México, California y Arizona: 011

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México, California y Arizona (1900) de William Henry Bishop
traducción de Wikisource
XI. Algunos hechos de Historia Peculiar, y el “Warwick” mexicano


XI.
ALGUNOS RASGOS DE LA HISTORIA PECULIAR Y EL
"WARWICK." MEXICANO
I.

PARECERÍA que la historia en México podría ser un estudio confuso; y así, de hecho, es. Ha habido cincuenta y cuatro Presidentes, un regidor y un emperador, en cincuenta y seis años y un violento cambio de Gobierno con casi cada uno.

Tomando el pequeño libro de Manuel Payno, utilizado en las escuelas, y abriéndolo al azar, encuentro—

"Pregunta.—¿Qué eventos siguieron?

"Respuesta.—Realmente se pierde la imaginación y memoria, y se confunde, entre tantos planes y pronunciamientos; "pero vamos a seguir el hilo lo mejor que podamos".

El período referido es el de la rebelión de Texas, que procedió a constituirse en "La Republica de la estrella solitaria". Mirando un poco más con interés para ver cómo esto se registra, encontramos:

"Los colonos eran norteamericanos, una parte, como hemos dicho, colonizada por Stephen Austin. Establecieron el pretexto de que no se les permitía vender sus tierras y, más tarde, que había violada la Constitución Federal; y se levantaron contra el Gobierno. Este último consideró necesario sofocar la rebelión y tomó medidas para asaltar el remoto y estéril estado.

Estas disposiciones, como todos sabemos, terminaron en la derrota y captura de Santa Anna en San Jacinto. Siempre hay una fascinación por estar detrás de la escena, y confieso que esta pequeña oportunidad de averiguar lo que se pensaba en un país que ha tenido tanto que ver con el nuestro fue uno de los atractivos de estar en México. La guerra estadounidense se registra como un intento perverso de tomar y anexar la revuelta provincia de Texas; y se encuentran igualmente buenas soluciones para las otras diversas invasiones por potencias extranjeras.

¡Qué! ¿No hay ningún derecho absoluto? ¿Están todos los combatientes peleando por sus altares y sus fuegos y resistiendo agresión injustificada? ¿Estos mexicanos aún no admitirán, aunque golpeados y aunque ya pasó a la historia, que ellos aterrorizaron nuestra frontera y oprimieron una provincia industriosa y emprendedora? ¿Por qué, entonces, quizás ambos bandos estaban equivocados; y debemos aspirar al día cuando todas esas disputas pueden resolverse mediante un arbitraje internacional.


II.

Los jóvenes mexicanos aprenden primero sobre su ascendencia Azteca, los semi-civilizados aborígenes, que construyeron ciudades y templos y estaban gobernados por el lujoso Moctezuma y el académico Netzahualcóyotl. El último, en Texcoco, componía versos y máximas estoicas como otro Marco Aurelio.

Cortés conquistó a los aztecas en 1519. Después siguió un Gobierno de casi trescientos años por sesenta y cuatro virreyes españoles. Una rebelión, de once años de duración, marcada por muchas de las características de un levantamiento servil, expulsaron a los españoles en 1821. Agarrados y desconsiderados en su administración colonial como siempre ha sido su manera, los españoles probablemente solo tenían que darse las gracias a ellos mismos por esto.

Iturbide, quien comandó la revuelta al final, se hizo el mismo emperador brevemente. Sus generales, en particular el irreprimible Santa Anna, quien aquí apareció primero, se levantó contra él y proclamó una República Federal. Santa Anna, cuando se le ofreció la oportunidad, se hizo dictador y cambió la República Federal a una República centralizada y a los Estados a departamentos. Santa Anna tuvo innumerables altibajos, habiendo obtenido el poder Supremo no menos de seis veces, con intervalos de derrocamiento y exilio.

Al tiempo la República Federal fue reconstituida, con veintisiete Estados, un territorio y un distrito federal, prácticamente en nuestro propio modelo, y que aún conserva esta forma, y es probable que siga. No hay duda acerca de la tendencia Democrática del pueblo, pero tal vez sea algo en la sangre impulsiva de la raza latina que ha impedido que los líderes conciban una República sobre el plan anglosajón. Se han inspirado casi sin excepción por un antojo del dulce poder. Su patriotismo rampante ha sido como la religión de esas personas que morirían por una causa, pero no viviría de acuerdo con el menor de sus dictados. Parece haber habido ninguna concepción hasta últimamente de ese grande patriotismo que educa a la gente en sus funciones y constituye un Estado de la sociedad donde están garantizados los derechos de todos y la gente se dedica a sus ocupaciones sin interferencias.


