernon: Trae la pitillera que se dejó Mr. Worthing en el salón la última vez que cenó aquí.

Lane: Claro, señor.

(Sale Lane.)

Jack: ¿Quiere eso decir que te has guardado mi pitillera todo este tiempo? Podrías haber tenido la delicadeza de hacérmelo saber. He estado escribiendo irritadísimo cartas a Scotland Yard sobre el tema. Estaba a punto de ofrecer una recompensa muy generosa...

Algernon: Bien, pues ofrécela. Te aseguro que estoy sin blanca.

Jack: No hará falta ya una recompensa generosa, puesto que se ha encontrado el objeto.

(Entra Lane con la pitillera sobre la bandeja. Algernon la coge y Lane se va.)

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