Los curdas: 8

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda



Escena II[editar]

CARLOS, EL ÑATO, ADOLFO, EL GALLEGO, EL TUERTO PÉREZ, ERMINDA y LOLA.


Carlos. -(Cantando.) «¡Oh, Lola, bianca come»... Adiós, López. (Al OFICIAL.) ¿Cómo estás, che?

El Oficial. -¿De dónde vienes?

Carlos. -¡Del Monsch! Fuimos allí, dejamos al cochero amurado y nos largamos a patita p'acá. ¡Calote lindo, hermanito!...

Adolfo. -(Ha reconocido a LUISA y ADELA.) ¡Che, Carlos! ¡Carlitos, vení a sentarte!

Carlos. -Voy. ¡Con permiso, muchachos!... ¿Y ustedes, qué hacen?... ¡A ver! ¡Cinco mozos a servirnos! (Golpea con estrépito.) ¡Mozoo!

Mozo 1.º -¿De qué se sirven?

Carlos. -¿Qué se toma? ¡Vamos a ver!

El Ñato. -Yo, cerveza.

Carlos. -¿Y vos, Pancho? ¿Y vos, Gallego?... Bueno, traete dos botellas de cerveza. ¿Qué estás tan callado, Tuerto? ¿No tomás nada?

El tuerto Pérez. -Sí, voy a tomar un poco de agua mineral.

Carlos. -Hungaria, mozo.

El tuerto Pérez. -¡No seas bárbaro! ¡Tráigame Nocera Umbra!

Erminda. -¿Y nosotras no somos gente?

Carlos. -Y es verdad... Licor de rosa pa las niñas.

Lola. -¡Dejate de pavadas! ¡Mozo! ¡Tráiganos Carabanchel!

Una voz. -(Adentro.) ¡Cocherooo! ¡Siete sesenta y nueve!

Otra voz. -(Idem.) ¡Allá va!

El compadre. -¡Pucha con la patota esa! ¡Meten más barullo que la sirena e «La Prensa»! Me dan ganas de hacer un desparramo a castañazos...

Curdelona 1.ª -¿Y a vos qué te importa?... ¡No te metás!...

El compadre. -¡Es que me da un estrilo!...

Luisa. -¡Vamos, Adela! ¡Me siento muy mal, muy mal!

Adela. -¡Calmate! Ahora no podemos pasar. Nos conocerían.

Luisa. -Es que no puedo aguantar más. ¡Sinvergüenza! ¡Infame! ¡De buena gana lo sacaría de una oreja de entre esa gentuza!... Díme, Adelita, ¿dónde está Carlos? ¡Al lado de las mujeres! (Pasa el atorrante alzando puchos y desaparece por la derecha.)

Adela. -¡No, tranquilízate! (Aparte.) Francamente, no sospechaba que fuera tan cretino mi novio. ¿Pues lo ha dejado emborrachar al otro?

El Oficial. -(A LÓPEZ.) Vamos a espiantar antes de que nos chapen esos.

López. -Tenés razón; pero aguardá un instante, que voy a reconocer a esas candidatas.

El Gallego. -(Como siguiendo una conversación.) ¡Qué rica cosa! Bueno... Y después Adolfo, con la tranca que tenía (protestas de ADOLFO). ¡No, no me lo vas a negar! Habías escabiao como un bárbaro. ¡Ni lamberte podías! Pues la agarró por un brazo y con la manga de riego empezó a echarle agua. (Carcajadas, siseos.)

Adolfo. -(Muy agitado.) ¡No; no lo crean!

El Gallego. -¡No me desmientas! Vean, y por causa de él fuimos esa noche a la ruleta de San Fernando, porque acabó por acomodarle a la pobre muchacha una paliza bárbara.

Carlos. -¡Mozo! ¡Un whisky! ¡Un whisky and soda! ¡Pero vos, Adolfo, no tomás nada! ¡Qué sosegao estás!

Erminda. -Estará pensando en la novia.

Pancho. -¿En cuál de ellas?

Adela. -¡Oiga!, con el noviecito que me había echado.

El Gallego. -...Y es claro; caímos a la 27 y abonamos los treinta por desorden...

Carlos. -¡Hola! ¡Hola! ¡Caballerito! ¡Te voy a hacer ajustar las cuentas con mi cuñada! (ADOLFO hace señas insistentes para que se calle.) ¡Pero qué panete estás esta noche! ¿Tenés miedo de que te oigan? (LÓPEZ se acerca a ADELA por la espalda y le habla al oído.)

Adela. -¡Insolente! ¡Desvergonzado!

López. -¡Jesús! Qué mala sos, hijita.