III.

¿Recuerdan, a propósito, que pasó con Santa Anna? El, que tan indignadamente había quitado el yugo de Iturbide, escribió una misiva de felicitación, mientras vivía en el destierro de las Indias Occidentales, a Maximiliano y trató de servir bajo él. Su ayuda fue rechazada, por lo cual volvió a Juárez, sólo para ser rechazado nuevamente. En una rabia contra ambos, equipó una expedición por su propia cuenta, llegó al país y casi le disparan, según el modelo y casi en el mismo terreno, como a Iturbide, contra quien se había pronunciado cuarenta y dos años antes. La corte marcial, sin embargo, salvó su vida, "en consideración de los antiguos servicios hechos por su país en Texas, en Tampico y Vera Cruz," y lo enviaron de nuevo, obsoleto y pobre (ya que había derrochado una amplia fortuna en este intento), para terminar sus días en destierro.

No puedo abstenerme de entrar un poco más en las preguntas y respuestas de la pequeña historia. De los generales galantes que lucharon tan por la independencia, Victoria fue el primer Presidente. Bravo se pronunció contra él y fue exiliado en América del Sur. Guerrero, derrotado como candidato a la sucesión por Pedraza, tomó las armas y lo tomó por la fuerza. Repelió, mientras que en la Oficina, un nuevo intento de los españoles por recuperar el país.

"Pregunta.— ¿Supongo que con este triunfo se estableció firmemente al Gobierno de Guerrero?

"Respuesta.— Esto se esperaba, pero pasó lo que siempre pasa en México, justo lo contrario. "

Bastamente, de hecho, que se pronuncia contra Guerrero; y cuando este último regresa a la capital después de una expedición diseñada para sofocar la revuelta, la encontró para él y a favor de Bastamente.

"Pregunta.— ¿Cómo acabo esta revolución?

"Respuesta.— El más terrible que se pueda imaginar. El Gobierno de México, sintiendo que no pudo superar Guerrero... compró, por $70.000, un genovés llamado Picaluga, que comandaba un buque anclado en el puerto de Acapulco. Picaluga invita a Guerrero a cenar a bordo y esta manifestación de hospitalidad fue aceptado de buena fe. Cuando hubieron cenado el genovés explicó a Guerrero que estaba preso y zarpó con él para el puerto de Huatulco y le entregó a sus enemigos. Este gran y buen hombre, valiente y digno del respeto y la gratitud de la nación... fue asesinado en el pueblo de Cuilapa, el 15 de febrero de 1831."

No fue sino hasta 1848, por primera vez, que la Presidencia fue transferida sin violencia y en virtud de la ley. El titular era el General Herrera, y fue sucedido pacíficamente por el General Arista. Estas dos administraciones "por siempre estarán ante de los historiadores tanto mexicanos como extranjeros," dice la historia "como modelos de honor, economía y orden.” Pero Arista fue depuesto en dos años, y en los próximos tres meses hubo cuatro Presidentes, el último de ellos Santa Anna, en uno de sus periódicos regresos.

Así la agitación de las revoluciones ha continuado hasta tiempos recientes. Un cierto Don Jose Maria Gutierrez Estrada dirigió una carta a las autoridades en 1840, proponiendo, como una medida de alivio, de que se estableciera un gobierno monárquico en México; y la idea, en el estado de distracciones de las cosas que hemos visto, no puede considerarse totalmente sin razón. Sin embargo, causó gran escándalo, pero Gutierrez Estrada firme tenazmente y, por una coincidencia muy singular, fue uno de aquellos que, veinticuatro años después, fue a Miramar a presentarle la corona imperial al archiduque Maximiliano.

Si cito una serie de tales acontecimientos del pasado no es con el fin de ser desagradable o discutir que el mismo estado de cosas permanecerá. Es en parte porque son divertidas y en parte para obtener una perspectiva más alentadora para el presente. Se verá que las administraciones posteriores, aunque no sin sus fallos, son una gran mejora a sus predecesores y no constituyen una proporción decreciente.


PORFIRIO DIAZ.


GENERAL PORFIRIO DIAZ, EX-PRESIDENTE DE MEXICO.

