La importancia de llamarse Ernesto: I - V

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Algernon: ¿Todo bien, muchacho? ¿No irás a decirme que Gwendolen te ha rechazado? Sé que es un hábito en ella. Siempre rechaza a la gente. Creo que es lo más antinatural de su carácter.

Jack: No, con Gwendolen va todo perfecto. En lo que a ella concierne, estamos comprometidos. Su madre es absolutamente insoportable. Nunca había visto a una Gorgona... En realidad, no sé muy bien lo que es una Gorgona, pero estoy totalmente seguro de que Lady Bracknell lo es. En cualquier caso, es un monstruo, pero sin el encanto del mito... Perdóname, Algy, supongo que no debería hablar así de tu tía delante tuyo.

Algernon: Querido, a mí me encanta que hablen mal de mis parientes. Es lo único que, después, me hace tratarlos bien. Los parientes, sencillamente, son un montón de gente aburrida que no tiene la menor idea de cómo vivir, ni el menor instinto sobre cuando deben morirse.

Jack: Claro, yo no tengo parientes. Así es que no sé nada sobre ellos.

Algernon: Eres un tío con suerte. Los parientes jamás prestan dinero, y nunca dan un crédito, ni aunque seas un genio. Son una pesadísima forma de público.

Jack: Y después de todo, ¿qué importa que un hombre tenga o no padre y madre? Las madres, por supuesto, están muy bien. Pagan las cuentas de sus chicos y no les fastidian. Pero los padres fastidian a los hijos y nunca pagan sus cuentas. No conozco a un solo soltero de mi club que se hable con su padre.

Algernon: Sí, los padres nunca han sido populares hasta ahora.

(Coge el periódico de la tarde.)

Jack: ¿Populares? Te apuesto que ni un solo chico soltero, entre todos los solteros que conozcamos entre los dos, desea que le vean paseando con su padre por St. Jame's Street. (Pausa) ¿Dice algo el periódico?

Algernon: (Leyendo aún) Nada.

Jack: ¡Qué bien!

Algernon: Hasta donde recuerdo, los periódicos nunca dicen nada.

Jack: Yo creo que habitualmente están llenos de cosas. Demasiado. Siempre molestan hablando de gente que uno no quiere conocer, nunca ha visto y por quien no daría ni dos peniques... ¡Patanes!

Algernon: Yo diría que la gente a la que no has visto es encantadora. Ahora mismo estoy interesadísimo por una chica a la que nunca he visto; de hecho, mucho más que interesado. Jack: ¡Eso no tiene sentido!

Algernon: Claro que lo tiene.

Jack: Bueno, no voy a discutir sobre ese tema. Tú siempre quieres discutirlo todo.

Algernon: Es que todo se ha hecho para ser discutido.

Jack: Te doy mi palabra de que si yo pensase eso me pegaría un tiro... (Pausa) Algy, ¿Crees que existe alguna posibilidad de que Gwendolen llegue a ser como su madre, aunque sea dentro de ciento cincuenta años?

Algernon: Todas las mujeres llegan a parecerse a sus madres. Esa es su tragedia. Al hombre no le ocurre lo mismo. Y esa es la suya. Jack: ¿Eso es ingenioso? Algernon: Está perfectamente expresado. Y es tan absolutamente cierto como pueda serlo cualquier apunte sobre la vida civilizada.

Jack: Estoy harto del ingenio. En nuestros días todo el mundo es ingenioso. No se puede ir a parte alguna sin encontrarse con un ingenioso. La cosa se ha convertido en una verdadera calamidad pública. Por nuestro propio bien, desearía que aún quedasen algunos bobos.

Algernon: Y quedan.

Jack: Mucho me gustaría conocerlos. ¿De qué hablan?

Algernon: ¿Los bobos? Ah, naturalmente hablan de los ingeniosos.

Jack: ¡Qué bobos!

Algernon: Por cierto, ¿le has dicho la verdad a Gwendolen, que eres Ernesto en la ciudad y Jack en el campo?

Jack: (Con notorio aire protector) Mi querido amigo: La verdad no pertenece al tipo de cosas que conviene decir a una muchacha encantadora, refinada y dulce. ¡Qué ideas tan raras tienes de cómo tratar a una mujer!

