Página:Camana pedagogia social.djvu/93

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hombre llegan a la universidad capaces de gobernarse y de conducirse debidamente, si es que lo van a ser, después en la vida. Y no hurtarán el tiempo al estudio para dedicarlo al "flirteo", desertando de las aulas y poblando corredores y pasillos, si el medio ambiente no los favorece en forma de complicidad por parte de la dirección y de los profesores ganosos de conservar — aunque sólo sea en "firmas" en los registros diarios — el número de alumnos necesario para la existencia de la cátedra.

Entre alumnos jóvenes, la diferencia de las cualidades sexuales equilibra, armoniza, recíprocamente, los temperamentos y los caracteres. Del mutuo y familiar trato nace el compañerismo, la estima, la amistad. Que el cariño emerja a veces como consecuencia natural... ¡Pero si ése es el ideal! ¿Educamos, acaso, a nuestra juventud para monjas o para cenobitas?

Comprobado está que el amor, si nace, se desarrolla más tarde, como una consecuencia, la más facunda, quizá, de la coeducación. Mientras esta ejerce su influencia docente, el sentimiento predominante es la rivalidad intelectual, la critica, la admiración, muchas veces, el deseo de conocerse mutuamente, de apreciarse como condiscípulos, como caracteres, como voluntades.

En estas condiciones el único peligro intersexual desaparece: Ante la realidad so borran esas creaciones imaginativas, ese peligroso encanto de lo desconocido, de lo lejano, de lo idealizado.