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la ciudad encantada de los césares

cubrimiento de los Cesares el tema de sus memoriales, que por cierto no aliviarian la dijestion del laborioso ministro de Cárlos III.

Mas, para hacer posible i hasta llana i aceptable su porfía, ocurrió el viejo Orejuela a un artificio injenioso i verdaderamente maquiavélico, que al fin mas sabe el diablo por viejo que por diablo, «mas discurre un hambriento que cien letrados».

Como Pedro de Oviedo habia filiado los Césares al naufrajio de Sebastian de Arguello, i como el capitan Pinuer trazó su oríjen hasta los pobladores del antiguo Osorno, así, encontrándose la España, nuestra amada madre patria, en continuas guerras con la Inglaterra, que habia sido su eterna madrastra desde la «Gran Armada» empeñóse, el capitán Orejuela en hacer creer al ministro Galvez i a todo el mundo que aquellas ciudades encantadas que nadie habia podido descubrir, no eran ni de náufragos, ni de españoles, ni de viracochas, ni siquiera eran Césares, sino... ingleses.

El ardid no podia ser mejor urdido, i aunque los datos que aducia Orejuela para justificarlo formaban tipo a fuerza de ser grotescos, bastaba que se tratara de ingleses para preocupar a la corona de Castilla.