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cap.
darwin: viaje del «beagle»

estamos acerca de las condiciones de existencia de cada animal, y dejamos de tener presente que ciertos obstáculos impiden constantemente la multiplicación demasiado rápida de todos los seres orgánicos que viven en estado de naturaleza, es decir, abandonados a sí propios. La cantidad de alimento, de ordinario, permanece constante; sin embargo, todos los animales propenden a aumentar en progresión geométrica; y los sorprendentes efectos de este hecho en ninguna parte se han manifestado de una manera más asombrosa que en el caso de los animales europeos abandonados al estado salvaje durante las últimas pocas centurias en América. Todo animal en estado de naturaleza procrea de una manera regular; pero en una especie establecida por largo tiempo todo gran crecimiento en número es evidentemente imposible, y debe ser reprimido por algunos medios. Sin embargo, rara vez podemos decir en qué período de vida o en qué período del año, o si solamente en largos intervalos, deja actuar el obstáculo que limita su multiplicación, y tampoco sabemos definir cuál sea la naturaleza precisa de este obstáculo. De aquí nace probablemente que apenas nos llame la atención el hecho de escasear una o dos especies muy afines por sus hábitos, mientras abundan otras en la misma comarca; y tampoco sabemos conceder bastante atención a la circunstancia de abundar una especie en una región, y otra, que ocupa el mismo lugar en la economía de la naturaleza, sea abundante en un distrito próximo que difiere muy poco en sus condiciones. Si se nos pregunta la causa de ello, respondemos inmediatamente que está determinada por alguna diferencia de matiz en el clima, alimentación o número de enemigos; y, no obstante, ¡cuán pocas veces estamos en condiciones de puntualizar la causa precisa y modo de actuar el obstáculo limitador del desarrollo! Por tanto, nos vemos forzados a concluir que ciertas causas, gene-