Neologismos y americanismos: C

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C[editar]


CABALLADA.—

Admitidos por la Academia nombres colectivos como vacada, boyada y hasta yeguada, no hay por qué excluir la voz caballada tan de preciso empleo en la milicia.- Oficial de caballada, el que en la vida de guarnición cuida de los caballos del regimiento.


CABILDANTE.—

En los libros del Cabildo de Lima, desde los tiempos de Pizarro, se llamó cabildantes a los miembros del Ayuntamiento. En las descripciones de fiestas reales, en las de autos de fe y en todos los documentos impresos de la época colonial, figuran los señores cabildantes, vocablo cuya formación nada tiene de violenta.


CABLEGRAMA.—

Telegrama trasmitido por el cable marítimo.- Lo nuevo reclama la formación de la palabra que lo exprese, aparte de que entre cablegrama y telegrama es obvia la diferencia. El primero es el despacho que se trasmite por el cable marítimo, y el segundo el que se hace por los alambres terrestres. Así cuando decimos: -he recibido cablegrama; damos, a la vez, la noticia de que nos ha llegado por vía marítima.- También se escribe en algunos periódicos kalograma, formando el vocablo de raíz griega. Indudablemente que es más español 'cablegrama', y el uso lo ha generalizado.


CABLEGRAFIAR.—

Trasmitir un despacho por el cable. La Academia ha admitido telegrafiar.


CABLEGRÁFICO, A.—

Lo relativo a la cablegrafía, voz que también debe ser admitida.


CABLEGRAFISTA.—

Admitida la palabra telegrafista, no hay por qué excluir este vocablo.


CÁBULA.—

Maña, ardid, abusión. El sentido es distinto del cábala que trae el Diccionario.


CABULISTA.—

Mañoso, supersticioso.

CACHETADA.—

Golpe que, con la mano abierta, se da en la mejilla.


CACHARPARI.—

(Del quechua) La Academia, en la última edición del Diccionario, ha admitido la voz; pero figura mal escrita. La palabra no es cachazpari sino cacharpari. Véase la comedia de Manuel Segura, el Bretón limeño, titulada El cacharpari.


CACHARPAS.—

(Del quechua) Trebejos, cosas usadas y de poco valor. No se emplea la voz en singular.


CACHUA.—

(Del quechua) Bailoteo de los indios en el Perú, Bolivia y otras repúblicas.


CACHUAR.—

Bailar cachua.


CACHIMBO.—

Palabra despreciativa con que la soldadesca ha bautizado al cívico o guardia nacional.

CACHUCHO.—

Damos este nombre a una canoa o pequeña embarcación, generalmente usada por los pescadores. La Academia la llama cachucha.


CAMAL.—

Lo que en España se conoce por Rastro o Matadero de reses. Aunque el Diccionario trae el vocablo no considera esta acepción.


CAMALERO, A.—

El empleado en el camal y el negociante en ganado para el matadero.

CAMARETA.—

Especie de petardo que queman los indios en las fiestas.

CAMARETAZO.—

Explosión de la camareta.


CANCHA.—

(Del quechua) Maíz tostado y no habas tostadas, como dice el Diccionario.- También llamamos cancha al local en que se lidian gallos y al destinado para carreras hípicas.


CANCHÓN.—

Corral grande o espacio cercado que sirve para depósito de metales, posada de peones o de desahogo en los cuarteles.


CANDELEJÓN, A.—

Persona tonta, cándida.


CANDELEJONADA.—

Tontería, insulsez, necedad.


CANGALLERO.—

Ladrón de metales en las minas, vendedor de objetos por poco precio.


CANTIMPLORA.—

En los ejércitos sud-americanos es una prenda de equipo, por lo regular de hoja de lata, que sirve al soldado para llevar consigo, en las marchas, un litro de agua o de aguardiente. La palabra está en el Léxico; pero falta esta acepción.


CAPITULEAR.—

Formar capítulo, intrigar o conquistar votos para una elección. La Academia llama a esto cabildear.


CAPITULERO.—

El individuo que se ocupa en intrigar o buscar votos. La Academia lo llama cabildero.


CARACHA.—

La sarna.

CARACHOSO, A.—

Persona que tiene sarna.

CARÁTULA.—

La Academia no trae la única acepción que, para los americanos, tiene esta voz. La aplicamos a la primera página en que esta el título de un libro.


CARNAVALESCO, A.—

Lo propio o digno del carnaval.


CARICATURAR.—

Hacer una caricatura.


CARICATURISTA.—

El que hace caricaturas.

¡CARAY!—

Interjección tan generalizada como el ¡caramba! que trae el Léxico.

CARIMBA.—

Marca que, con hierro encendido, ponían los amos a los criados. En dos reales cédulas del siglo pasado, prohibitorias de la carimba, se encuentra la palabra.

CARIMBAR.— Marcar a los esclavos.

CASTICIDAD.—

Tanto monta decir lo castizo de la frase como escribir la casticidad del estilo.


CAUDILLAJE.— A

propósito de esta palabra dice Juan de Arona: «Los españoles no han tenido necesidad de las voces caudillaje, coloniaje, ni esclavatura, por que no han tenido en casa, en forma especial o histórica, un sistema de gobierno colonial que dura tres siglos; ni una dotación o encomienda de negros esclavos; ni, por último, una plaga de caudillos y caudillejos». El Diccionario trae sólo el sustantivo caudillo.- Cuando los caudillos organizan un sistema, como sucedió en la Argentina durante la tiranía de Rosas, entonces está en su apogeo el caudillaje o gobierno de tiranuelos.


