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la ciudad encantada de los césares

huelguapi, i que arrastrado por su piedad i el deseo de conocer las ciudades descritas por los peregrinos, pagó su curiosidad i su celo con la vida.

Debemos agregar aquí que desde la llegada de los dos españoles a Penco en 1567, comenzó a darse por la jeneralidad de la jente, a las ciudades de las lagunas, el nombre de los Césares, porque decian que Sebastian de Arguello i sus soldados pertenecian al ejército i armada de Cárlos V, llamado por su omnipotencia «el César;» i como eran esos sus súbditos, debian ser conocidos con aquel nombre pintoresco i grandioso, que ha contribuido no poco a revestir de prestijio esta leyenda americana. Añadíase tambien al título de aquella ciudad, el de encantada, no solo por los prodijios que de ella se contaban, sino por estar a orillas de lagunas maravillosamente hermosas: ¿i cuál laguna en Chile no ha tenido o no tiene todavía encantos, desde Cahuil a Quintero, desde Ilicura a la Laguna Negra?

Naturalmente la ciudad encantada de los Césares, al decir de sus dos prófugos vecinos, poseia suntuosos templos, innumerables calles, palacio de gobierno, fortificaciones, torres i puentes levadizos en las islas de los lagos; que a todo daba lugar la fácil riqueza de la tierra, el buen temple del clima, la