Los dioses de la Pampa: 17

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Los dioses de la Pampa
Capítulo XVI: Justicia criolla
 de Godofredo Daireaux



Con muchas otras deidades que emigraban a la Pampa, también se debía embarcar Temis, con su espada y su balanza. Pero cuentan que no pudo venir; y no se sabe si es que mandó en su lugar a la que hoy reina en las campañas pampeanas, con el nombre de justicia, o si se vino ésta por engaño, asegurando que entendía del oficio, o si -lo que parece más probable- ha sido producto genuino del suelo americano.

Lo cierto es que se portó tan mal que pronto, todos, y hasta sus mismos compañeros olimpianos, bien indulgentes, por cierto, vieron que nada tenía de la gran semi-diosa, nodriza de Apolo, y que ni hija, ni siquiera entenada podía ser de ella.

Usaba pesas más falsas que las del último bolichero y sólo para los débiles era temible su espada.

Interpretando siempre las leyes a favor del poderoso, se tapaba los oídos para no dejarse engañar -decía- por el derecho y la razón.

Lo peor era que se dejaba manejar por los que con el título de defensores del derecho, se hacían los intermediarios de los tráficos más viles. Y cuando no podían éstos entenderse entre sí para despedazar a las partes y repartirse los despojos, acudían a la Diosa, quien, gustosa, les alquilaba sus armas y su prestigio.

Tanto que, un día, el pueblo pidió al Creador que diese una visita por allí y limpiase la Pampa y sus pueblos de la tiranía de esa falsa Justicia que todo lo destrozaba y arruinaba, dejando impune al criminal, y castigando a las víctimas, despojando a la viuda y al huérfano para enriquecer al ave negra mansa, su favorita, sembrando el odio a las leyes, en vez de hacerlas respetar y querer; devorando a los que venían, confiados, a implorarla.

Aseguran que hasta el dios de los dioses llegó la queja de los pobres. Dicen que echó una ojeada en los pueblos de la Pampa y quedó estupefacto al ver la clase de diosa que llamaban allá justicia Criolla, juró que jamás había sido mandada por él, y, armándose de una escoba... nombró una comisión.


Capítulo XVI