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banda oriental y patagonia

y el guanaco, entre el Toxodon y el Capybara; el parentesco, más estrecho aún, entre muchos Desdentados extintos y los vivientes perezosos, hormigueros y armadillos, hoy tan eminentemente característicos de la zoología sudamericana, y las afinidades, mucho más acentuadas que las anteriores, entre las especies, fósiles y vivientes, del Ctenomys e Hydrochœrus, constituyen los hechos más interesantes. Todas esas relaciones se patentizan maravillosamente—tan maravillosamente como las que existen entre los marsupiales de Australia, fósiles y extintos—en la gran colección últimamente llevada a Europa, de las cuevas del Brasil, por los señores Lund [1] y Clausen. En dicha colección se cuentan especies extintas de todos los 32 géneros, excepto cuatro, de los cuadrúpedos terrestres que ahora habitan las comarcas donde se hallan las cuevas, y las especies extintas son mucho más numerosas que las vivientes de hoy; hay hormigueros, armadillos, tapires, pecaríes, guanacos, zarigüeyas, junto con numerosos roedores, monos y otros animales sudamericanos, todos fósiles. Esta admirable relación, en el mismo continente, entre las especies muertas y las vivas ha de arrojar de aquí en adelante—no lo dudo—más luz sobre el aspecto exterior de los seres orgánicos en nuestro planeta y sobre su desaparición que cualquiera otra clase de hechos.

Es imposible reflexionar sobre el cambio que se ha realizado en el continente americano sin sentir el más profundo asombro. En remotas épocas, América debe de haber sido un hervidero de grandes monstruos; ahora no hallamos mas que pigmeos, cuando se los compara con las razas afines que los han precedido.


  1. En la caverna de Lagoa Santa (Minas Geraes). Puede leerse el trabajo de Lund (P. W.) «Forstatte Bemaerkninger over Brasiliensudödde Dyrskabning». Kjöbenhaun Dansk. Vid. Selsk. Afh. IX, págs. 121-136, 1842.—Nota de la edic. española.