Página:Calzadilla Beldades de mi tiempo.djvu/214

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida
216
LAS BELDADES DE MI TIEMPO

nocer la música. Y todas sus discipulas recordaban la cancion del Ramito que él les enseñó Y usted ha olvidado otro negro maestro de canto cuyo nombre no recuerdo, de quien cuenta Palemon Huergo, que en aquellos tiempos en que nadie cantaba en francés, él pescó de no sé donde una romanza cuya letra empezaba: Je te revois — Pero como el negro no entendía de reglas de pronunciación y seguia las de aquel del cuento del espiritual Lucio Mansilla de que tutes les letres son faítes, pur etres prononsés, y esto con pronunciacion castellana se lanzaba no mas a cantar, y abriendo tamaña... boca, -decia a gritos sin cuidarse de tono ni de nada. ¡Jete revoi! ¡Qué tiempos alquellos! Ahora al negro le tirarian con papas. ¡Y qué inocencia! Lo que usted nos cuenta del traje mujeril adoptado por la autora de sus dias para mandarlo a la escuela, pinta lo que eran los muchachos de entonces! ¿No sera debido a la influencia de su primera educación, ese culto, que usted profesa por la belleza de la mujer? ¿De modo que si usted no se hubiera despertado seguiria siendo un santo? Seria de aconsejar a las madres adoptar el traje de mujer para los niños varones hasta la edad de 13 años, sin olvidar "el sombrerito de paja de Italia adornado con una pluma colorada" que, según usted dice, la sentaba muy bien. Adelante, amigo mío, en la obra empezada. Siga obsequiandonos con otros capitulos de su libro, y si algunos datos puedo suminirstrarle, dirijase a: Una de cuarenta y ocho (a oro).


Y OBES


De la siguiente carta doy traslado al señor Calzadilla. En ella se refuta una aseveración hecha por este señor en el capitulo VII de su eminente libro, que esta siendo el plato preferido en nuestros circulos sociales. El sabra defender la verdad de sus aseveraciones-. "Mi amigo Argos: Aqui donde tú me ves, que si me veras, a pesar de la distancia dado que tantos ojos tienes, de tan intenso mirar que no hay detalle que te escape, - aqui donde to me ves, sobreviviente de aquella generación casi extinguida a la que pertenecieron los Esnaola y los Alberdi, — aqui, digo, en este mi gabinete de lectura, donde te leo dia a dia, he leido hoy un capitulo del libro de mi coctaneo Santiago Calzadilla, que exhuma de entre ese gran sepulcro del pasado, tipos, costumbres, fisonomias de varios, anécdotas interesantes -