El General Porfirio Díaz ocupó sin ser molestado un término completo, de 1876 a 1880 y entregó el poder al General Manuel Gonzales, que lo ostenta en la actualidad con la misma seguridad. Díaz empezó el actual proceso de mejora por su liberal concesión de ferrocarriles, y Gonzales sigue su camino. Ambos deben ser considerados de haber hecho un uso muy ejemplar y prometedor de sus poderes. Pero, como ya hemos llegado a "Don Porfirio", veamos cómo entró a la Oficina en un principio. Ya que él es, por admisión general, el poder detrás del trono, el "Warwick" mexicano, el Presidente que ha sido, es y será, permítanos indagar un poco también quién era. "Su influencia en el país," dice el Monitor, "es decisiva, incontestable. Algo más que Benítez en el pasado, es no sólo el gran plebeyo, pero el hombre del presente."

Porfirio Díaz nació en Oaxaca en 1830. Su familia le destinó a la ley, pero en lugar él tomó las armas. Comenzando como soldado raso, entró en la ciudad de México como general en jefe de las fuerzas que pelearon contra los franceses. Una vez en estas guerras, fue tomado preso en Puebla, se bajó por una cuerda desde una torre e se escapó. Su carrera está tachonada con incidentes románticos, pero ¿la carrera de qué líder mexicano no es así?

La raza Latina admira el tipo militar, y "Don Porfirio", o más familiarmente "Porfirio," como la gente se deleita en llamarlo, meditó para retomar su prestigio en el campo importante. Se ofreció para la Presidencia contra Juárez, en una plataforma de no relección, en 1871. Lerdo de Tejada, juez de la Corte Suprema, estaba también como un tercer candidato. En el sistema mexicano se supone que un elector debe ser electo para cada distrito de quinientos habitantes. En la práctica real la mayor parte de los habitantes apenas saben cuando la elección se lleva a cabo, y los electores apenas se representan así mismos en los 12.361 votos del colegio electoral así constituido. Juárez recibió 5837, Díaz 3555, Lerdo 2874, y 95 se registraron como "dispersos".

"Pregunta.— Que pasó después

"Respuesta.— El General Porfirio Díaz emitió, desde su hacienda de La Noria, un manifiesto, así que lo llamó el Plan de La Noria, repudiando los poderes existentes y proponiendo conservar el mando militar hasta el establecimiento de un nuevo orden de cosas."

Una sangrienta guerra de más de un año siguió, en el que los Porfiristas fueron derrotados completamente. Díaz, amnistiado, se presentó en la capital y fue recibido afablemente por Lerdo, quien aseguró que él, por parte del Gobierno, podría vivir tranquilo sin temor de persecución o daño. "Nada," nuestro historiador exclama, en entusiasmo acerca de estos tiempos, "da una mejor idea de la constancia y elevación del carácter mexicano, una herencia de su ascendencia española, que lo que pasa en nuestras guerras civiles y extranjeras. Parece que las derrotas solo sirven de estímulo y alimento fresco para la refriega".

Bajo que posible teoría estos jefes ambiciosos siempre han hecho a sus partidarios tan dispuestos a sacrificarse por ellos, es una especulación a la que no voy a entrar. Porfirio después permaneció tranquilo hasta 1876, cuando publicó el Plan de Tuxtepec, y se levantó contra Lerdo, que había sucedido a Juárez. Capturó a Matamoros mediante un audaz golpe de estrategia; él fue capturado a bordo de un barco; y escapó de los Lerdistas saltando al mar, a través de la connivencia de un sobrecargo estadounidense, quien después fue nombrado cónsul en San Nazario. Después de una serie de tales aventuras su persistencia ganó el día, y Lerdo tomó la lucha. Lerdo "Don Sebastián" se dice que probablemente fue el Presidente la República más académico y consumado que la republica haya tenido alguna vez. Había sido maestro de escuela, sin embargo y trató de gobernar el país en el espíritu de pedagogo había estado acostumbrado. Perdió el favor, también por su falta de talento militar y huyó cuando su fortuna era de ninguna manera desesperada. La gente del país estaba fuertemente a su lado al principio, pero esta cosa singular ocurrió — que, lo encontraron incapaz de protegerlos contra las bandas errantes de revolucionarios favoreciendo a Díaz, se les unió en disgusto y salió con ellos a la capital.

Es bajo tales garantías originales que reposa la autoridad que Porfirio ha dedicado a la extensión de la ley y el orden y los beneficios de la civilización.


V.

