Mi patria (de Eusebio Blasco)

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Obras Completas de Eusebio Blasco
Tomo I, Sección II, Veladas de Verano.
Mi patria
 de Eusebio Blasco


Nota: se ha conservado la ortografía original, excepto en el caso de la preposición á.


MI PATRIA

 
           ______

   Hay un libro cuyas hojas
no se rompen en la vida;
libro que a saber convida,
siendo ameno cuento al par.
Cuyos varios caracteres,
según es lo que nos cuentan,
con oro nos lo presentan
y no se puede borrar.

   En él los hechos gloriosos
de bizarros adalides,
y narraciones de lides
sangrientas mira el lector;
en él traiciones infames
se ven también y dobleces,
mezcladas, algunas veces,
con dulces trovas de amor.

   Caracteres indelebles
son los de ebte libro raro;
mil dudas nos pone en claro
al fijar la vista en él.
Y la tierra dó nacimos,
vemos allí, en otros años,
que nos retrata el papel.

   ¡La Historia! Aqueste es el libro
de mi admiración objeto,
obra que, lanzando un reto
a la necia Humanidad,
le presenta sus abuelos
tal como fueron un día,
y procurando a porfía
decir siempre la verdad.

Ved a Castilla otro tiempo
y a sus reyes poderosos,
cual ningunos victoriosos
dó quier que sientan el pie;
ved a Aragón con sus brazos
que, semejando leones
asombran a las naciones
por su tesón y su fe.

¡Aragón! Padre querido!
De ser tu hijo estoy ufano
el altivo castellano
aquí humilla su valor.
Cien monarcas orgullosos
doblaron aquí las frentes
ante los hijos valientes
de Jaime el Conquistador.

   Dó Lanuza tuvo asiento
los cobardes son mentira:
aquí el aire se respira
impregnado de altivez.
La rudeza existe solo
cuando suena la batalla...
en concluyendo, se calla
y afables son otra vez.

   Cuna de ilustres varones
eminentes y entendidos;
patria de hombres aguerridos
y de noble corazón.
Suelo fértil cual ninguno,
clima sano, puro ambiente,
cielo hermoso, franca gente,
son tus dotes, Aragón.

   Aquí aquellos Argensolas
en el arte se educaron,
aquí la ciencia estudiaron
los Lunas y Bardagí...
Aquí Valero la silla
apostólica mantuvo;
el gran Pignatelli tuvo
asiento también aquí.

   A sus bravos campeones
no hay poder que resista:
los nietos de Iñigo Arista
son los solos en valor.
Cada pecho una muralla
es, como ya lo han probado;
cada niño es un soldado;
cada anciano es un doctor.

   Débiles serán mis fuerzas,
Aragón, para cantarte;
más no importa, en cualquier parte
donde escuclie hablar de tí
mi único afán será solo,
recordando tus memorias,
cantar el genio y las glorias
de la cuna dó nací.