Motivos de Proteo: 136

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CXXXV - Cuarta voz: temor a la soledad y el desamparo. Los tres cuervos del descubrimiento de Islandia.[editar]

... Y dice otra de las voces disuasivas: -Teme la soledad; teme el desamparo. Cuando abandonas el dulce arrimo de una fe, cortas la amarra que mantenía tu nave sujeta a lo seguro de la costa, y te aventuras en el mar incierto y sin límites. Contigo van tres cuervos...

Cuentan las crónicas del descubrimiento de Islandia que, partiendo unos navegantes de Noruega a explorar el piélago que avanza, al norte, hacia los hielos eternos, llevaron tres de aquellas aves fatídicas consigo. Aún no había brújula entonces. Llegados a alta mar, los navegantes soltaron, como medio de determinar su ruta, a los tres cuervos, de los cuales uno volvió en dirección al punto de partida, quedóse el otro en el barco y se adelantó el restante con misterioso derrotero. Siguió la nave tras el último; y rasgado el secreto de las brumas boreales, la tierra nueva no tardó en destacarse de la confusa lejanía.

También contigo van tres cuervos -sigue diciendo la voz-, cuando, sin brújula, te pierdes, mar adentro, en el ponto desde cuya soledad no se divisa tierra firme de fe. Quizá vas hacia donde te guía el cuervo aventurado, y arribas, por fin, a nueva costa. Quizás temes lo no sabido de este rumbo, y le dejas, para seguir al cuervo cauto que te devuelve, en arrepentimiento, al puerto que te vio partir. Pero ¡ay! quizá también, sin acertar a ponerte en ninguno de los rumbos contrarios, permaneces en angustiosa incertidumbre, junto al cuervo que ha quedado contigo con fidelidad aciaga y sarcástica. ¿Sacrificarás tu fe a una esperanza aleatoria? El mar por donde se arriesgan los que dudan está lleno de naves inmóviles o errantes, sobre cuyo mástil más alto domina, como grímpola negra, un triste cuervo, posado en desolante quietud.


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