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Biblioteca del Congreso Nacional de Chile — 17

nuevos formatos, organizando y conservando el material manuscrito e impreso, por imperativo de Dios y la razón clásica griega, que fueron los poderosos conceptos detrás del pensamiento escolástico medieval. Papas y emperadores así lo entendieron y la cultura engrandeció al libro, como fuente del conocimiento recuperado e iluminado por la fe. Y las bibliotecas concentraron esa misión, adaptando su quehacer y organización a la nueva producción masiva del texto impreso.

6. Poema épico La Araucana de Alonso de Ercilla. Segunda edición, de la primera parte, 1574. Propiedad de la Biblioteca del Congreso.

Durante el Renacimiento, las bibliotecas europeas aumentaron en número y en sus colecciones, al disponer en forma más rápida de material impreso. La renovación en las ideas, las ciencias y las artes, tuvo en el libro impreso una expedita vía de difusión, transformándolo en soporte indispensable para el tránsito de conocimientos entre diversas culturas. En esa coyuntura, las bibliotecas articularon las nuevas inquietudes y necesidades de un continente que salía a descubrir el mundo sistematizando y organizando el saber pretérito y proyectándolo junto a quienes miraban hacia el otro lado del océano.

Páginas del Nuevo Mundo.

La imprenta llegó a América del Sur a través del impresor Antonio Ricardo quien, luego de obtener un permiso especial de la Real Audiencia de Lima, publicó en 1584 la Pragmática de los diez días del año, primera obra impresa en estas latitudes. Sin embargo, hasta la emancipación de Hispanoamérica, no hubo facilidad para imprimir textos, salvo, hacia el siglo XVII, en las instalaciones de México y Guatemala. Y, en el siglo siguiente, las ciudades que tuvieron dicho privilegio fueron pocas, entre ellas La Habana, Bogotá y Buenos Aires. En el caso de Chile, el primer impreso data de 1776: Modo de ganar el jubileo santo, aunque la imprenta oficialmente fue introducida recién en 1812. Las bibliotecas de América fueron formadas por congregaciones religiosas, y la primera de aquellas fue fundada en México por el franciscano Juan de Zumárraga, en la primera mitad del siglo XVI.(8)

La Corona española impidió la llegada de impresos desde Europa, salvo lo que tuviera estricta relación con la administración y con la religión christiana e de virtud. Sin embargo, como señalaba el antiguo aforismo local se