La quichua en Santiago

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Artículos Críticos y Literarios del


Dr. D. Juan Maria Gutierrez

LA QUICHUA EN SANTIAGO.[editar]


(Un rato de conversacion escrita con el Sr. D. B. Poucel que se permite su atento S. S. Juan María Gutierrez.)


Buenos Aires, Enero 16 de 1856.


Es un hecho, al abrigo de toda duda, que la poblacion de la provincia Argentina de Santiago del Estero habla la lengua quiehua ó quichua, que es la lengua jeneral del Perú. Si esa parte del territorio de la Confederacion se hallase inmediatamente en contacto con la República Boliviana, no causaría tanta estrañeza el fenómeno que acabamos de señalar; pero no es así. Entre la parte meridional del territorio Boliviano y la Provincia de Santiago, se interponen otras provincias arjentinas cuyas poblaciones no conocen la lengua de los Incas y hablan el español únicamente.

El Sr. Poucel, con la sagacidad de induccion que le es familiar, ha echado de paso algunas ideas sobre esta materia en un artículo recientemente publicado en el Orden; ideas que nos proponemos ayudar un poco con los presentes renglones.

La cuestión histórica que á este respecto debe ventilarse es: ¿Los pobladores primitivos de los llanos de Santiago, se establecieron allí durante el gobierno de los Incas, ó con posterioridad á la conquista del Perú por las armas españolas? — Nos parece que por mucho que se compulsen los elementos deficientes que componen la historia de esta parte de América, no se hallarían pruebas terminantes para asegurar lo primero ni para negar lo segundo. Los Incas eran conquistadores é invasores: hicieron por muchos siglos el papel de los romanos, y se dice de ellos como se ha dicho de los Señores del mundo, que tomaban lo mejor de los usos y costumbres de los pueblos que sometían á su dominio. Eran tolerantes y trataban de alijerar la mortificación de la conquista derramando en sus nuevos dominios los beneficios de la exelencia de su gobierno, de su administración y de su civilización verdaderamente notables. Es de creer, pues, que tanto por medio de las armas como de la habilidad, y sobre todo por la fuerza de espansion que tienen en si los pueblos adelantados, se extendió el Imperio de los Incas en el ámbito que le señalan los historiadores. Oigamos á este respecto al Sr. Prescott (Guillermo), quien, refiriéndose á la relacion manuscrita de Sarmiento, á la Crónica del Perú de Cieza de León y al exactísimo y bien informado Garcilaso de la Vega, dice lo siguiente: "El Imperio del Perú, en la época de la invasión española, se estendia por la costa del Pacífico, desde el segundo grado, por mas ó menos de latitud Norte hasta el 37 de latitud Sur; línea que describen actualmente los límites occidentales de las repúblicas modernas del Ecuador, Perú, Bolivia y Chile. Su anchura no puede ser determinada con exactitud, porque aunque totalmente limitado al Oeste por el gran Océano, hácia el Este se dilataba en varias partes mucho mas allá de los montes, hasta los confines de las tribus bárbaras, cuya exacta situación no es conocida y cuyos nombres han sido borrados del mapa de la historia."

En las palabras que quedan subrayadas en esta larga cita de la Historia de la Conquista del Perú con observaciones preliminares sobre la civilización de los Incas, puede apoyarse cualquiera que tenga interés en sostener que antes de la conquista fueron del Señorío del Inca las llanuras que median entre los ríos Salado y Dulce. Veamos ahora los datos que en el otro sentido presentan los historiadores de la conquista del Tucuman, compulsados por el Dr. Funes, en su Ensayo Histórico, al que seguiremos para no acumular autoridades en una nota pasajera.