Algernon: La única manera de tratar a una mujer es hacer el amor con ella si es bonita, o hacerlo con otra, si es fea.

Jack: ¡Vaya! Otra tontería.

Algernon: ¿Y qué dices de esa damita, Miss Cardew, de la que eres guardián? ¿Qué le has dicho de tu hermano, de ese perdido de Ernesto?

Jack: ¡Ah, Cecilia, es verdad! Antes del fin de semana me habré desembarazado de ese hermano... Probablemente lo mataré en París.

Algernon: ¿Por qué en París?

Jack: No quiero problemas. Sería absurdo disponer un funeral y cosas por el estilo. Sí, probablemente lo mataré en París. Una apoplejía sería perfecto. Mucha gente muere repentinamente de apoplejía, ¿verdad?

Algernon: Sí, pero se trata de una enfermedad hereditaria, querido amigo. Pertenece a esa clase de cosas que vienen de familia...

Jack: ¡Santo dios! Entonces no me sirve. ¿Y qué me sugieres?

Algernon: Podrías decir que fue la gripe.

Jack: No, no sirve. Demasiada gente tiene gripe.

Algernon: Bueno. Habrá que buscar otra cosa. ¿Por qué no hablas de un fuerte resfriado? Me parece muy propio.

Jack: ¿Estás seguro de que un fuerte resfriado no será hereditario, familiar o algo por el estilo?

Algernon: Por supuesto que no.

Jack: Muy bien. Entonces todo está listo.

Algernon: Pero, ¿no me habías dicho que... Miss Cardew estaba muy interesada, incluso demasiado, en tu pobre hermano Ernesto? ¿No sentirá terriblemente su pérdida?

Jack: Sí, claro. Pero me alegro de poder decir que Cecilia no es una muchacha tontamente romántica. Goza de un gran apetito, da largos paseos y no presta la menor atención a sus lecciones.

Algernon: Me gustaría mucho conocer a Cecilia.

Jack: Tendré mucho cuidado para que eso no ocurra. Y no deberías llamarla Cecilia.

Algernon: ¡Vaya! Yo creí que era fea. Sí, sé perfectamente bien cómo es. Se trata de una de esas opacas muchachas intelectuales que están siempre en su sitio. Muchachas de mente amplia y amplios pies. Estoy seguro de que es más fea que lo habitual, y seguro que tiene unos treinta y nueve años y los aparenta.

Jack: Pues ya ves, es excesivamente guapa y sólo tiene dieciocho.

Algernon: ¿Le has dicho a Gwendolen que tienes una pupila que es excesivamente guapa y tiene sólo dieciocho años?

Jack: Hay gente a la que no se le deben contar esas cosas. La vida es una cuestión de tacto. Se lo iré diciendo gradualmente. Cecilia y Gwendolen terminarán siendo, a buen seguro, muy grandes amigas. Te apuesto cualquier cosa a que, media hora después de haberse conocido, se dicen hermanas.

Algernon: Las mujeres sólo hacen eso después de haberse dicho antes muchas otras cosas. Ahora, muchacho, si quieres que tengamos una buena mesa en Willi's, deberíamos ir a vestirnos. ¿Sabes que son casi las siete?

Jack: (Irritado) ¡Oh! ¡Siempre son casi las siete!

Algernon: Bueno, yo tengo hambre.

Jack: Jamás coincido contigo cuando no la tienes... Está bien. Vuelvo a Albany y nos encontramos en el Willi's a las ocho. Puedes recogerme de camino, si quieres.

Algernon: ¿Qué haremos después de cenar? ¿Ir al teatro?

Jack: ¡Oh, no! Me molesta escuchar.

Algernon: Bien, ¿vamos al Club?

Jack: ¡Oh, no! Detesto hablar.

Algernon: Bueno, ¿damos una vuelta por el Empire a eso de las diez?

Jack: ¡No, no! Me es insoportable mirar. ¡Es de tontos!

Algernon: ¿Y entonces qué hacemos?

Jack: ¡Nada!

Algernon: No hacer nada es un trabajo muy penoso. No me siento dispuesto a un trabajo tan penoso si no tiene algún tipo de utilidad.

