La viuda de Manasés

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La viuda de Manasés de José Zorrilla
último tomo de las Poesías.


Fragmento de una leyenda bíblica

Holofernes, general de los asirios. Amiris

Delante de su ejército ganaron
largo trecho los dos, y la llanura
del campo de Esdrelón atravesaron,
y en la silvestre y fértil espesura
de las montañas ásperas tocaron,
en cuya amena soledad oscura
de esta manera a platicar tornaron.

HOLOFERNES ¿Con que ya de Israel pisamos tierra?


AMIRIS Éste es de Dotaín la gran campiña,

en cuyo seno pródigo se encierra
la doble mies y la fecunda viña.

HOLOFERNES ¿Y aquí nace aquella uva prodigiosa

que alguna vez en Nínive gustamos
del rey en los festines?

AMIRIS Aquí nace.

Tiende la vista ansiosa
en rededor de ti y míralo. Estamos
donde con cinto de montañas hace
sus límites Judá, y aquellos muros
que levantarse ves sobre la sierra
los de Betulia son.

HOLOFERNES ¿Betulia dices?

¡Oh! ¡Mil veces soñé con esta tierra!
¿Que ésta es Betulia?

AMIRIS: Sí. Texto


HOLOFERNES Nuevas felices

me das, y el corazón dentro del pecho
me salta de alegría,
centro a tanto placer hallando estrecho.
¡Salve, Betulia mía!
¡Salve, ciudad hermosa del Oriente;
blanca perla escondida en la montaña
tras cuya erguida y torreada frente
nace la luz que al universo baña!
¡Salve!, y no temas de mi armada gente
las armas nuevas, y la lengua extraña,
que todo este aparato de pelea
sólo guerra de amor trae a Judea.

AMIRIS ¡Señor!


HOLOFERNES Silencio, Amiris: de mi labio

saltaron indiscretas las palabras,
mas ábrelas sepulcro si eres sabio
dentro del corazón o te le labras.

AMIRIS ¡Que así me hables, señor, cuando en mi pecho

solamente amistad franca y sincera
para ti guardé siempre!

HOLOFERNES No sospecho

de ti; perdona, Amiris, esta fiera
pasión que me devora
y que dentro de mí vivió hasta ahora.

AMIRIS ¡Pasión!


HOLOFERNES No, dije mal; voraz hoguera,

fuego que oculto en mis entrañas vive,
que calma ni frescor jamás recibe,
y a cuya llama mi vivir consumo,
pues ni aun puedo dejar que lance fuera
en suspiros y lágrimas el humo.

AMIRIS ¡Tú amas!


HOLOFERNES Con amor tan impetuoso

que las riquezas, el honor, la gloria,
no tuvieron aliento poderoso
a echar a una mujer de mi memoria.

AMIRIS ¡A una mujer!


HOLOFERNES De este país.


AMIRIS ¿Hebrea?


HOLOFERNES Sí, pero más hermosa y peregrina

que el sol que en el Oriente centellea
y cuanto con sus rayos ilumina.

AMIRIS Jamás aquí moraste.


HOLOFERNES Mi destino

a Nínive la echó. Parientes suyos
a rescatar del cautiverio vino,
y al rey habló y la hablé: respetuosa
mi poder invocó; servíla luego:
sus parientes salvó por ser hermosa,
mas por mirarla yo sentíme ciego.
La busqué, la seguí, la hablé amoroso;
rigurosa la hallé más cada día:
ídolo la erigí del alma mía;
pero el tiempo perdí, perdí el reposo:
de Nínive partió con cauta huella,
mi corazón llevándose tras ella.
Dulce recuerdo de agradable sueño,
su imagen vive en mi memoria, ilesa;
mas otra sombra de terrible ceño
entre ambos enojada se atraviesa.
Nabucho-Donosor con necio empeño
por esposa me ofrece una princesa,
y éste, que un día ambicionar me plugo,
hoy me parece insoportable yugo.