Supone el Dr. Funes que deseando D. Francisco Pizarro alejar la influencia poderosa de su rival D. Diego de Almagro, tuvo la habilidad de persuadirle la conveniencia de la conquista de Chile, la cual emprendió Almagro por los años de 1533, tomando la ruta de Tupiza, y de aquí la del valle de Chicoan, jurisdicción de Calchaqui. Si esto es exacto, el ejército español en camino para Chile, se internaba en la provincia llamada entonces del Tucuman, no por espíritu de conquista sino con el objeto de evitar las desiertas é inhospitalarias soledades de Atacama que separan á Chile del Perú. La resistencia á los invasores comenzó desde Jujuy. De cinco soldados españoles que se separaron del grueso del ejército, fueron tres despedazados cruelmente por los indios; y cuando la totalidad del mismo ejército atravesaba el citado valle de Chicoan, fué atacado por la retaguardia con tanta enerjia, que mataron al caballo del jeneral escapado dificilmente con vida á merced del oportuno socorro que le prestaron sus muy leales soldados. Almagro no pudo vengarse de este insulto. Los indios tomaron las alturas y se burlaron de las fuertes caballerias que destacó en su persecución. La relación algo confusa é incompleta del Dean, deja lugar apenas para suponer que el ejército de Almagro entró á Chile por la altura del valle de Calchaqui, lo que, según las mejores cartas, cuadra bien con la proposicion que hicimos antes, pues en aquella altura, termina el desierto de Atacama y comienza el suelo fértil de Chile.

Este ejército español se componía de 570 españoles y 15,000 indios peruanos. Se vé pues que para las empresas de conquista se valian los españoles de sus nuevos súbditos, acostumbrados por sus envejecidos usos á invadir tierras estranjeras y á imponerles él uso ds su idioma que era en lo que principalmente hacian consistir los Incas el buen éxito definitivo y la perpetuidad de sus conquistas.

No seria estraño, pues, que cuando poco mas tarde se concedió la Capitanía General á aquel Diego de Rojas que tanto se habia señalado en la conquista de Nicaragua y en otras grandes empresas que supo llevar á cabo con reducidos recursos, nada tendría de estraño, repetimos, que trajese consigo algunos aliados peruanos aunque no fuesen en el crecido número de 15,000. En esta suposición y aunque según puede deducirse del historiador que seguimos, el Capitán General Rojas estendió sus conquistas hacia Catamarca en donde halló una resistencia que le costó la vida, puede creerse sin embargo y sin violencia de la razón, que los pobladores de Santiago, (entonces, y hasta mucho tiempo despues, comprendidos en la jurisdicción del Tucuman) son el resultado de la conquista española como lo presume también el Señor Poucel.

Porqué la influencia de los ausiliares peruanos del conquistador español se fijó de preferencia en aquel punto, no puede tampoco aplicarse de otro modo que lo hace el Sr. Poucel, es decir por las afinidades del indijena Santiagueño con el Peruano, lo que dice mucho á favor del primero, atendiendo el grado de adelantamiento social é intelectual que no puede negarse por entonces á la raza de la lengua quichua. Es de añadir que cuando por los años de 1550, después de la catástrofe de Rojas, recayó la Capitania de Tucuman en otro Capitán de la conquista del Perú llamado Juan Nuñez de Prado, quien abrió la vanguardia de sus conquistas con 84 soldados y muchos indios amigos. Esta vez los indijenas se presentaron mas dóciles. Los de Calchaqui se convinieron en formar una nacion con la de su propio invasor, y los habitantes del Valle de Catamarca, los de los Rios Salado y Dulce, los de la jurisdicción de Santiago y los belicosos Lules se sujetaron con grande docilidad.

Estos hechos posteriores justifican aun mas las suposiciones que quedan aventuradas en un punto todavía tan oscuro de nuestrar historía [1]

Volviendo al hecho constante de que la lengua hablada hoy por el pueblo de Santiago del Estero, es la misma llamada por los escritores la lengua jeneral del Perú, tengo motivos para creer que la adulteración que haya podido sufrir en las llanuras, distante de su orijen y circundada de pueblos que hablan un idioma tan superior como es el castellano, no es de gran consideración. Conocemos personas cultas de la Provincia de Tucuman que han aprendido el quichua en largas residencias que en su juventud hicieron en los linderos de ambas provincias, y que teniendo después que atravesar el territorio de Bolivia y del Perú á causa del comercio en mulas, se hicieron entender y entendieron perfectamente á los quichuas puros con el idioma que habian aprendido en Santiago.

