A un amigo y a unos ojos

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Obras Completas de Eusebio Blasco
Tomo I, Sección II, Veladas de Verano.
A un amigo y a unos ojos
 de Eusebio Blasco


Nota: se ha conservado la ortografía original, excepto en el caso de la preposición á.


A UN AMIGO Y A UNOS OJOS


   Díceme un mi camarada
que adora unos bellos ojos
y le mata su mirada:
soltemos la carcajada
ante tan necios antojos.
¡Que le matan! ¡Vaya un lance!
Entonces, ¿quién le ha mandado
que a la muerte se abalance?
Yo temería un percance
y me iría con cuidado.

   ¡Matar! Vamos, es cuestión
que debe tomarse a guasa;
yo me asomo a mi balcón
y recibo un alegrón
a cada muerte que pasa.

   Estoy en el mismo caso
del compadre que eso dijo:
por unos ojos me abraso
y —dicho sea de paso —
no hay dos como ellos, de fijo.

   Pero a mí no me asesinan
como al amigo en cuestión
al contrario, me fascinan,
porque en ellos se adivinan
la ternura y la pasión.

   Cuando al cielo levantando
la mirada, con sencillo
candor, los veo, gozando
la Concepción de Murillo.

   Si hacia el suelo pensativos
se dirigen algo inciertos
y se alzan después activos,
matan, es cierto, a los vivos
pero dan vida a los muertos.

   Y cuando a mí se dirigen,
ya risueños ó enojados,
como mi destino rigen,
me dan placer ó me afligen
ó me causan mil cuidados.

   Pero matarme, jamás;
me dan vida y alegría
acaeciendo además,
que siempre se vá detrás
de su mirada la mía.

   Ven acá, pues, insensato,
que sin mirar lo que dices,
te acreditas de pazguato:
vente a observarlos un rato,
quiero que los analices.

   Mas si después de mirarlos
no te retractas al punto
de tu opinión... ¡por San Carlos!
de fijo he de retratarlos
con aquel rostro en conjunto.

   Y llevados de nación
en nación y villa en villa,
confirmaré mi opinión
de que aquestos ojos son
la novena maravilla.