Las mil y una noches:0930

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Las mil y una noches - Tomo VI
pero cuando llego la 943ª noche

de Anónimo


PERO CUANDO LLEGO LA 943ª NOCHE[editar]

Ella dijo:

"... Y de tal suerte queda purificado por el fuego y por el agua. Y a eso se reduce la ceremonia del contrato de matrimonio en mi país".

Entonces el rey, que estaba prendado de la hermosa, ordenó abrir el foso consabido, lo llenó de leños y de haces, y llamó a su visir, al que dijo: "Prepárate a andar mañana conmigo por ahí encima".

Y al día siguiente, cuando llegó el momento de prender fuego a aquel canal de leña, el visir dijo al rey: "Mejor será que se arroje primero Mohammad, el hijo del pescador, para ver qué pasa. Si sale sano y salvo de ese fuego, podremos entonces arrojarnos también nosotros". Y él dijo: "Está bien".

Y he aquí que, entretanto, el salmonete había saltado a la dahabieh de su amigo y le había dicho: "Avispado: si el rey te llama y te dice: "¡Tírate a este fuego!", no tengas miedo, sino tápate las orejas y pronuncia la fórmula preservadora: "En el nombre de Alah el Clemente sin límites, el Misericordioso". Luego tírate resueltamente al canal dei fuego".

Y el rey hizo prender fuego a los leños y haces. Y llamaron a Mohammad, y le dijeron: "Tírate al fuego y camina por él, hasta el mar, porque para eso eres el Avispado".

El niño les contestó: "¡Por encima de mi cabeza y de mis ojos! ¡a vuestras órdenes!" Y se tapó los oídos, y pronunció mentalmente la fórmula del bismilah, y entró con resolución en el fuego. Y salió por el lado del mar más hermoso que antes. Y todo el mundo lo vió y quedó deslumbrado por su hermosura.

Entonces el visir dijo al rey: "¡También nosotros vamos a entrar en el fuego para salir hermosos como ése maldito hijo del pescador! Y llama también a tu hijo para que se tire con nosotros y se vuelva tan hermoso como nosotros vamos a volvernos". Y el rey llamó a su hijo, aquel tan feo y que tenía la cara como las correas de los zuecos viejos. Y los tres se cogieron de la mano, y de tal modo, se arrojaron al fuego. Y quedaron reducidos a un montón de cenizas.

Entonces Mohammad el Avispado, hijo del pescador, fué a ver a la joven, la princesa hija del sultán de la Tierra Verde, e hizo el contrato de matrimonio con ella, y la desposó. Y se sentó en el trono del Imperio, y fué rey y sultán. Y llamó a su lado a su padre y a su madre. Y vivieron todos juntos en el palacio, con absoluta tranquilidad y armonía, contentos y prosperando. ¡Loores a Alah. Dueño de la prosperidad, del contento, de la felicidad y de la armonía!"

Y cuando el capitán de policía Mohii Al-Din hubo contado así esta historia, y el sultán Baibars húbole dado las gracias y le hubo manifestado su contento, volvió él a su puesto.

Y avanzó un quinto capitán de policía, que se llamaba Nur Al-Din. Y tras de besar la tierra entre las manos del sultán Baibars, dijo: "Yo ¡oh señor nuestro y corona de nuestra cabeza! te contaré una historia que no tiene par entre las historias". Y dijo: