Los curdas: 6

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Cuadro segundo[editar]

(Perspectiva de la calle Maipú, de Cuyo hacia el norte. El vigilante entrando por la izquierda se sitúa en el centro, atento a los rumores y risas que deben sentirse a la derecha, que simulará la esquina de Luzio Hnos., invisible, es claro. La escena se desarrolla en medio de la calle. Algunos transeúntes se detienen a observarla y la comentan. Mucha animación.)


CARLOS, ADOLFO, EL ÑATO, EL TUERTO PÉREZ, PANCHO, EL GALLEGO, ERMINDA. LOLA, UN VIGILANTE, UN CICLISTA (medio alegre), los primeros, con excepción de CARLOS, que lo está del todo. Entran cantando la marcha de Aída, simulando las trompetas con los bastones. CARLOS al frente, muy desaliñado).


Carlos. -(Corre hacia la izquierda, gritando.) ¡Eh, cochero!... Auriga... Automedonte...

Erminda. -(Remedando.) ¡Auto... móvil!...

El vigilante. -(A CARLOS.) ¡Vamos a ver, mocito, si se calla un poco!

Carlos. -¡Ah, disculpe, señor comodoro! (Canta.) ¡Tran, ta ta, ta, tran!

Vigilante. -¡Que se callen la boca, he dicho, y no hablen tanto! ¿Eh? (Lo rodean todos.)

El Ñato. -(Con acento cordobés.) Vea, agente, que nosotros no hablamos, nosotros cantamos. (Risotadas.)

El vigilante. -Bueno, sigan callados, que será mejor.

Lola. -Y diga, doctor Moreno, ¿y de cuándo es esa orden?

El vigilante. -Vamos, moza, despeje usted también.

Erminda. -¿Pa qué te metés, Lola?

Carlos. -(A voces.) Oiga, agente, respete a las señoras, ¿eh? a las donnas inmóviles...

Adolfo. -Pero qué estamos macaneando; vámonos de una vez. (Tironea a CARLOS.)

El Gallego. -Sí, hombre. ¡Que no acabemos en la cacerola!...

El Tuerto Pérez. -Vámonos, vámonos. ¡Eh, cochero, no te vayás! (Se alejan cantando.)

Carlos. -(Deteniéndolos.) ¡Alto! Párense un poco, señores, que tengo que decir dos palabras a este eminente meritorio guardián del orden público. (Expectativa.)

El vigilante. -(Con tono bonachón.) ¡Pero mocito, no me comprometa!...

Carlos. -(Desasiéndose de ADOLFO, que lo tironea.) Pá... rense un poco. (Al VIGILANTE.) Mire, amigo: Dios me libre de comprometer a nadie... Dígame, ¿qué noticias tiene usted del submarino... Peral? (Alude a la barba del agente.) ¿Ninguna?... ¿Y del aperal?... Pero qué linda pera tiene usted... sin embargo, vea... yo por un buen durazno... tiro la mejor pera... (Se la tira.)

El vigilante. -(Se ríe y lo empuja suavemente.) Pero váyase, pues, que lo están esperando.

Carlos. -(A sus compañeros, que lo tironean.) Un momento. Vigilante: ¿sabe usted quién es el abate Per... osi? ¡No!... Pues esto es de él. (Canta.) ¡Tran, ta, ta, ta, tran!... (Todos se ríen y se disponen a retirarse haciéndole coro. Entra EL CICLISTA tocando timbre. Le hacen lugar, pero CARLOS engancha su bastón en la máquina y la tumba. Carcajadas, interviene el agente.)

El ciclista. -(Abalanzándose sobre CARLOS.) ¿Qué se ha pensao, compadrón?

Adolfo. -(Apartándose.) Discúlpelo, amigo. Está medio pesao...

El ciclista. -¿Y si me rompe la máquina?

Carlos. -El alma le viá romper. ¡Déjenmelo!

El Gallego. -(Al CICLISTA.) Váyase, amigo, váyase. No ve que esta noche no la vamos con peleas... (El CICLISTA se da por satisfecho y se aleja por la derecha, disponiéndose a montar. El grupo se va por la izquierda, cantando.)