Los Santiagueños tienen, como es natural mucho apego á la lengua que para ellos es materna. El español es el latin de aquellos scitas, la lengua oficial en que no derraman ni los sentimientos intensos, ni las confianzas íntimas de la familia y de la amistad. La ola creciente de la civilización debe respetar ese rasgo variado de la fisonomia del pueblo argentino. Y lejos de desdeñar la parte culta de Santiago el espresarse en aquella lengua, debe al contrario esforzarse por llevarle á las fuentes puras de su origen y lavarla allí de las manchas que han de desfigurarla probablemente por las muchas pecaminosas influencias que la combaten. Los sacerdotes en especial, debían alli aprender en las gramáticas y diccionarios que dejaron de la lengua quichua los misioneros jesuitas, la pureza de que esta es susceptible para derramar con majestad y eficacia la palabra de Dios entre aquel pueblo tan indutrioso y simpático. — Si se tratara de algún dialecto pobre y oscuro, encerrado en espacio reducido, y empleado como signo de groseras ideas por una tribu poco numerosa, nos guardariamos de recomendarla como digna de estudio, de conservación y mejoramiento. Pero la lengua de la gran civilización peruana es hablada actualmente por mas de dos millones de americanos, y sus exelencias como idioma claro, espresivo y harmonioso están atestiguadas por muchos escritores de nota. Nos contentaremos con recordar lo que á este respecto dice un célebre Granadino, el malogrado Caldas, á quien cupo en sus montañas natales de América la misma suerte que al francés Lavoisier, pidiendo en vano una tregua á la muerte (que no le mandaba Dios) para terminar un trabajo útil. "Los peruanos siempre exactos, siempre cuidadosos en dar á las cosas nombres tomados de sus virtudes, (dice el fundador del semanario de Nueva Granada) ó su figura, de su situación etc., llamaron á las yerbas por sus virtudes y por sus usos en la medicina, en las artes, y en la sociedad. Cuando se conoce un poco su lengua, esta lengua armoniosa, dulce y flexible, esta lengua que representa en el nuevo continente á la Toscana del antiguo, entonces se conoce el juicio y la elección que tuvieron los peruanos en la imposición de los nombres á todos los objelos que los rodeaban. Un volcan que arroja de su cima columnas de humo espeso mezclado con llamas, se le nombra Cotopaxi (masa de fuego); otro que lanza de su seno nubes de arena, conmueve los fundamentos de la provincia, y arruina los templos y los edificios, se le llama el Pichincha (el terrible, el amenazador): una cima inmensa cubierta de nieve, y colocada al otro lado de un rio, se nombra Chimborazo (nieve al otro lado): una poblacion establecida en una garganta estrecha que corta la Cordillera, se le impone el nombre de Lacta cunga (garganta estrecha); y en fin á una planta que fortifica los músculos, que dá vigor, que hace andar á un tullido, le llama.... calpachina yuyu (yerba que hace caminar). Los nombres de esta lengua contienen las virtudes de las plantas y las cualidades de todos los objetos. Al oir los nombres de las plantas casi se saben sus virtudes. ¿No es esto mas sabio, mas importante á la humanidad que esos nombres que ha criado la adulación, el reconocimiento ó el interés? Qué idea nos pueden dar de una planta las voces diascorea, plinia, busfónica, sigesvechia?... Para dar algún idea mas de esta lengua, copiamos aquí la esclamacion patética de una madre que acababa de perder un hijo tierno: chaupipurchapi tutayarca! (en la mitad del dia le anocheció). Si faltase armonía a estas dos palabras nadie podrá tacharlas de faltas de elocuencia y de laconismo. [2] Hay una circunstancia digna de tomarse en cuenta y que prueba la exelencia de la lengua quichua. Tal es la de haberse naturalizado muchas de sus palabras en el lenguaje usual de las poblaciones civilizadas, aun en aquellas que por su situación jeográfica no están en contacto inmediato con los indígenas que hablan la quichua. Como se verá mas adelante, esas palabras inoculadas en el habla de los españoles, es decir de los conquistadores, responden á usos é ideas mas adelantadas en el imperio de los Incas que en las sociedades formadas en el molde de la civilización española. — En las ciudades de Chile, Santiago y Copiapó, por el centro de las cuales corren rios que las divide en dos partes, se llama bario de la Chimba al suburbio que está al otro lado del rio separado de la parte principal de la población. Chimba, en quichua significa del otro lado. En el fondo del valle de Copiapó y en toda la provincia llamada modernamente de Atacama, centro de afamados laboreos de metales de plata y cobre, la mayor parte, de los términos técnicos de minería que allí se emplean son los mismos que usan los potosinos y demás mineros del Perú, términos que pertenecen á la lengua quichua sin disputa alguna. De estos recordamos los siguientes: Apir, poruña, chancar, cancha etc. Cuando los españoles bajo la bandera del jeneral Valdivia comenzaron la famosa guerra contra el resistente araucano, ya estaban allí en uso palabras quichuas que D. Alonzo de Ercilla consideró tal vez como pertenecientes á la lengua chilena, pues incorporó las palabras ojota, Llanto, Palla etc. en la Declaración que puso al frente de su conocido y famoso poema, para inteligencia del lector no familiarizado con las cosas de Indias.

