Las mil y una noches:0993

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Las mil y una noches - Tomo VI
y cuando llegó la 986ª noche

de Anónimo


Y CUANDO LLEGÓ LA 986ª NOCHE[editar]

Ella dijo:

"… He aquí ahora cómo salió de mi mano aquel collar, para volver... a mí hoy, y por qué he llorado al verlo.

"En efecto, después de haber pasado cierto tiempo cantando, cuando refrescó la brisa del lago, El-Walid se levantó, y nos dijo: "Embarquémonos para pasear por el agua". Y al punto acudieron unos servidores que estaban distanciados, y trajeron una barca. Y el califa pasó a la barca el primero; luego yo. Y cuando le tocó el turno a la joven que me había hecho don del collar, adelantó una pierna para pasar a la barca. Pero como se había envuelto en su velo grande para que no la observaran los remeros, aquello la entorpeció y faltándole pie, cayó al lago, y antes de que hubiese tiempo de socorrerla, se fué al fondo del agua. Y a pesar de cuantas pesquisas hicimos, no logramos encontrarla. ¡Alah la tenga en Su compasión!

"Y fueron muy profundas la pena y la aflicción de El-Walid, y bañó su rostro el llanto. Y también yo derramé lágrimas amargas por la suerte de aquella infortunada joven. Y el califa, que había permanecido silencioso largo rato después de aquella catástrofe, me dijo: "¡Oh Hachem! para mi dolor sería un ligero consuelo entre mis manos el collar de esa pobre joven, como recuerdo de lo que para mí fué durante su corta vida. Pero Alah me libre de recogerte lo que te hemos dado. Te ruego, pues, que consientas en venderme ese collar".

"Y al punto entregué el collar al califa, quien, a nuestra llegada a la ciudad, hizo que me contaran treinta mil dracmas de plata, y me colmó de regalos preciosos.

"Y tal es, ¡oh Emir de los Creyentes! la causa que me hace llorar hoy. Y Alah el Altísimo, que desposeyó a los califas ommiadas del poder soberano en favor de los Beni-Abbas de los que eres gloriosa descendencia, ha permitido que este collar llegase a tus manos con la herencia de tus nobles antepasados, para volver a mí por este camino apartado".

Y Al-Raschid se emocionó mucho con este relato de Hachem ben Soleimán, y dijo: "¡Alah tenga en Su compasión a los que merecen compasión!". Y con esta fórmula general evitó pronunciar el nombre de uno de los individuos de la dinastía rival abatida". Luego dijo el joven: "Puesto que hablamos de músicos y cantarinas, voy a contaros un rasgo, entre mil, de la vida del más célebre entre los músicos de todos los tiempos, Ishak ben Ibrahim, de Mossul". Y dijo: