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cap.
darwin: viaje del «beagle»

tiempo; de modo que me preparé para una corta excursión en esta parte de Banda Oriental. Todo lo que he dicho sobre el país inmediato a Maldonado es aplicable a Montevideo; pero el terreno, con la única excepción del Monte Verde, que se eleva a 135 metros, de donde toma ese nombre, es mucho más horizontal. Una parte muy pequeña de las herbosas llanuras ondulantes está cerrada; pero cerca de la ciudad hay unos cuantos taludes que hacen las veces de setos y se hallan cubiertos de pita, cactus e hinojo.


14 de noviembre.—Salimos de Montevideo después de mediodía. Mi intento era encaminarme a Colonia del Sacramento, situada en la ribera norte del Plata, frente a Buenos Aires; después, subir por Uruguay hasta la aldea de Mercedes, en el río Negro (uno de los muchos ríos de este nombre en Sudamérica), y desde este punto regresar directamente a Montevideo. Dormí en la casa de mi guía, en Canelones. Por la mañana madrugamos, con la esperanza de poder avanzar un largo trecho a caballo; pero nuestro proyecto fracasó porque todos los ríos se habían desbordado. Tuvimos que pasar en bote las corrientes de Canelones, Santa Lucía y San José, y esto nos llevó mucho tiempo. En una excursión anterior crucé el Lucía cerca de su desembocadura, y rae sorprendió observar la facilidad con que nuestros caballos, aunque no acostumbrados a nadar, cruzaban una anchura de cerca de 600 metros. Hablando de esto en Montevideo me dijeron que en cierta ocasión naufragó en el Plata un barco donde iban unos titiriteros con los caballos en que hacían sus habilidades de circo, y uno de los caballos nadó siete millas, hasta la orilla. Durante el día me entretuve en ver la destreza con que un gaucho obligaba a un caballo recalcitrante a nadar en un río. Se desnudó y, plantándose de un salto a caballo, entró en el agua hasta que su montura perdió tierra,