La ciudad de Buenos Aires situada en el estremo sur de la parte poblada del Continente español de la América, distante centenares de leguas del Cuzco y de Quito, emporios de la civilización de los Incas, ha dado carta de ciudadanía á muchas palabras de la lengua quichua, sin el ausilio de las cuales, á veces se hallarían muy embarazados sus habitantes para espresar ciertas ideas. Mientras tanto, no goza de la misma prerogativa la lengua guaraní, que es sin disputa muy bella, muy propia y llena de imájenes, ha sido hablada, y lo es todavía, en lugares inmediatos y que se hallaron siempre en constante comunicacion con la antigua Capital por los canales de los grandes rios. [3] Nosotros tenemos rejistradas como veinticinco de esas palabras quichuas corrientes en nuestro lenguaje vulgar, y de entre ellas daremos el significado de las siguientes como mas características, valiéndonos para probar su orijen del Vocabulario de la lengua natural del Perú, etc., del padre Diego González Olguin, impreso en Lima en el año 1608. Cancha, patio ó corral, esta palabra se aplica entre nosotros para designar un espacio estenso de terreno bien nivelado, y asi decimos, cancha de pelota, cancha de bolos, al patio donde tienen lugar estos juegos. Cancha de un horno de ladrillos, es el lugar á propósito para poner en órden el ladrillo crudo para que se oree antes de ponerle á la acción del fuego. Cancha, en nuestros rios, significa una larga porción en que se mantienen rectos y sin serpenteos, conservando una misma dirección. Pucho ó puchasca (sobras, reliquias). De estas palabras hemos hecho el espresivo modismo no vale un pucho para despreciar el valor ó la importancia que indebidamente se quiere dar á una cosa cualquiera. La aplicación mas terminante que hacemos de la palabra pucho, es el resto ó sobra que se arroja del cigarro que se ha fumado; asi decimos: pucho de cigarro. [4] Chhacra (heredad de labor, tierras ó huertas). Nosotros usamos esta palabra en la misma significacion escribiéndola con una sola h. Es palabra de uso indispensable. De la palabra chharqui, que en quichua significa tasajo ó resina y también el cuerpo de un animal ó del hombre flaco ó seco, hemos hecho la voz charque que solo usamos en la primera significación, cuando la carne es seca al sol. Esta palabra tiene sus derivados, como charqueada, el lugar de la faena del charque; y charcon que se dice del animal enjuto pero fuerte, especialmente del caballo. Chhasca (melena) se emplea en Buenos Aires, aunque no jeneralmente, para designar un cabello mal cuidado y abundante. De Chasqui, se ha hecho en casi toda la América del Sur Chasque, que significa, como entre los Incas, el correo ó espreso despachado para dar una noticia especial y urgente. La Chhuspa, bolsa en que los peruanos guardan el maiz, la coca y demas enseres de viaje y llevan al hombro guisa de maleta, se ha convertido entre nosotros en Chuspa, especie de talego largo y angosto, hecho jeneralmente del buche del avestruz ó de la piel de animalillos silvestres y pequeños que sirve á nuestros paisanos para guardar el tabaco, el papel y los avios de encender. Vulgarmente se compara con una Chuspa el seno de las mujeres cuando está lacio y flaco por falta de cuidado, por la edad, etc

