Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/22

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qué? Porque el jóven llevaba siempre consigo un poco de alegria, algunas palabras de consuelo para los dos infelices ancianos, cuya existencia hubiera sido un martirio insoportable sin el amor de un ángel: Manuela, y la amistad de un hombre: Ernesto.

—¿Y por qué mas? ¡Quién sabe!

— Gonzalez ama á Manuela, decia algunas veces Eugenia á su esposo.

— Por qué lo supones? preguntaba él.

— Porque nunca la mira.

— Estás loca!

— No; esa es la verdad. No la mira porque teme, que sus ojos digan lo que ocultan sus lábios. De vez en cuando fija en ella la vista, pero inmediatamente la separa. Su modo de conducirse es afectado. La quiere, no tengas la menor duda.

No se engañaba, ya lo hemos dicho.

— Y ella? preguntó un dia D. Miguel.

— Creo que no deja de amarlo un poco.

— Cómo lo sabes?

— Esta mañana la dije que Ernesto la queria. Ella se turbó. Ya ves que hay razon para sospechar.