El tema de estas observaciones no es una persona ni conversadora ni taciturna. Tiene altura de comando, un cutis de tez morena, mitad india, una figura robusta pero no pesado y de un caminar militar aunque algo indolente, todo lo cual forma parte de su atractivo. Él sabe cómo utilizar las Artes de la paz como de guerra. Tal vez cree un poco en el lema, "Déjenme hacer las canciones de una nación y no me importa quien las hace sus leyes;" para los cantantes de balada en Santa Anita, en el Canal de la Viga, hacia dónde va la población a pulular los domingos para disfrutar en el baile, pulque, tamales, y flores de los jardines flotantes, tienen muchos estribillo para alabar a Don Porfirio Di-i-i-az. Tal vez, es apenas justo, sugerir que estos están subvencionados, ya que pueden tener pura admiración de sus méritos, después de todo.

La ley mexicana prohíbe la relección, salvo después de un intervalo de cuatro años, y Porfirio Díaz fue demasiado ardiente de un periodo para poder traspasar esta prohibición con coherencia. Colocó a su amigo y compañero soldado Gonzales en la Oficina para mantener su lugar (locum tenens). Él la asumirá en la próxima legislatura, desde 1884. Después de eso —se supone que el plan esta arreglado— lo dará al General Treviño, su compañero de armas y fuerte auxiliar en sus pronunciamientos. Treviño se ha casado con la hija de un general estadounidense, Edward Ord, y se supondría que intereses estadounidenses no sufrirán en sus manos.

Porfirio es un romántico incluso en su maquiavelismo. La única fuente de la que él podría haber tenido algo que temer tal vez fue un persistente sentimiento Lerdista.


General Manuel Gonzales, President Of Mexico - Pg-143.jpg
GENERAL MANUEL GONZALES, PRESIDENTE DE MEXICO.

Esto representa, o representó, un elemento conservador, de mejor posición social que la grosera fuerza democrática en el poder. Se puso a trabajar en conciliar este sentimiento Lerdista. Ha sido capaz de tomar últimamente los medios efectivos de casarse en medio de esto, habiendo elegido para su tercera esposa, la hija del senador Romero Rubio. Romero Rubio fue aliado importante de Lerdo y su compañero en el exilio. Ahora es Presidente del Senado y el funcionario que está facultado por ley para llamar y controlar una nueva elección, en caso de una vacante en la Presidencia de la nación. Gonzales sufre una herida vieja, recibida en Puebla, y se ha considerado por algunos que Díaz podría ser llamado a la Presidencia incluso antes del límite de tiempo designado.

Ni podría él haber tenido cualquier repugnancia personal para superar esta contienda. Su habitual buena suerte le asiste. La muchacha tiene menos de veinte, consumada y un aire de raza alta. Ella será recordada por los estadounidenses como una de las más guapas de las bellas que participaron en la ronda de festividades en honor del General Grant en su última visita. Esto, también será agradable a la gente. Don Porfirio quiere que la gente esté satisfecha. Cuando el General Grant, en su primera visita al país en su gira alrededor del mundo, fue la curiosidad y el héroe de la hora, Porfirio fue su inseparable y cortes anfitrión. Una cierta semejanza se encontró entre ellos. Ambos habían sido ilustres generales, ambos Presidentes. Cuando Grant volvió una segunda vez y era menos popular, por su interés en las concesiones de ferrocarriles y una envidia que entretanto había surgido por la agresión estadounidense, Don Porfirio fue desgraciadamente obligado a estar distante, distribuyendo caridad a los que sufrían en los confines del norte de la República.

Durante mucho tiempo se ha prolongado el trabajo de conciliación. Antiguos funcionarios han sido reintegrados en el lugar; veteranos del ejército han sido contactados y ofrecidos nuevos comandos. Uno de estos últimos me dijo que Presidente Gonzales había enviado por él, después de haber espiado sobre su conducta durante algún tiempo y le pidió, en una manera campechana.

"¿Por qué sigues hablando contra el Gobierno, y pasas tu tiempo en la ociosidad tu alguna vez fuiste tan buen soldado?"

"Señor", contestó, "usted sabe mis sentimientos y la causa por la que he luchado. No puedo negar que aun los mantengo. Tomo las consecuencias. He empeñado mis valores y ropa por alimentos. Si me oxido en ociosidad es porque no tengo ninguna ocupación que hacer."

"Admiro su hombría," respondió el Presidente.

"Aquí está su nombramiento al mando de un regimiento. Su causa está muerta, como sabe y no puede ser revivida. No pido de usted servicios políticos. Pido a usted a ser como antes—un soldado."

Ni que decir que después de esto hubo al menos un Lerdista menos.

No quiero ser tomado por buscar fallas con esta astuta política de conciliación; lejos de ello. El método de martillo y tenaza ha sido tanto tiempo en boga que es un alivio delicioso. La superchería de alianzas matrimoniales y asumir modales francos y soldadescos, serán bien recibidas por todos los capitales extranjeros en el país como una gran mejora sobre cortes de garganta.

