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banda oriental y patagonia

rra de Pedro Flaco, a unos 32 kilómetros río Negro arriba. Casi todo el país está cubierto de una buena hierba, aunque basta, cuya altura alcanzaba al vientre de un caballo; mas a pesar de ello había leguas cuadradas sin una sola cabeza de ganado vacuno. La región de Banda Oriental, si estuviera bien poblada de ganado, podría sostener un número asombroso de animales; al presente la exportación anual de pieles desde Montevideo se eleva a 300.000, siendo muy considerable el consumo del interior, por lo que se desperdicia. Un estanciero me dijo que a menudo había tenido que enviar numerosos rebaños de vacas a una fábrica de salazón de carnes situada a gran distancia, y que frecuentemente era necesario matar y desollar las reses cansadas, pero que nunca había logrado persuadir a los gauchos a comer de ellas, siendo indispensable sacrificar cada noche una nueva res para la cena. La vista del río Negro desde la sierra era más pintoresca que ninguna otra de las que contemplé en esta provincia. El río, ancho, profundo y rápido, retorcía su corriente al pie de un alto acantilado rocoso; una franja de bosques seguía la dirección de su curso, y el horizonte se terminaba en las lejanas ondulaciones de la llanura de césped.

Estando en esos sitios, varias veces oí hablar de la sierra de las Cuentas, montañas que distan muchas millas hacia el Norte. Me aseguraron que se encuentran muchas piedrecitas redondas de varios colores, cada una de las cuales tiene un pequeño orificio cilíndrico. Antiguamente los indios tenían costumbre de cogerlas para hacer collares y brazaletes, afición (observaré de paso) que es común a todos los pueblos salvajes, así como a los más civilizados. No sé qué pensar de esto, pero al citarle esta historia, en el cabo de Buena Esperanza, al Dr. Andrés Smith, me refirió a la vez que había recogido, con ocasión de explorar la costa sureste de Africa, a 100 millas al este del río de