(Entra Lane.)

Lane: Miss Fairfax.

(Entra Gwendolen. Sale Lane.)

Algernon: ¡Gwendolen, qué magnífico!

Gwendolen: Algy, haz el favor de darte la vuelta. Tengo algo muy privado que decir a Mr. Worthing. Como es un asunto privado, por supuesto puedes escuchar.

Algernon: En verdad, Gwendolen, no se si debo permitir esto.

Gwendolen: Algy, siempre adoptas una actitud estrictamente inmoral frente a la vida. Y no eres aún lo bastante viejo para hacerlo.

(Algernon se retira hacia la chimenea.)

Jack: ¡Queridísima!

Gwendolen: Ernesto, es posible que no nos casemos nunca. Por la expresión de la cara de mi madre me lo temo mucho. Hoy día son pocos los padres que tienen en cuenta a sus hijos. El antiguo respeto por los jóvenes ha muerto por completo. La influencia que pude tener sobre mi madre la perdí cuando tenía tres años. Pero aunque pudiera impedirnos que lleguemos a ser marido y mujer, aunque llegue a casarme con otro y aún a casarme muchas otras veces, nada de lo que pueda hacer mudará mi eterno amor por ti.

Jack: ¡Gwendolen querida!

Gwendolen: La historia de tu romántico origen, que me la contado mi madre, con desafortunados comentarios, como era de esperar, ha conmovido las fibras más hondas de mi naturaleza. Tu nombre de pila posee una irresistible fascinación. La sencillez de tu carácter te vuelve exquisitamente incomprensible para mí. Tengo tu dirección en la ciudad, en Albany, ¿cuál es tu dirección en el campo?

Jack: Manor House, Walton, Hertfordshire.

(Algernon que ha estado escuchando atentamente, sonríe para sí, y escribe las señas en el puño de su camisa. Luego coge la Guía de Ferrocarriles.)

Gwendolen: ¿Funcionará bien el correo, supongo? Pudiera ser necesario hacer algo desesperado. Por supuesto que eso requeriría una reflexión muy seria. Te escribiré todos los días.

Jack: ¡Queridísima!

Gwendolen: ¿Cuánto tiempo te quedarás en Londres?

Jack: Hasta el lunes.

Algernon: Gracias, ya lo había hecho.

Gwendolen: También puedes tocar el tiempo.

Jack: ¿Permitirás que te acompañe hasta el coche, querida mía?

Gwendolen: Claro.

Jack: (A Lane, que acaba de entrar.) Yo acompañare a Miss Fairfax.

Lane: Bien, señor.

(Salen Jack y Gwendolen. Lane presenta, en una bandeja, varias cartas a Algernon. Debe suponerse que son facturas, pues Algernon mira los sobres y las rompe.)

Algernon: Tráeme un jerez, Lane.

Lane: Bien, señor.

Algernon: Mañana, Lane, voy a bunburizar.

Lane: Bien, señor.

Algernon: Probablemente no vuelva hasta el lunes. Prepárame el esmóquin, el frac y todos los trajes de Bunbury.

Lane: Bien, señor. (Le acerca el jerez.)

Algernon: Espero que mañana haga un buen día, Lane.

Lane: Nunca hace un buen día, señor.

Algernon: Lane, eres el pesimista perfecto.

Lane: Hago lo imposible por resultar agradable, señor.

(Entra Jack. Sale Lane.)

Jack: ¡Es una chica tan sensible y tan inteligente! La única chica que me ha gustado en toda mi vida. (Algernon se ríe abiertamente.) ¿Qué es lo que te hace tanta gracia?

Algernon: No, nada. Sencillamente estoy algo preocupado por el pobre Bunbury, eso es todo.

Jack: Si no tienes cuidado, cualquier día, tu amigo Bunbury te meterá en un buen lío.

Algernon: Me encantan los líos. Son las únicas cosas que jamás son serias.

Jack: No digas tonterías, Algy. Siempre estás enredado en absurdos.

Algernon: Todos hacen lo mismo.

(Jack lo mira con indignación y sale. Algernon enciende un cigarrillo, lee en el puño de su camisa y sonríe.)


Fin del primer acto.

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