Desde grandes fincas en Oaxaca, que con una encomiable economía ha amasó mientras tanto, el Warwick Mexicano, controla los destinos de su país con la facilidad del movimiento del meñique. Se da la gana a sí mismo en el ínterin a ser gobernador y comandante de las fuerzas, de este estado en lucha. En ausencia de cualquier sistema electoral eficiente el país está bajo su dictadura absoluta; mientras que, con la aparente División de poderes, no hay manera de seguir la responsabilidad a su origen.

No es que haya el menor peligro de que alguien está tratando de hacerlo. Aparentemente hay Brutus en ambas cámaras del Congreso, oradores y poetas que han desactivado muchas diatribas y odas de libertad en los mejores modelos clásicos republicanos y franceses, pero no tienen nada que decir contra este César. No son agentes muy libres, para decir la verdad. Realmente son enviados por los gobernadores de los respectivos Estados, y estos gobernadores han sido manipulados por adelantado. Porfirio sin duda puede hacer amenazas así como promesas; y un representante sin suerte, si contento a renunciar a un lugar mejor, puede incluso perder lo que tiene. Él no puede depender de un apoyo adecuado, o bien, tenga la noción para resistir. Los "muchachos" se dan mucho a "volver" el uno al otro en la historia mexicana.

Podré ser encontrado con fallas por algunas personas, tanto si como no, por severidad indebida. Es un César benéfico, después de todo, en comparación con épocas anteriores; él ha traído algo parecido a una edad de oro; no oprime a nadie, al menos, no a los extranjeros y da estímulos a cada empresa digna.

Que así sea; y probablemente no hay Gobierno más genial que un Cesarismo de tipo benéfico, bastante establecido. Pero está también lleno de peligros. Porfirio no hace nada para educar a la nación. "En efecto," uno de sus propios diarios le dice él, "no es solo con ferrocarriles que una nación tan desorganizada como la nuestro puede reconstituirse; no solo la locomotora y el telégrafo nos puede hacer feliz. Allí debe emanar de las regiones de poder algo así como un impulso de obediencia a la ley y el respeto de las instituciones sobre el cual descansa el bienestar social y político del país."

No es probable que pronto haya graves perturbaciones. "Todos los buscadores tienen lugares," dicen algunos críticos de manera cínica "y no habrá más revoluciones. Sin embargo, un mejor dicho, es actual: "un mal gobierno es preferible a una buena revolución". Hay un cansancio de los combates. El país parece saborear el lujo poco conocido de la paz con un gusto positivo. Los ferrocarriles disminuyen las posibilidades de problemas por primera vez empleo suministrando muchos a los desempleados, que anteriormente se ocupaban en saquear y en para seguir los estandartes de los jefes insurgentes. Serán un potente motor militar para permitir al Gobierno formar fuerzas en los puntos de peligro. El miedo, también puede estar presente de la injerencia de gobiernos extranjeros, en caso que las empresas de sus ciudadanos sean amenazadas con graves daños por nuevas agitaciones.

Aun así, hay grandes abusos administrativos. El servicio civil es notoriamente corrupto. Las oportunidades para opresión mortificante están abiertas a los gobiernos, tanto federales y estatales y, más ominosos de problemas, no es posible la reparación por votación. La anomalía se presenta de una República en la que no hay ningún censo ni registro de votantes, sin escrutinio de las urnas salvo por el partido en el poder. Hay apenas un rayo de interés en la máquina política por el propio pueblo. El número de votos emitidos en las elecciones es lastimosamente pequeño, como hemos visto. No se considera útil votar. Las clases bajas no leen diarios, no tienen ningún orador público. No existe ninguna oposición organizada. La oposición que hay es puramente personal. Todas las elecciones de gobierno son personales y no una cuestión de principios. El Gobierno —del centro que influye en los Estados y estos a su vez las comunidades— sostiene y cuenta en los candidatos que le place. No existen datos para objetar ya nadie sabe el número real de votantes en un lugar determinado, ni sus nombres.

Cuando esto se entiende parece explicar casi todo lo que ha sucedido. Absolutamente no hay remedio para la dominación opresiva sólo la rebelión. Con la mejor disposición, la paciencia más completa, lo que ha sucedido en el pasado puede repetirse. Si habrá alguna habilidad política en México, ¿No podríamos esperar ver algún campeón surgir para remediar esto, instruir a las masas en sus derechos, enumerarlos y registrarlos, y asegurarles primero lo esencial de un gobierno libre—un sufragio preciso y sin restricciones?