Neologismos y americanismos: P

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda



P[editar]


PACO.—

(Del quechua) La enfermedad a que la ciencia da el nombre de afta, enfermedad que, generalmente, sufren los niños en lactancia.- En algunas repúblicas se llama paco al gendarme.- Paco-vicuña, animal que se encuentra en las regiones más frígidas del Perú y de Bolivia, y cuya lana es muy estimada para tejidos.


PAJONAL.—

Terreno en que abunda la paja.


PALANGANA.—

Pedante, fanfarrón. Estas acepciones no las trae el Léxico.


PALANGANADA.—

Pedantería, fanfarronada.


PALANGANEAR.—

Alardear de saber lo que se ignora, o de poseer cualidades de que se carece.


PANCA.—

(Del quechua) La hoja amarilla que envuelve la mazorca de maíz y que, entre otros usos, se emplea en lugar de papel, para los cigarrillos llamados de panca.


PANOFOBIA.—

Estado del ánimo en que predominan la melancolía y el terror.


PANEGIRIZAR.—

Verbo de frecuente uso en nuestra oratoria sagrada. Juan de Arona no lo considera como neologismo, pues el padre Isla lo empleó en el capítulo IX de su Fray Gerundio. Admitido está el verbo historiar, y de historiar a panegirizar (hacer el elogio o panegírico) no hay gran trecho de camino. Si el padre Isla en materia de lenguaje, es autoridad reconocida y recomendada por la misma Academia, no hay motivo para tildar de malos hablistas a los americanos que, en el púlpito, panegirizan.


PANTORRILLA.—

Tener pantorrilla es fincar presunción en algo, y conquistarse fama de cándido.- Acariciar la pantorrilla de fulano, es halagar su vanidad.- Tener muy gorda la pantorrilla, es ser tonto de capirote.


PANTORRILLUDO, A.—

Presumido, cándido. Tanto este vocablo como el anterior no tienen, en el Diccionario, la acepción que, en América, les damos.


PAMPERO.—

Huracán de las pampas. El Diccionario llama pampero sólo al abitante de las pampas. El poeta Zorrilla ha usado la voz en la acepción que aquí le damos, y que es la generalizada.


PAPORRETA.—

Hablar de paporreta es locución que aplicamos a los que hablan de corrido, con la elocuencia del chorro de agua, y con poca o ninguna conciencia de lo que dicen.


PATRIOTERÍA.—

Exageración ridícula de amor a la patria.


PATRIOTERISMO.—

Lo mismo que patriotería.


PATRIOTERO, A.—

Decimos artículo patriotero, manifestación patriotera, y hasta fulano es un patriota muy patriotero. Excusamos la definición.


PATULECO, A.—

La Academia trae patojo, voz que no usamos en América.


PAQUETE.— A

las acepciones de la Academia añadimos la de llamar paquete, al que viste con lujo un tanto cursi.- Ponerse paquete, es vestir la ropa dominguera.


PARADOJAL.—

Lo altamente paradójico.


PAVIMENTAR.—

Hacer el pavimento de un edificio, calle, etc.


PAVIMENTACIÓN.—

Lo mismo que pavimento en acepción más lata.


PEDIMANO.—

Cuadrúpedo que, en los pies de atrás, tiene el pulgar separado, lo que le permite servirse de aquéllos como si fueran manos.


PECHUGA.—

Exceso de confianza. Esta acepción falta en el Léxico. Decir ¡qué pechuga! equivale a ¡qué llaneza! ¡qué confianza!


PECHUGÓN, A.—

Persona confianzuda, de poca delicadeza.


PEPA.—

El hueso de algunas frutas como la palta, el mango, el melocotón, etc. La Academia trae sólo pepita.


PERICOTE.—

Ratón americano más pequeño que la rata.


PERSONALIDAD.—

Cuando decimos, escribe Amunátegui Reyes, que fulano es una personalidad queremos significar que es sujeto de prestigio e influencia. La Academia no trae esta acepción admitida por D. Víctor Salaguer, en su libro Añoranzas.


PERSONERÍA.—

En los tribunales americanos no hay personalidad jurídica sino personería. El Diccionario no trae esta acepción.


PETROLERO, A.—

Este vocablo nació con los excesos de la Comuna, en Francia, y nadie rehúye pronunciarlo o escribirlo, pues la voz incendiario no tiene por completo la significación de petrolero.


PICAFLOR.—

Especie de colibrí o pajarito originario de América. En todas las repúblicas se le conoce con este nombre.


PICASENA.—

Enojo, disgusto, desazón, retraimiento.


