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IV
INVIERNO.


A Alberto Herrera.


La nevasca envolvió las formas yertas
de la Naturaleza adormecida,
y el Invierno con mano enflaquecida
de la blanca estación abre las puertas.

En las desnudas ramas de las huertas
el ave pliega el ala entumecida,
y circulan perfumes que dan vida
—¡almas errantes de las flores muertas!—
 
Así yace mi espíritu sombrío:
lo cubrieron de escarcha los dolores,
y se estremece ante el rigor del frío....

¡Y qué importa! Al soñar idos amores,
los recuerdos, cual ráfagas de Estío,
traenle efluvios de sus muertas flores.