Huasca (soga ó cordel grueso), es una palabra que escribimos guasca y es la única que empleamos para significar la cuerda hecha de cuero de animales que tiene infinitos usos en nuestras industrias: tiene á mas entre nosotros, el derivado guascaso que es el golpe dado con una guasca. Vincha (cinta ó apretador de los caballos) se emplea en el mismo sentido aun cuando sea un pañuelo el que se ajuste á la frente como tienen de costumbre las jentes humildes cuando les duele la cabeza. Yuyu (hortaliza, yerba de comer). Es nuestra voz favorita para indicar cualquiera planta espontánea é inútil: se usa jeneralmente en plural, y cambiando la u en o: yuyos. Humita (bollicos de maiz como tamales) dice el P. Olguin, describiendo así con la mayor exactitud el plato que llamamos umitas y que consiste en maiz tierno guisado y envuelto en la hoja de la planta del mismo maiz (chala). Dispuesto asi forma lo que en el Perú se llama tamal palabra probablemente quichua que no ha llegado hasta nosotros. Pampa; este nombre con que designamos la llanura poblada á este lado de los Andes por la raza Araucana, significa en quichua — plaza, suelo llano, llanada, sábana, campo abierto. Para nosotros representa la idea de estension inmensa y solitaria. Llamamos pampas á los indijenas del desierto indicado antes. Chuccho, es el frio con temblor que produce la fiebre y especialmente la llamada terciana (calofrío). "Me dá chucho" se dice en Buenos Aires cuando se siente esa impresión que los franceses distinguen con la espresion chair de poule. La palabra cháguara con que designan los niños de Buenos Aires el hilo torcido consistente que les sirve para hacer bailar el trompo, la supongo derivada de chahuarhuana, que significa en quichua — soga de cáñamo, aunque también puede proceder del nombre de un aloes del chaco llamado chaiguar, según el Sr. Arenales en su conocida obra sobre aquella rejion paj. 221. Dar cháguara, es un modismo humorítico de nuestra ciudad que significa — alentar á una persona á que muestre ó desenvuelva alguna propensión inocentemente ridícula. La agricultura debe algunas voces a la misma lengua del Perú: decimos maiz ó trigo chuso al que se halla en el caso descripto por el P. Olguin en el vocablo chusso de su citado diccionario: "maiz ó trigo chupado, no lleno, arrugado por helarse en leche, ó faltarle el agua al granar, que molido es todo cascara ó afrecho;" y llamamos chaucha á la vaina tierna en que se encierra el poroto, que es la misma acepción que esa palabra tiene en quichua etc, etc. — Es sabido qua los Incas contraian especial atención á la construcción y mejora de los caminos de los cuales habia algunos que atravesaban toda la estension del imperio y que se llamaban por antonomasia del Inca, porque este monarca transitaba por ellos en sus visitas oficiales. A distancia como de 3 á 4 leguas habia en estos caminos unas posadas que se llamaban tambos, y con este mismo nombre se denominan todavía en Lima algunos grandes edificios construidos por particulares para proporcionar alojamiento á la jente y sus bestias que entran del interior con cargas ó productos para alimentar los mercados. Nosotros hemos adoptado esta voz pero dejenerándola notablemente en su significado: llamamos tambo al lugar donde se atan y ordeñan las vacas: tamberas á las vacas mansas cuya leche se deslina para beber, hacer mantequilla, ó quesos; y también llamamos tambo al lugar donde se reúnen los negros africanos á bailar y á tener sus juntas y reuniones. Lope de Vega, haciendo en su rica imajinacion una mezcla graciosa de cosas americanas ha introducido esta palabra en el siguiente estribillo de una cancioncilla preciosa:

Piraguamonte, piragua,
Piragua, gerizarizagüa;
Bio, Bio,
Que mi TAMBO lo tengo en el rio.


Por último recordaremos una palabra cuyo significado no es misterioso hoy para nadie en el mundo porque ¿quien no conoce la substancia llamada guano y sus felices aplicaciones al abono de las tierras cansadas? — Es probable que este descubrimiento arrebate al elenco peruano de las voces porteñas, esta que hasta nuestras damas empleaban sin saber lo que decían en la frase siguiente para ponderar el exeso de las tareas de una persona: «trabaja hasta echar el guano.» — Esta circunstancia es nueva en la historia del lenguaje, porque es cosa que no se ha visto nunca abandonar el empleo de una palabra en el mismo momento en que se aclara ó se conoce su verdadero valor y significado.

La lengua quichua como casi todas las americanas es lengua hablada únicamente, porque no consta que se haya escrito en ella obra alguna de larga estension como sucede con la mejicana en la cual se conservan algunos manuscritos históricos redactados por indíjenas educados por los europeos. Sin embargo existen escritos en la lengua jeneral del Perú algunos sermonarios, devocionarios, etc., y las siguientes que copiamos de catálogos hechos por personas muy versadas en la bibliografía americana.