AMIRIS ¿Y en la misma balanza

una loca pasión pones osado
con la sacra privanza
del monarca de Asiria? ¿Has olvidado
que de todo su ejército caudillo
vienes a estos lugares
sólo a su gloria a levantar altares,
y con paz o con guerra,
a ley de la razón o del cuchillo,
a proclamarle Dios, rey en la tierra?
¿Has olvidado que si tal secreto
se huyera de tu labio en Babilonia,
por él quedaras a morir sujeto
en horca vil y torpe ceremonia?

HOLOFERNES Por eso le oculté tan cuidadoso

mientra en la corte ninivita anduve:
por eso me empeñé tan afanoso
mi cargo en obtener, y al fin le obtuve:
mas hoy lejos de Nínive, seguro
puedo ya respirar: franco mi aliento,
no en alta noche entre doblado muro,
sino a la luz del sol y al aire puro
puede manifestar mi pensamiento.
Sí, yo amo a una mujer israelita
y es su amor para mí mayor tesoro
que la sacra princesa ninivita
que el rey me ofrece con palacios de oro.

AMIRIS Te oigo y apenas lo que dices creo;

el rey te trata como a igual; te brinda
la mano de hermosísima princesa,
su ejército te da, te da su mesa
y no concibo bien que éste no rinda
Cuanto ha la vida para ser preciada
no vale de tu rey una mirada.

HOLOFERNES Y una mirada de la hermosa hebrea

vale más para mí que el mundo todo;
y esa pompa imperial que le rodea,
puesta a su lado me parece lodo.
¿Me ves cuando en mi carro rutilante,
arrebatado de veloz cuadriga,
no hallo enemigo que me esté delante
ni esforzado varón, que mi pie siga?
¿Quién piensas, di, que esfuerza mi bravura
que las contrarias huestes atropella?
¿Por quién creer que mi vida se aventura?
¿Por el honor de Asiria? No: por ella.
¿Me ves cuando de pie sobre un escudo,
de toda una nación al clamoreo,
de cien clarines entre el son agudo
después del triunfo conducir me veo?
¿Por quién entonces mi cerviz erguida
con noble orgullo militar descuella?
¿Por quién aprecio mi gloriosa vida?
¿Por el honor de Asiria? No: por ella.
¿Me ves cuando ceñido de áurea ropa,
en el festín de mi señor tendido,
asida con los labios la ancha copa
mantengo largo trecho distraído?
¿Crees que me arroba el cortesano incienso?
¿Que el pisar me enloquece donde él huella?
¿Creíste que es en lo que entonces pienso
Nabuco-Donosor? No: pienso en ella.
Y por ella de Nínive me alejo,
por ella multiplico mis hazañas,
por ella el fausto y las grandezas dejo,
porque ella es el amor de mis entrañas.

AMIRIS Indigna es de un guerrero tal flaqueza,

ajena tal pasión de un cortesano,
y es fácil que te cueste la cabeza
si llega hasta el oído soberano.

HOLOFERNES Llegará cuando llegue con tal ruido,

que al comprender la temeraria idea
ya encontrará su imperio dividido,
y enfrente de su Asiria mi Judea.

AMIRIS ¡Dioses!


HOLOFERNES En tu alma mi secreto encierra:

yo sus estatuas alzaré a millares,
yo le proclamaré rey en la tierra,
mas justo es que a mi amor preste su guerra
una corona entre su mil altares.
Te ofrezco mi amistad; y piensa al cabo
que yo te llamo en mi poder amigo
y en su real poder te llama esclavo.
Séme fiel, y oye bien lo que te digo:
escudo de mi rey, en mí se fía:
ídolo de su ejército, me adora:
alentado de amor, la fuerza es mía:
yo abarco al real poder en este día,
yo soy Nabuco-Donosor ahora.
Álcense, pues, aquí los blancos linos
de las asirias tiendas; y prudentes
franqueemos desde aquí nuestros caminos
y el intento sepamos de esas gentes.
Esto quise decirte, y para esto
quise sólo avanzar aquí contigo;
elige, pues: mi víctima o mi amigo.

AMIRIS Nací contigo, junto a ti es mi puesto.


HOLOFERNES Y no te ha de pesar cuando se vea

enfrente de su Asiria mi Judea.



Dijo: y a una señal de su áurea trompa
los ecos de los montes despertaron:
y con soberbia y belicosa pompa
sus tiendas los asirios levantaron.

FIN