El compadre. -Oigalé a la criolla. (A LÓPEZ.) Y ha hecho bien, si no las va con usted, compañero...

Carlos. -¡Che! ¡Che! ¡Che! ¿Y aquellas dos tan solitas? Me las voy a traer, porque aquí estamos tres paraos y sin viaje.

Adolfo. -(Muy afligido.) ¡Carlos! ¡Carlos! ¡Por Dios! ¡Sentate! ¡Dejalas!

Carlos. -¡Pucha, que estás idiota! ¡Largame, hombre! (Forcejea y consigue desasirse, pero en ese instante se oye una bofetada. Volviéndose.) ¡Zas! ¡Castañas! (Dos curdas deben tomarse a golpes en el fondo, hacia la izquierda. Gran tumulto. Gritos, siseos. El matrimonio burgués huye a prisa, arrastrando a los chicos. LUISA y ADELA corren hacia la izquierda, pero en el instante de salir se encuentran un vigilante y el cabo y retroceden espantadas, desapareciendo por la derecha. EL GALLEGO, EL ÑATO y EL COMPADRE se han acercado al grupo. La policía lleva presos a los peleadores. Silbidos. Risas.)

Carlos. -(Volviendo regocijado.) ¡Adolfo! Si vieras qué biabazo, hermanito. Se ha ido con un ojo negro el guiso.

Erminda. -¿Y por qué fue la cosa?

Carlos. -¡Quién sabe!... ¡Por la mujer, tal vez! Pero ché... soberbio castañazo. Y bien pegado... Hizo así, ¿sabés? (Al hacer el ademán pega en el sombrero de LOLA.)

Lola. -¡Grosero! (Se desprende el sombrero.) Me lo has deshecho. Perdidas las plumas. (EL COMPADRE se levanta con las curdelonas.)

Pancho. -¡No te aflijás, hijita! Hoy está muy barata la mercancía. (Aludiendo al compadre que pasa.)

El Ñato. -¡Miren, che! ¡Se le ha ladiao una argana a ese pobre hombre!

El Gallego. -(Idem.) Es mucho una yunta para un tilbury.

El Compadre. -(Vuelve y se encara con CARLOS.) ¡Dígame! So traza e muñeco de Gatichaves! ¡Dígame!... ¡Se ha pensao que me va a pifiar!

Carlos. -(Parándose.) ¿Y quién habla con usted, amigo?...

Curdelona 1.ª -¡Vamos, che!

Curdelona 2.ª -¡No te metás! ¡No seás otario!

El Compadre. -Ya vamos... ¡Los panetes esos!... ¡Así son, caray!... Pura parada, puro calotear cocheros y no aguantan un estornudo. (EL ÑATO se yergue nervioso. LOLA y ERMINDA lo contienen.)

Adolfo. -(Suplicante.) Siga su camino, amigo, siga, que nadie lo ha llamao.

El Compadre. -¡Sí, señor me voy! Pero córtese alguno, pues... o dos... o todos, si quieren. Vayan saliendo pa fuera, no más, que nada me va a costar basurearlos uno por uno. (EL ÑATO se apodera de una botella y se abalanza. Lo sujetan.) ¡Lárguenlo, lárguenlo a ese malo, pues! ¿Por qué no lo sueltan?... ¡Hagan el favor!... Vamos a ver, ¿a qué no sale?... ¡Psch! ¡lo que digo, no más! Estos cajetillas son como el Biela: puro amagar, nomás, nunca chocan...

Carlos. -Adiós, astrónomo... (Risas.)

El Compadre. -Suelten ese taura...

Erminda. -¡Haga el favor! ¡Váyase, amigo!

El Compadre. -Sí, señor; me voy porque usted lo pide, y porque veo que están muy curdas. (Se aleja y vuelve.) Pero... ya lo saben... Si alguno me precisa... Usted, amigo, me ha dicho astrónomo... ¡Sí, señor; lo seré! Pero mire. (Mostrando los puños.) Aquí tengo un par de antiojos pa hacerle ver las estrellas! ¿Me ha comprendido? (Se va.)

El Ñato. -(Forcejea por seguirlo.) ¡Lárguenme! ¡Lárguenme, que le voy a enseñar a ese compadrón!...

Carlos. -¡Dejate de pavadas y vamos a seguir tomando! ¡Mozo! ¡Whisky!

Luisa. -(De adentro.) ¡Carlos! ¡Carlos! ¡¡Socorro!!

Carlos. -(Espantado.) ¿Eh?... ¡Qué es eso!... ¡Mi mujer!...

Luisa. -¡Carlitos! ¡Carlitos! ¡Me matan! ¡Socorro!