1. Gramática de la lengua quichua ó del Perú, por Frai Domingo de Sto. Tomas. Valladolid, 1560, in-12.
2. Vocabulario de la lengua jeneral del Perú, llamada quichua ó del Inca, etc. Por el P. Diego González Olguin. Lima 1608.—- 4.° grandes de 330 f.
3 Lexicón de la lengua quichua, por frai Domingo de Sto. Tomas. Valladolid 1560.
4. Ritual para los curas del Perú, por Bocanecra. Lima 1631; in-4º.
5. Arte y vocabulario de la lengua quichua, por el P. Torres Rubio. Lima 1754, in-12 [5]. La topografía etnográfica del actual territorio de la República Arjentina no se halla ni siquiera en la cuna. Los historiadores modernos la han descuidado enteramente, y los antiguos deben leerse con suma precaución para no caer con ellos en errores de nota al señalar las localidades ocupadas por las razas primitivas. En esta materia hay que atender ante todo á fijar el número de naciones verdaderas existentes en la época de la conquista; y á nuestro juicio no debe considerarse como una nación sino aquella que habló un idioma especial completamente diferente de los demás conocidos, teniendo en cuenta que muchas de estas lenguas tenian sus dialectos derivados de ellas, ó corrupciones provenientes de la separación y apartamiento de un grupo del seno de la familia principal. — En la colección de Documentos de D. P. de Angelis hay una relación de las naciones que repartió en encomiendas el 2.º fundador de Buenos Aires, D. Juan de Garay. Pero esas no pueden considerarse como naciones sino como parcialidades ó tribus de la Gran nación Guarani, la que, en la parte de la provincia de Buenos Aires, no pasó jamas á la márjen derecha del Paraná. Los nombres que se dan en aquel repartimiento de carne humana en esas supuestas naciones deben ser los de sus jefes ó los de los lugares que ocupaban en aquel momento. La nación querundio querandi, era la Señora del terreno sobre que se asienta Buenos Aires. Era una raza de valientes que se extinguió completamente sin dejar rastros de su idioma en ningún objeto topográfico. Los nombres de lenguas indijenas que conservan los lugares, arroyos, lagunas, etc., de la provincia de Buenos Aires, son de orijen guaraní y araucano. Los nombres guaraní son en pequeño número y sobre el litoral, mientras que los araucanos son muchos y comienzan desde la márjen exterior del Rio Salado. Los indios quilmes del Tucuman, trasladados desde allí a cuatro leguas al sur de Buenos Aires, no han dejado mas rastros que el del nombre de nación ó parcialidad dado al pueblo que se fundó con ellos y que hoy es completamente de jente blanca agricultora. (Véase Azara, t. 2.º p. 241, ded. del C. del Plata.)

Las huellas impresas en la nomenclatura topográfica por las naciones de orijen chileno, pueden ser efecto de una conquista hecha sobre los habitantes indijenas por aquella raza que es numerosa y aguerrida, borrando las denominaciones anteriores dadas á los mismos objetos por los primitivos señores del suelo de la llanura arjentina. Sin embargo, los rastros de estos no se advierten en ninguna parte, y hay motivos para creer que la rejion oriental de las Cordilleras hasta la actual frontera sur de Mendoza, no fué poblada sino por los llamados actualmente indios pampas, quienes pasaron los montes atraídos por los ganados y caballos alzados de los establecimientos cristianos, que recobraban en aquellas pingües y solitarias dehesas su ferocidad é independencia primitivas bajo la denominación de baguales.

Leyendo en el único libro que queda de la historia de esas pobres razas perseguidas, y extintas mucbas de ellas, cuyas pájinas se componen de los nombres propios de las localidades, hay motivo para presumir que en las actuales jurisdicciones de Catamarca y la Rioja existió una raza que poseia un idioma peculiar, pues los nombres terminados en gasta y en gala que allí son frecuentes como sinogasta, adalgala no corresponden, según lo que podemos nosotros alcanzar, á la lengua del Perú ó quichua.

La historia ha conservado el nombre de la nación que poblaba en tiempo de los conquistadores las provincias denominadas de Cuyo, que son Mendoza, San Juan y San Luis. El P. Jesuita Ovalle, consagra en su historia de Chile algun capítulo á esa nación que se llamaba de los Guarpes, y de cuya lengua escribió su arte y compuso su vocabulario el P. Valdivia, famoso misionero de la Compañia de Jesús, según lo afirma el mismo historiador Ovalle.

