Esta página ha sido validada
44
¡Sacrificio!
Esta tenía un vivo agradecimiento por el joven y viéndose comprendida, sintió el cariñoso respeto de su amigo, entregándose confiadamente á un sentimiento en el cual nada había de culpable.
El cariño que los dos jóvenes se

profesaban no tardó en ser pasto de la maledicencia, y una noche Pedro oyó en la taberna, entre aquel nauseabundo ambiente de humo y vino, en medio de las maldiciones escapadas de los balbucientes labios de los beodos y los descarados chistes de las mujerzuelas, el nombre de su espo-