Libros y Periódicos

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​El Museo Universal​
Libros y Periódicos
 de X. X. X.
LIBROS Y PERIODICOS.

Los fines y principios de año son época notable en los anales tipográficos, y no será inoportuno echar una ojeada sobre el movimiento de las prensas en este periodo, ya que no en todas las naciones civilizadas, por lo menos en Francia, de cuya actividad acostumbramos á sacar algún provecho; en Inglaterra, que sin duda es, entre nuestras vecinas, la que mas empresas acomete en punto á difusión de conocimientos útiles, y en nuestra propia patria, que hoy, con las libertades proclamadas, da señales inequívocas de animación y vida.

Entre los libros notables últimamente publicados en Francia, mencionaremos el de I. Girodeau, colección de cartas escritas á un periódico de París con el título de Nuestras costumbres politicas.

Bien triste es por cierto el estado de dichas costumbres, y aunque el autor cree que Napoleón va conduciendo á la Francia á gobernarse por si misma, no está hoy en mejores condiciones para conseguirlo que ahora treinta años.

El autor pretende mostrar que si el gobierno constitucional ha naufragado tan á menudo, no es por culpa del piloto sino de la tripulación; y de aquí la necesidad de que el pueblo tenga un buen aprendizaje, calcado en estas dos bases: verdadero interés en los negocios públicos, y respeto á las leyes. Parece esta obra una de las muchas inspiradas en los gabinetes de las Tullerías, y publicadas como de cosecha particular de un autor independiente.

César y sus contemporáneos, de S. Belorme, es un resúmen de una época de la historia romana, no hecho con el objeto de mostrar que hay semejanzas entre el César y Roma, y el Emperador y la Francia: Dios nos libre de tal pensamiento; pero tanto hablar del César entre los franceses, se hace ya algo sospechoso. Nuestros lectores pueden recordar los siguientes títulos: Tácito y su siglo, de Dubois-Guchan: La era de los Césares, de Romieu: Tiberio y la herencia de Augusto, de Beulé: La Historia Romana en Roma, de Ampere, y sobre todo La vida de Julio César, de Luis Napoleón, que parece no tener otro propósito que demostrar como hallándose la Francia en el siglo XIX en la misma situación que, Roma bajo el imperio de César, debe ser gobernada de igual manera.

El conde d'Alton-Shee, antiguo Par de Francia, ha publicado sus Memorias, que tienen algún interés por las noticias que dá respecto á hombres notables como Guizot y Berryer, y por contener la historia completa del período que se estiende desde 1826 á 1839, en que cayo el conde de Molé. Este libro ofrece también el carácter de auto-biografía, y como suele acontecer entre los franceses, contiene detalles que no habia necesidad de referir, por el poco provecho que de ellos saca la moral.

La Libertad de pensar, de Víctor Guichard, admite gustoso todas las religiones, cultos credos y opiniones, con tal que no usen de otros medios que la persuasión para la propaganda. Un libro precioso de M. P. Lacombe, con el título de Mis derechos, tiene por objeto ilustrar á los obreros y rústicos, sobre administración, leyes y política. La moral para todos, de A. Franck, pica mas alto que el anterior, y enseñando la ética condena la doctrina utilitaria. Esplica el autor la naturaleza de los deberes del hombre con respecto á sí mismo y á sus semejantes, y concluye afirmando que las leyes de la ética, traen su sanción de aquellas verdades religiosas elementales que, hasta ciertos límites, se encuentran en todas las sociedades existentes.

Interesante, es también para ciertas clases la obra de F. Ducuing intitulada La Guerra de las Montañas, en la que se pintan los grandes esfuerzos y particulares incidentes de las operaciones de Zumalacárregui, en 1834-35.

En otro capítulo importante habla el autor del sistema de colonización de Francia, que tan pobres resultados ha ofrecido en todas partes, dé lo que puede colegirse que esta nación no es á propósito para tales empresas. En efecto, Francia ha introducido en todos los puntos del globo los principios de La civilización; pero en ninguno se ven las huellas de su poder. Según el autor, depende ésto, de que los franceses son muy desinteresados en sus miras de llevar por do quiera la antorcha del progreso; lo cual se ajusta bien con aquella declaración de su actual emperador, á todas luces quijotes ca, en el buen sentido de la palabra, de que la Francia toma siempre las armas y combate por una idea.

El incansable L. Giquier, ha ofrecido en las pasadas Navidades, uno de esos volúmenes recreativos que salen de sus manos con frecuencia, con el título de Cuadros de la naturaleza. El novísimo se intitula: Los mamiferos, y tiene bellas ilustraciones.

Otra publicación de esta especie ha salido de las infatigables prensas de Hachette y compañía, que trata de las Maravillas del fondo del Mar. Y ¿cómo podemos llegará verlas? Tomad, dice, mi aparato de bucear, que consiste en un vestido, mitad cuero y mitad lana, un cajoncito á la espalda lleno de aire comprimido, y con un antifaz ó careta de cristal que protege el rostro, el curioso investigador está en disposición de aventurarse á bajar hasta la profundidad de 180 pies, y sufrir nada menos que el enorme peso de siete atmósferas. Sin bajar mas en el abismo inexplorado, encontrará hartas maravillas de formas de vida animal y vegetal con que excitar la atención de los sabios.

Con el mismo título de Maravillas, ha escrito Guillermo Depping las propias de la fuerza y de la maña, refiriendo anécdotas curiosas de héroes y atletas antiguos. Es libro de mucho recreo.

En punto á viajes, un traductor ha ofrecido en compendio los de Tomás Baines y los capitanes Speke y Grant, intitulados: Viaje por el Sudoeste del Africa, y Los orígenes del Silo.

Las Memorias del destierro, de Mad. Quinet, y Milton, su vida y sus obras, de Edmundo de Guerle, son obras que han llamado la atención en lo general; mien4ras que en ciertos círculos se lee con avidez la descripción de la campaña de 1813, contenida en el volúmen 21.° de la Correspondencia de Napoleón I. Finalmente, al doctor Montucci se debe una obra, en que condena como tiránicas las asociaciones inglesas llamadas Trade Unions, que no deja de tener importancia, después de las grandes polémicas que hubo en Inglaterra á consecuencia del strike de los sastres y zapateros, en que hubo grandes excesos y violencias por parte de las juntas directivas y socios de estas corporaciones protectoras de los industriales contra los amos y empresarios. Otro dia continuaremos hablando de Inglaterra.

X. X. X.