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cap.
darwin: viaje del «beagle»

la posición de estos salvajes y comprender sus acciones. El fueguino de referencia probablemente no concebía la posibilidad de que pudiera producirse junto a su oido un choque estruendoso como el del arma de fuego. Quizá no distinguió si había sido una detonación o un golpe, y por eso se rascó la cabeza, como la cosa más natural. Análogamente, cuando un salvaje ve la señal hecha por una bala, seguramente no comprenderá desde el primer momento cómo se ha verificado el hecho, porque la idea de un cuerpo invisible a causa de su velocidad es para él totalmente inconcebible. Además, la extraordinaria fuerza de un proyectil, que penetra una substancia dura sin desgarrarla, podría sugerir al salvaje la convicción de que no existe tal fuerza. Realmente, creo que muchos salvajes de los más degradados, tales como estos de Tierra del Fuego, han visto heridos, y hasta pequeños animales muertos por balas de fusil sin enterarse del poder mortífero de semejante arma.


22 de enero.—Después de pasar una noche tranquila en territorio al parecer neutral, entre la tribu de Jemmy y la gente que vimos ayer, proseguimos agradablemente nuestra navegación. Nada mejor que estas zonas intermedias pone de manifiesto la hostilidad en que viven las diferentes tribus. Jemmy Button conocía perfectamente la fuerza con que contábamos; pero, así no se mostró muy ganoso de desembarcar entre las tribus enemigas más próximas a la suya. Muchas veces nos refirió cómo los salvajes que él llamaba Oens [1], «cuando la hoja enrojecía», esto es, en la otoñada, cruzaban las montañas desde la costa oriental de Tierra del Fuego y hacían incursiones en las comarcas habitadas por los naturales de esta parte del país. Era curiosísimo observarle cuando hablaba de


  1. Se refiere a la tribu Onas. Véase nota de la pág. 306.