Las mil y una noches:282

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Las mil y una noches - Tomo II
Y cuando llegó la 290ª noche

de Anónimo



Y CUANDO LLEGO LA 290ª NOCHE[editar]

Ella dijo:

...y el califa le ordenó que despojase de su ropa a Abu-Nowas y le pusiese una albarda a la espalda, atándole un ronzal y hundiéndole una espuela en las posaderas, y de tal guisa que le llevase por todos los pabellones de favoritas y demás esclavos, para que sirviese de irrisión a los habitantes todos de palacio, conduciéndole luego a la puerta de la ciudad, y ante el pueblo de Bagdad en masa le cortase la cabeza, sirviéndosela en una bandeja. Y contestó Massrur: "¡Escucho y obedezco!" Y al momento se dispuso a ejecutar las órdenes del califa.

Arrastró a Abu-Nowas, que juzgaba completamente inútil intentar eludir el furor del califa, y después de ponerle como queda dicho, comenzó a pasearle lentamente por delante de los diversos pabellones, cuyo número era igual al de los días del año.

Y hete aquí que Abu-Nowas, cuya reputación de chistoso era universal en palacio, no dejó de atraerse la simpatía de todas las mujeres, las cuales, para hacer más ostensible su piedad, empezaron a cubrirle de oro y joyas, y acabaron por agruparse y seguirle prodigándole palabras de consuelo; y entonces el visir Giafar Al-Barmaki, que pasaba por frente al grupo para personarse en palacio, reclamado por un asunto urgente, al ver al poeta llorando y lamentándose, se acercó a él y le dijo: "¿Pero eres tú, Abu-Nowas? ¿Qué crimen cometiste para ser castigado de tal modo?"

El otro respondió: "¡Por Alah, no cometí ni la sombra de un crimen! ¡No hice otra cosa que recitar algunos de mis más hermosos versos ante el califa, quien me ha regalado en agradecimiento sus mejores trajes!"

Como en aquel mismo instante se encontraba muy cerca de ellos el califa, oculto tras los tapices de un pabellón, no pudo por menos de echarse a reír al escuchar la respuesta de Abu-Nowas. Le perdonó, regalándole un ropón de honor y una fuerte suma de dinero, y continuó, como antes, haciendo de él su compañero inseparable en los momentos de mal humor.

Cuando Schehrazada acabó de. contar esta aventura del poeta Abu-Nowas, la pequeña Doniazada, presa de un ataque de risa que en vano pretendía sofocar contra la alfombra en que se hallaba sentada, corrió a su hermana, y le dijo: "¡Por Alah, hermana Schehrazada, cuán divertida fué la historia, y qué gracioso debía estar Abu-Nowas vestido de borrico! ¡Si nos contases alguna otra aventura de ese individuo serías muy amable!"

Pero exclamó el rey Schahriar: "¡Me resulta muy antipático el tal Abu-Nowas, y si no deseas que te corten inmediatamente la cabeza, no tienes más que continuar con el relato de sus aventuras! En otro caso, puedes contarme alguna historia de viajes para amenizarme el resto de la noche; porque me he aficionado a todo lo referente a viajes instructivos desde el día en que emprendí una excursión a lejanos países con mi hermano Schahzamán, rey de Samarcanda Al-Ajam, después de lo ocurrido con mi maldita mujer, a la que hice cortar la cabeza. Así, pues, si conoces un cuento verdaderamente delicioso para quien lo escuche, no dejes de contarlo desde luego, ya que esta noche es más tenaz que nunca mi insomnio".

Al oír del rey Schahriar tales palabras, se apresuró a decir la discreta Schehrazada: "Justamente, las más asombrosas y gratas entre todas las que conozco son las historias de viajes. En seguida vas a juzgar, ¡oh rey afortunado! porque, en verdad, no hay en los libros historia comparable a la del viajero llamado SINDBAD EL MARINO. (Sindbad, vocablo consagrado por el uso en Francia, en lugar de Sindabad, pronunciación árabe.)

¡Y con esta historia es precisamente con la que te voy a entretener, ¡oh rey afortunado! desde el momento en que tienes a bien el permitírmelo!"


Aclaración[editar]

El traductor une en este capítulo las noches 289 y 290.