CAUDILLAJO.—

Caudillo de poco más o menos.

CENOBIARCA.—

El superior de los cenobitas.

CIGARRERÍA.—

La tienda destinada a la venta de cigarros. En España, donde el Estado acapara el tabaco, se llama estanco a lo que nosotros cigarrería.

CLAUSURAR.—

Entre las acepciones del sustantivo clausura trae ésta el Diccionario: «Acto solemne con el que se terminan las deliberaciones de un Congreso, etc.».- No hay república de América en la que no se clausuren los Tribunales de justicia, el Congreso y el año Universitario. Por clausurar entendemos poner término a una serie de sesiones o juntas oficiales. Quizá nos ha parecido a los republicanos algo chavacano el verbo cerrar, tratándose de corporaciones tan respetables, y hemos da do existencia al verbo clausurar, cuya formación, pues viene del claudere latino, no riñe con la índole del idioma. En cambio, luce en el Diccionario un verbo clausurar (cerrar un periodo o poner fin a lo que se estaba diciendo) que ni pizca de falta hace en el lenguaje, pues rarísimo será el escritor que haya tenido oportunidad para usarlo. El verbo clausurar es (dice el quisquilloso Baralt, y perdóneme mi amigo Castelar que tan opuesto se manifestó a la admisión de tal verbo) necesario y propio, y hay que adoptarle. En las dieciséis repúblicas de América lo conjugamos por activa y por pasiva.


COALICIONISTA.—

Partidario de la coalición. He aquí una palabrita que, en los años de 1894 y 1895, hemos estado pronunciando cada cinco minutos los peruanos, sin habernos cuidado de buscarla en el Diccionario. Los politiqueros puristas se caerán de espaldas con la noticia que les doy de que el coalicionista no ha entrado en el reino de la Real Academia.

COALIGADO, A.—

El caudillo, partido o rama de partido que entra en la coalición.


COBADERA.—

Lote de terreno del que se extrae guano para la agricultura.


COCACHO.—

Golpe que se da con el puño en la cabeza.- Fréjol cocacho, el fríjol que conserva alguna dureza por mal cocido.


COCADA.—

Dulce que se hace de cocos.- También llamamos cocada a los cuadritos que, en heráldica, se conocen con el nombre de escaques.


COCAÍNA.—

Poderoso anestésico extraído de la coca.


COCAVÍ.—

(Del quechua) Pequeña provisión de víveres, principalmente de coca, que hacen los indios para un viaje. Dar el cocaví es dar dinero a un individuo, cuando se le manda en comisión lejos del pueblo, para que compre lo que necesite para mantenerse durante el viaje.

COCHAYUYO.— (Del quechua) Cierta alga marina muy usada en la cocina americana.

CODEAR.—

Falta en el Diccionario la acepción que le damos en América: comprometer a una persona para que nos haga un regalo.


CODEO.—

El codeo se codea con lo que, en España, llaman sablazo.


COLECTIVIDAD.—

Admitida individualidad no hay por qué rechazar a la colectividad, o conjunto de individualidades.

COLONIAJE.—

No siempre la voz colonial tiene el alcance de ésta. Por coloniaje entendemos todo un sistema de gobierno, mientras que el adjetivo colonial lo empleamos sólo como calificativo.


COMUNA.—

Falta la acepción, hoy tan generalizada, de Municipio.

CONCIENZUDO, A.—

La persona que no procede de ligero, sino después de estudiar reposadamente un asunto.

CONCHO.—

(Del quechua) Restos, heces, sedimento. Beber hasta el concho es como beber hasta verte, Cristo mío, o como al diablo dejarlo en seco.

CONFIANZUDO, A.—

El que abusa de la confianza para tomarse libertades.


COTÍN.—

Tela a la que el Diccionario da el nombre de cotí.


CORONTA.—

(Del quechua) El corazón del choclo.


COSTEO.—

Burlarse de una persona. Por ampliación se dice costeársela de o con fulano.


COTO.—

(Del quechua) Un grueso tumor o bulto que se desarrolla en el pescuezo. Hay, en América, pueblos donde la mayoría de los vecinos tiene esta deformidad. La voz está en el Diccionario, pero no trae la acepción que apuntamos.

COTUDO, A.—

La persona que tiene coto.


CORONELATO.—

Así llamamos al empleo de coronel, como generalato al de general. La Academia exige que se diga coronelía.


CRIOLLADA.—

Acción propia de criollos.


CRIOLLISMO.—

Disposición para acriollarse. Menéndez Pelayo ha usado la voz en su Antología.


CUBILETEAR.—

Intrigar, maromear.


CUBILETERO, A.—

Intrigante, maromero.

CUECA.—

Baile popular. Véase Zamacueca.


CUÍ.—

(Su plural cuyes) Un conejo originario del Perú.- Parir como una cuí, ser muy fecunda.


CUERDA.—

La zurra de látigos que se aplica a alguno.

CÚMPLASE.—

Fórmula republicana sin la cual no tienen vigor las leyes dictadas por el Congreso. La frase oficial es poner el cúmplase.

CUNDA.—

Persona alegre, ingeniosa, traviesa, jaranista.

CUNDERÍA.—

Asociación de mozos cundas.

CURACA.—

Cacique, potentado o gobernador de un pueblo. La voz la han empleado historiadores de Indias.

CURCUNCHO.—

(Del quechua) Jorobado, torcido.




Neologismos y americanismos de Ricardo Palma

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