La vuelta de Martín Fierro (1879)/4

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Antes de aclarar el dia
Empieza el indio á aturdir
La pampa con su rugir,
Y en alguna madrugada,
Sin que sintieramos nada
Se largaban á invadir—

Primero entierran las prendas
En cuevas como peludos;
Y aquellos indios cerdudos
Siempre llenos de recelos,
En los caballos en pelos
Se vienen medio desnudos.

Para pegar el malon
El mejor flete procuran—
Y como es su arma segura
Vienen con la lanza sola,
Y varios pares de bolas
Atados á la cintura.—

De ese modo anda liviano,
No fatiga el mancarron;
Es su espuela en el malon,
Despues de bien afilao
Un cuernito de venao
Que se amarra en el garron.

El indio que tiene un pingo
Que se llega á distinguir,
Lo cuida hasta pa dormir;
De ese cuidado es esclavo—
Se lo alquila á otro indio bravo
Cuando vienen á invadir.

Por vigilarlo no come
Y ni aun el sueño concilia—
Solo en eso no hay decidia,
De noche, les asiguro,
Para tenerlo seguro
Le hace cerco la familia.

Por eso habrán visto ustedes,
Si en el caso se han hallao,
Y sinó lo han oservao
Tengalo dende hoy presente—
Que todo pampa valiente
Anda siempre bien montao.

Marcha el indio á trote largo
Paso que rinde y que dura;
Viene en direcion sigura
Y jamas á su capricho—
No se les escapa vicho
En la noche mas escura.

Caminan entre tinieblas
Con un cerco bien formao;
Lo estrechan con gran cuidao
Y agarran al aclarar
Ñanduces, gamas, venaos—
Cuanto ha podido dentrar.

Su señal es un humito
Que se eleva muy arriba—
Y no hay quien no lo aperciba
Con esa vista que tienen;
De todas partes se vienen
A engrosar la comitiva.—

Ansina se van juntando,
Hasta hacer esas riuniones
Que cain en las invasiones
En número tan crecido—
Para formarla han salido
De los últimos rincones.

Es guerra cruel la del indio
Porque viene como fiera;
Atropella donde quiera
Y de asolar no se cansa—
De su pingo y de su lanza
Toda salvacion espera.

Debe atarse bien la faja
Quien aguardarlo se atreva;
Siempre mala intencion lleva,
Y como tiene alma grande
No hay plegaria que lo ablande
Ni dolor que lo conmueva.—

Odia de muerte al cristiano,
Hace guerra sin cuartel—
Para matar es sin yel,
Es fiero de condicion—
No golpéa la compasion
En el pecho del infiel.

Tiene la vista del águila,
Del leon la temeridá—
En el desierto no habrá
Animal que él no lo entienda—
Ni fiera de que no aprienda
Un istinto de crueldá.

Es tenaz en su barbarie,
No esperen verlo cambiar,
El deseo de mejorar
En su rudeza no cabe—
El bárbaro solo sabe
Emborracharse y peliar.

El indio nunca se rie
Y el pretenderlo es en vano,
Ni cuando festeja ufano
El triunfo en sus correrias—
La risa en sus alegrias
Le pertenece al cristiano.

Se cruzan por el desierto
Como un animal feroz—
Dan cada alarido atroz
Que hace erizar los cabellos,
Parece que á todos ellos
Los ha maldecido Dios.

Todo el peso del trabajo
Lo dejan á las mujeres—
El indio es indio y no quiere
Apiar de su condicion,
Ha nacido indio ladron
Y como indio ladron muere.

El que envenenen sus armas
Les mandan sus hechiceras—
Y como ni á Dios veneran
Nada á los pampas contiene—
Hasta los nombres que tienen
Son de animales y fieras.—

Y son, por ¡Cristo bendito!
Lo mas desaciaos del mundo—
Esos indios vagabundos
Con repunancia me acuerdo,—
Viven lo mesmo que el cerdo
En esos toldos inmundos.

Naides puede imaginar
Una miseria mayor—
Su pobreza causa horror—
No sabe aquel indio bruto
Que la tierra no dá fruto
Sino la riega el sudor.



La Vuelta de Martín Fierro de José Hernández

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