PIRCA.—

(Del quechua) Pared hecha sin argamasa. Este americanismo lo trae Salvá.


PISCO.—

La tinajuela de barro en que el productor vende el aguardiente.


PISCOLABIS.—

Echar un piscolabis es beberse una copa de aguardiente de Pisco, provincia del Perú que produce un delicioso aguardiente de uva.


PITAR.—

Fumar pitillos o cigarrillos.


PIQUE.—

En pocas repúblicas se llama nigua al pique.


PIQUÍN.—

El novio, el galancete de una joven.


PLANAZO.—

En el sentido de cintarazo, voz no usada en América.


PLANCHADO, A.—

Estar planchado es no tener ni un centavo en el bolsillo. Falta en el Diccionario esta locución americana.


PLATUDO, A.—

El rico de pueblo.


PLEBISCITARIO, A.—

Lo que se refiere al plebiscito. En las democracias no se puede hablar ni escribir prescindiendo de este adjetivo. A cada paso tropezamos con las actas plebiscitarias o el mandato plebiscitario.


PRECIOSURA.—

Distinguimos entre preciosura y preciosidad, que es la palabra del Léxico. Una madre, en América, nunca llama a su hijo preciosidad sino preciosura. Solo tratándose de objetos que tienen precio metálico decimos preciosidad.


PRESTIGIOSO, A.—

La Academia sólo acepta este adjetivo en la acepción de prestigiador o jugador de cubiletes, y no en la de persona influyente, notable, distinguida que goza de gran prestigio.- Gobernante prestigioso, caudillo prestigioso y autoridad prestigiosa, son locuciones de consumo diario en América. Y a propósito, ¿por qué no se habrá dado lugarcito en el Diccionario al sustantivo desprestigio ni al verbo desprestigiar, voces muy castizas y de constante empleo?


PRESUPUESTAR.—

Formar presupuesto. Desde ha medio siglo está la Academia haciendo de este verbo cuestión batallona, y el tal verbo erre que erre obstinado en vivir. Lo que es, en América, tiene ya carta de ciudadanía expedida por los indoctos y refrendada por los doctos. El verbo presuponer, en América, lo usamos sólo en la acepción de dar por cierta, notoria y constante una cosa para pasar a tratar de otra; pero no encarna ni despierta en el espíritu la idea de numeración o de cifras, como quiere la Academia, la que estima el vocablo presuposición como sinónimo de presupuesto. Gracioso sería que un ministro purista, apoyándose en la autoridad de la Academia, nos saliera con Presuposición de gastos del Ministerio de Guerra, pongo por caso. Tendencia natural de todo idioma es la de enriquecer su vocabulario. El léxico inglés, por ejemplo, en el primer cuarto de nuestro siglo, era muy poquita cosa, y hoy es verdaderamente numeroso en vocablos y acepciones. Pero la Real Academia, por mucho limpiar y mucho fijar, está haciendo del habla castellana una lengua pobre, casi litúrgica. No creo que la intransigencia sistemática dé esplendor al idioma. Con sobra de razón dijo uno de mis compañeros en la Correspondiente de Lima, hojeando un ejemplar de la duodécima edición del Diccionario, que el léxico español se parece a las camisas de algodón. Mientras más se lavan, más se encojen.


POLICÍACO.—

El agente subalterno de la policía. La voz es despreciativa.


POLITIQUEAR.—

Manía de hablar de política entre los de escaleras abajo.


POLITIQUERÍA.—

Véase politiquear.


POLITIQUERO, A.—

Persona que politiquea.


POLIPÉTALO.—

Flor que tiene muchos pétalos.


POTRERO.—

Terreno cercado y sembrado, regularmente de poca extensión.


PRIVADOR, A.—

Persona que, con facilidad, cambia de predilección en sus amigos.


PUCHO.—

(Del quechua) Lo que, en España, se llama colilla o punta de cigarro. En América nadie arroja la colilla sino el pucho.- No vale un pucho, locución despreciativa tan generalizada como esta otra: -Me importa un pucho.


PUCHUELA.—

Cosa de poca importancia, obsequio de pequeño valor.


PUNA.—

(Del quechua) Dase este nombre a las altiplanicies más frígidas de los Andes.


PUQUIO.—

(Del quechua) Fuente natural de agua muy cristalina, y que llega a formar un estanque o pozo poco profundo.




Neologismos y americanismos de Ricardo Palma

I - II - III - IV - V - VI - VII
A - B - C - CH - D - E - F - G - H - I - J - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - Y - Z
Apéndice