El tuerto Pérez. -(Volviéndose al agente.) ¡Adiós, Armonasro!

Erminda. -(Idem.) ¡Che, chaflindai! Cuando tengás tiempo te afeitás, ¿eh? (Desaparecen.)

Carlos. -(Volviendo.) ¡Chist! ¡Chist!... ¡Agente!...

Adolfo. -(Que lo sigue.) ¡Carlos! ¡Por Dios! Vámonos. No seas porfiado. (Lo tironea.)

Lola. -(De adentro.) ¡Muchachos! ¿Qué se han quedado haciendo?

Carlos. -Váyanse ustedes, si quieren. Yo no me muevo hasta decirle otras dos palabras al agente. Aproxímese... Arrímese... per... ínclito. (El agente se acerca.) Mire: el ciclista... ese zonzo con ruedas, llevaba el farol apagado... ¡Córralo, que pueda que lo alcance!

El vigilante. -(Impaciente.) ¡Váyase, pues, amigo!

Carlos. -Sí, señor jefe, ya me voy. Pero, dígame una cosa. ¿De qué sección es usted? ¿De la segunda?... ¿Conoce al comisario?... ¿Me conoce a mí?... (Lo aparta.) Pues bueno. Dígale de mi parte... Carlos Martínez, ¿eh?, dígale que yo... (Le habla al oído.)

El vigilante. -(Indignado, asiéndolo por un brazo.) Bueno, esto se acabó. ¡Marche usted preso!

Carlos. -(Desasiéndose.) ¡Eso será si quiero! ¡Si se me antoja!

Adolfo. -(Interponiéndose.) ¿Pero qué le ha hecho?

El vigilante. -No sé... ¡Que me siga!

Carlos. -¡Le digo que no voy!... Y no me toque... no me toque que no soy trombón... ¡No me agarre, he dicho!... (Entran corriendo PANCHO, EL ÑATO, EL GALLEGO, LOLA y ERMINDA.)

Pancho. -¿Qué hay? ¿Qué pasa?

El Gallego. -¿Qué bochinche han armado?

El vigilante. (A CARLOS.) Obedezca, amigo, y marche a la comisaría.

El Ñato. -(Abalanzándose sobre el agente.) ¡No lo ha de llevar, señor! ¡No lo ha de llevar, estando yo, pues!

Vigilante. -¡Que no!... Y a usted también. ¡Marchen ya! ¿Y saben qué más?... ¡Marchen todos!...

Lola. -(Tironeándolos del saco.) ¡Sosiéguense, muchachos!...

Adolfo. -(Lo aparta. ERMINDA, LOLA y EL GALLEGO van hacia él. PANCHO separa a CARLOS.)

Erminda. -¡Escuche, agente! ¡Tenga paciencia!... ¡Déjelos!

El Gallego. -Sí, hombre, discúlpelos si le han faltao. Están muy escaviaos los muchachos. (El agente hace ademán de insistir.)

Adolfo. -(Atrayéndolo.) ¡Atienda, hombre! ¡Atienda! ¿Qué interés tiene usted en hacerlos pasar una mala noche? (Mete la mano al bolsillo.)

El vigilante. -Bueno, bueno. Pero que se vayan pronto y callados, porque ahora no más viene el cabo...

Adolfo. -Sí, pierda cuidao... Tome, agente.

El vigilante. -No, no... ¡deje no más! ¡Muchas gracias!

Adolfo. -Pa la copa, amigo...

El Gallego. -¡Bueno, esto se acabó! ¡Andiemo! ¡Andiemo! ¡Muchachos! Pero con juicio ¿eh?...

Carlos. -(Forcejeando por quedarse.) ¡Che! ¡Che! ¡Vigilante... bar... bián!... (ADOLFO y LOLA lo llevan a tirones. Suena una pitada lejana a la derecha. EL VIGILANTE se aleja por esa parte, contestándola. De la izquierda deben llegar estas voces:)

Adolfo. -¡Suban, muchachos! Tú... Carlos. ¡No, ustedes primero! ¡A la capota!... ¡Que se desfonda!

El Gallego. -¡Cochero! ¡A Palermo, por Artes! (Se alejan cantando la marcha de Aída.)


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