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banda oriental y patagonia

pladas y árticas en ambos hemisferios. Por Mr. Lyell sabemos positivamente que en Norteamérica vivieron grandes cuadrúpedos con posterioridad al período en que los cantos erráticos fueron transportados a latitudes donde ahora no llegan nunca los icebergs; podemos tener por cierto, por razones concluyentes, aunque indirectas, que en el hemisferio meridional el Macrauchenia también vivió mucho después del período del transporte glaciar de cantos erráticos. ¿Es que el hombre, después de su incursión primera en Sudamérica destruyó, como se ha sugerido, el indómito y pesado Megatherium y los otros Desdentados? Al menos, debemos buscar otra causa por lo que se refiere a la destrucción del pequeño tucutuco en Bahía Blanca y de muchos ratones fósiles y otros pequeños cuadrúpedos en el Brasil. A nadie le pasará por las mientes que una sequía, aun suponiéndola mucho más terrible que las causantes de estos estragos en las provincias de La Plata, sea capaz de destruir todos los individuos de las diversas especies desde la Patagonia meridional hasta el estrecho de Behring. Y ¿qué diremos de la extinción del caballo? ¿Es que faltaron pastos en las llanuras, recorridas de entonces acá por millares y cientos de millares de caballos descendientes de los introducidos por los españoles? ¿Acaso las especies introducidas posteriormente consumirían los alimentos de las grandes razas anteriores? ¿Podemos creer que el Capybara se apropió la comida del Toxodon, el guanaco la del Macrauchenia, y los pequeños desdentados existentes la de sus numerosos prototipos gigantescos? Ciertamente, en la larga historia del mundo no hay un hecho tan sorprendente como el de los amplios y repetidos exterminios de sus habitantes.

Sin embargo, si consideramos el asunto desde otro punto de vista se nos presentará menos enigmático. Olvidamos a menudo la profunda ignorancia en que