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 Yo tengo una experiencia que vale mucho. Yo soy amigo de Cuba. Soy amigo, desde hace diez años, de Fidel Castro; fuí amigo del Comandante Ernesto Che Guevara. El me regaló el segundo ejemplar de su libro "Guerra de Guerrillas" (el primero se lo dió a Fidel). Yo estaba en Cuba cuando salió, y en la dedicatoria que me escribió dice lo siguiente: "A Salvador Allende, que por otros medios trata de obtener lo mismo".

 Si el Comandante Guevara firmaba una dedicatoria así, es porque era un hombre de espíritu amplio que comprendía que cada pueblo tiene su propia realidad; que no hay receta para hacer revoluciones. Y por lo demás, los teóricos del marxismo —y yo declaro que soy tan sólo un aprendiz, pero no niego que soy marxista—, también trazan con claridad los caminos que pueden recorrerse en cada sociedad, en cada país.

 De allí entonces, que es útil que la juventud, y sobre todo la juventud universitaria, que no puede pasar por la universidad al margen de los problemas de su pueblo, entienda que no puede hacerse del balbuceo doctrinario la enseñanza doctrinaria; que el denso pensamiento de los teóricos de las corrientes sociológicas o económicas, requiere un serio estudio; que si es cierto que no hay acción revolucionaria sin teoría revolucionaria, no puede haber aplicación voluntaria, ni interpretación de la teoría de acuerdo a lo que la juventud o el joven quieran; que hay que mirar lo que pasa dentro del propio país y más allá de sus fronteras, y comprender que hay realidades que deben meditadas y analizadas.

 Cuando algunos grupos en mi Patria, un poco más allá de la Unidad Popular, en donde hay compañeros jóvenes en cuya lealtad revolucionaria creo, pero en cuya concepción de la realidad no creo, hablan, por ejemplo, de que en mi país debería hacerse lo mismo que se ha hecho en otros países que alcanzaron el socialismo, yo les he hecho esta pregunta en voz alta: ¿Por qué la República Popular China, poderoso país, extraordinariamente poderoso país, ha tenido que tolerar la realidad de que Taiwan esté en