El Entre-Ríos y Corrientes estuvieron indudablemente ocupados por las tribus de la gran nación Guaraní, cuyo idioma se habla actualmente por la mayoría de los habitantes civilizados de la segunda de aquellas provincias argentinas, lo mismo que sucede en el Paraguay. Los guaranis que eran emigrantes como pocas naciones indíjenas no atravesaron con sus aduares lengua y costumbres á esta parte del Paraná, sin duda detenidos por el ancho de este rio al acercarse al Plata [6] Sin embargo el gran ángulo formado por el cabo de San Antonio en este rio, que es de parte de tierra sumamente pantanoso, lleva el nombre Rincón del Tuyú que significa barro en la lengua guaraní, lengua que denominaba las cosas, como Caldas observa de la quichua, describiendo algunas de las principales propiedades del objeto denominado.

Este es el único rástro guaraní que sobresale en la nomenclatura topográfica de la tierra firme de la provincia de Buenos Aires. Varios de los riachos formados por el Paraná al incorporarse al Plata, mantienen muchos de ellos sus primitivos nombres guaranís, como el cané, por ejemplo, que significa tortuoso y al cual llaman los españoles de las nueve vueltas, justificando la propiedad del sustantivo-adjetivo indijena.

Las líneas que quedan escritas son unos cuantos rasgos lijerísimos sobre una materia que sería curioso aclarar y sobre la cual debe fijarse en adelante la atención de los viajeros sábios que visiten estas rejiones. El Sr. d'Orbigny ha señalado el primer rumbo en la carta etnográñea que acompaña á su obra sobre el hombre de la América meridional; pero él se ha contraído únicamente á las principales razas conocidas, dejando los detalles para los que hayan de sucederle en las investigaciones mas prolijas de esta misma naturaleza.


Juan María Gutierrez


  1. Existe en el valle de Calchaquí, situado al N. O. de la ciudad del Tucuman, vastos enterratorios ó huacas á la manera de los pernanos. Estos monumentos son los mas característicos de aquella civilización, por cuanto preparaban sus momias de una manera especial y porque enterraban sus muertos con objetos de sus usos, particularmente vasos de una construcción especialisima ya bien conocida en Europa. En el catálogo de los libros y papeles vendidos al instituto histórico brasilero, por el Sr. D. Pedro de Angelis, se registra la obra siguiente, escrita por un Chileno avecindado en la ciudad de Salta: Monumentos del tiempo de los Incas, cuyos vestigios se admiran en las provincias que componían la intendencia del Tucuman, por D. Filiberto de Mora. Manuscrito autógrafo. — (Catálogo de Angelis, publicado en Buenos Aires en corto número de ejemplares.)
  2. M. A. D'Orbigny hablando de los quichuas se esplica así con respecto al idioma: ...leur langue est remplie de figures gracieuses, descomparaisons justes, de proverbes naifs, et peint avec force, et élégance les passions vives, l'amour surtout, la plus entrainante de toutes....
    Alcide D'Orbigny p. 281. - L'homme americain (de l'Amerique meridionale) etc. etc. tom. 1er. Paris, 1839.
  3. La palabra tapera, (habitación arruinada) y alguna otra que se nos escapa, son las unicas palabras del guaraní aceptadas en el lenguaje habitual de la provincia de Buenos Aires.
  4. D. Florencio Balcarce, muerto en el verdor de su juventud y después de haber enriquecido su espíritu con las lecciones de los mas célebres profesores de París desde 1837 á 1839, ennobleció esta espresion vulgar dándole cabida en su afamada cancion el cigarro, en la penúltima estrofa que dice asi:
    Qué nos dejan en sus huellas
    La grandeza y los honores?
    Por la paz hondas querellas.
    Los abrojos por las flores.
    La patria al que ha perecido
    Desprecia como un guijarro....
    Como yo arrojo y olvido
    El pucho de mi cigarro.
    (América Poética, paj. 58 y 59.- Valparaíso 1846.)
  5. No se ha tenido á la visla el exelente catálogo de M. de Compans.
  6. Según Azara el pueblo del Baradero sobre el Paraná en la Provincia de Buenos Aires, debió fundarse con indios de una parcialidad Guarani. Pero esto debe considerarse como una emigración forzosa provenida de la conquista.