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CAPÍTULO VII


Era la tarde y la hora
En que el sol la cresta, dora,
De los Andes: el Desierto.
Inconmesurable ..., abierto
Y misterios a sus pies.

ECHEVARRÍA


Al continuar este asunto en otro capitulo, no he podido resistir a la tentación de intercalar la estrofa de nuestro inolvidable Echeverria. Quién que haya visto y contemplado la puesta del sol al fin de la cordillera no admiraré tan bellisima estrofa!... Es el cuadro natural perfecto, tal cual lo hemos contemplado en éxtasis tantas y tan repetidas veces. ¡Cómo no han de inspirarse con su vista los poetas!

Nosotros, cabalgando en nuestros pingos, sa1iamos al despuntar la aurora repitiendo la popular estrofa de Godoy, que hablando a su vez de la pampa argentina dice:

Qué bello es en la llanura
El despertar de la aurora,
Cuando con su lumbre pura,
La sábana, de verdura
El sol refulgente dora!