Mano Santa: 2

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Acto único[editar]

En la habitación de conventillo habitada por CARLOS y LUISA. Puerta única al foro. Cama de fierro de dos plazas, ropero, mesa de luz, lavatorio y otros muebles hacinados casi a la derecha. La mitad izquierda, ocupada por una mesa, una cómoda con platos y cristalería, encima una máquina de coser, sillas, brasero y trebejos de cocina. En las paredes en sitio de honor, un gran retrato de Carlos Marx y diversos cromos y alegarías socialistas.


Escena I[editar]

MARÍA LUISA.


MARÍA LUISA. -(Con el pelo suelto en tren de adornarse para salir, colocando presurosa algunos platos y recipientes con comida sobre la mesa.) ¡Ay! La una ya... ¿Pero este Carlos no piensa venir? ¡Qué fastidio!... (Yendo a la puerta a veces.) ¡Chico!... ¡Torito!... ¿Querés llegar hasta el almacén a ver si está mi marido? Sí, andá... Te voy a dar un níquel. Prontito ¿eh? Si está, dile que la comida se enfría... Que hace una hora que está servida. (Volviéndose.) Y si no está que se amuele. (Ante el espejo terminando el peinado.) Lo que es yo no pierdo la consulta hoy. Ya me he costeado tres veces de balde, y todo por llegar tarde. (Buscando algo.) ¿Ahora, dónde habré dejado la peineta? ¿No digo? ¡Si todos son inconvenientes! (Impacientándose.) Pero si recién la tuve en la mano... Aquí... Aquí mismo la puse con las horquillas y el relleno. (Busca sobre la mesa, revisa la cómoda, la máquina, cada vez más irritada.) ¿No digo? ¡Si es como para perder la cabeza!... ¡Ufff!... Y Carlos que no acaba de llegar... Comerá todo frío... Pero la peineta... Después no quieren que uno se enferme... ¡Señor! ¿Hay duendes en esta casa? (Revisa de nuevo por diferentes sitios, arrojando ropas y objetos al suelo.) ¡Ufff! ¡Qué rabia! (Compungida.) ¿Ahora con qué me sujeto el pelo? ¡Vamos a ver! ¿Con qué?... Me entran ganas de romperme las mechas a puñados... y de no ir a ninguna parte. (Se lleva las manos a la cabeza, nerviosamente.) ¿No digo? Después dirán que no es cosa de rabiar. La tenía en la cabeza... Y perdiendo el tiempo... (Con un gesto violento arroja la peineta al suelo.)